La DinastÍa (libro I. Vidas Cruzadas)

Antes de la boda

A la mañana siguiente del desdichado incidente con la Condesa de Montebello, Dylan despertó sintiéndose aun muy mal, pero siendo que no había muerto como había penado que ocurriría, decidió que debía estar siendo víctima de alguna enfermedad desconocida. El día anterior cuando había llegado a su casa, se había ido derecho a darse un largo baño, luego de lo cual se tiró en su cama y no despertó hasta que ya el sol estaba poniéndose. Su estómago aun le molestaba y decidió no forzar las cosas, de modo que solo tomó algo de té y prácticamente enseguida volvió a dormirse. El mayordomo le había informado que el Conde Cagliari había ido a verlo en la mañana y en la tarde, y aunque sintió el enorme deseo de romperle la cara a Luciano, eso también había tenido que esperar.

Esa mañana después de su habitual cabalgata matutina, misma que le había costado bastante y de no ser porque él era muy terco, tal vez habría suspendido antes, ya que no solo seguía sintiendo un dolor general que no podía localizar en un solo lugar, sino que pensó incluso en hacer venir a un médico, porque si bien era una fresca mañana primaveral, él sintió mucho frío y pensó que tenía fiebre, así que regresó, se aseó y una vez vestido apropiadamente,  bajó a desayunar. Sin embargo, y aunque ya llevaba mucho tiempo sin comer, nada pareció despertar su apetito, de modo que pensó que tal vez su estómago no estaba del todo recuperado y esto reforzó su idea de estar padeciendo alguna enfermedad.

Estaba abriendo su correspondencia cuando le fue anunciada la presencia de Luciano, y Dylan pensó que definitivamente aquel individuo le tenía poco aprecio a su cabeza.

  • Buongiorno  --  lo saludó alegremente el recién llegado
  • Realmente eres muy desvergonzado, Luciano Franceschi  --  le dijo
  • Aunque básicamente estoy de acuerdo contigo  --  dijo mientras se sentaba en el extremo más alejado de la mesa y cogía unas uvas  --  ¿Por qué lo estás diciendo?
  • ¿Cómo que por qué, imbécil?  --  preguntó Dylan  --  Para empezar no sé en qué horroroso lío me vi involucrado seguramente por tu causa, y luego vas y me dejas al dudoso cuidado de tu hermana.
  • Aclaremos, en primer lugar, el horroroso lío lo provocaste tú y no yo  --  dijo para asombro de Dylan  --  en cuanto a lo segundo, me pareció que necesitabas cuidados especiales y podemos decir muchas cosas de Emiliana, pero se desvive por brindártelos.
  • Estabas perfectamente al tanto de mi decisión de no…
  • Vamos Dylan, has dicho lo mismo siempre e igualmente siempre terminas volviendo. Yo en tu lugar estaría más preocupado por la ira de cierto Duque cuya esposa no es nada discreta, y cuya poca prudencia estuvo a punto de costarte tu orgullosa cabeza.

Repentinamente Dylan había recordado a la criatura en cuestión, y se maldijo en todos los tonos, pero como eso ya no tenía remedio, se preparó para enfrentarse al furioso marido.

  • Descuida  --  dijo Luciano interpretando correctamente sus pensamientos  --  ese asunto está resuelto
  • ¿Cómo que está resuelto?
  • Ya me encargué de eso, pero no es necesario que me lo agradezcas  --  le dijo con sonrisa maligna
  • Luciano, me acabas de decir que tenía que preocuparme…
  • Ya hombre  --  lo interrumpió  --  solo quise fastidiarte.
  • Pues ciertamente lo hiciste y mucho, pero no por eso, casi asesino a tu hermana  --  y Luciano rio  --  No le veo la gracia, cretino
  • Dylan, convengo en que Emiliana puede llegar a ser irritante, pero estoy seguro que se aplicó mucho para hacerte sentir mejor – dijo poniéndose de pie, porque aquel individuo era sumamente inquieto, pero siguió prudentemente alejado de Dylan, lo que demostraba también, que no era estúpido
  • Y te equivocas estúpidamente, porque a menos que consideres una buena cosa que haya intentado envenenarme, no veo…
  • No digas necedades hombre, Emiliana no…  --  pero se detuvo y lo miró en forma crítica  --  ¿Por qué piensas que intentó envenenarte?
  • Porque estoy bastante seguro en primer lugar, de no haber bebido tanto como para despertar sintiéndome como me sentía, y el hecho de que recuerde lo sucedido, aunque haya tardado en hacerlo, lo prueba. Y segundo, porque ayer pasé el peor de los días, mi cabeza parecía a punto de reventar, y mi estómago ha rechazado prácticamente todo alimento, eso sin contar con el dolor en todo el cuerpo que ahora estoy seguro obedecía al mismo asunto, porque no fui lo suficientemente golpeado como para justificar semejante malestar.

Luciano, que en principio se había sentado en el extremo opuesto al que se sentaba Dylan, y luego había estado de pie junto a la ventana, mientras él hablaba se había ido acercando, pero Dylan notó que su expresión había cambiado en forma radical, lo que llevó a Dylan a sacar rápidas conclusiones y a confirmar sus sospechas de que Emiliana le había dado algo que no era té precisamente. Pero se sorprendió cuando su amigo repentinamente anunció que se marchaba.

  • ¡Ey!  --  lo detuvo  --  Si estás pensando ir a reprenderla, ya no vale la pena, me conformo con que no me vuelvas a prestar el dudoso servicio de dejarme a su cuidado.
  • No, pero tengo otros asuntos que atender  --  le dijo y Dylan casi se echa a reír, porque desde que lo conocía, si había algo que no tenía el Conde Cagliari, era algo qué hacer  --  Vendré en la noche y…
  • Pues ni te molestes, salgo en la tarde para Francia y…
  • ¡No!  --  exclamó Luciano para mayor asombro de Dylan
  • ¿Disculpa?
  • ¿Qué vas a hacer a Francia?  --  preguntó recuperando su tono normal, pero de forma completamente innecesaria, porque sabía la respuesta
  • La boda de Kendall es en unos días  --  le dijo mirándolo aun con extrañeza
  • Pero tú no quieres ir a esa ceremonia
  • Yo nunca dije que no quisiera ir
  • No es necesario, te conozco lo suficiente y no precisaba escuchártelo decir.
  • Aunque así fuese, no puedo faltar
  • Dylan, tu padre murió hace relativamente poco, estoy seguro que nadie te criticaría por…
  • No se trata de que me critiquen o no, Luciano, tú eres mi amigo y te aprecio mucho, pero Kendall es como mi hermano y simplemente no puedo hacerle eso.




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