La clase de Historia del Arte Contemporáneo comenzaba a las nueve,
demasiado temprano para un día en el que el cuerpo de Lily aún protestaba por el ensayo de ayer.
El aula era grande, con luz fría y mesas largas donde los estudiantes se acomodaban como podían.
Lily eligió un sitio cerca de la ventana.
El profesor ya estaba preparando las diapositivas, hablando solo como si ensayara mentalmente su propia conferencia.
Ella abrió su cuaderno de dibujo.
No para hacer una obra maestra,
solo para calmar la mente.
Trazos sueltos.
Nada concreto.
Una curva que parecía una espalda.
Una sombra que podía ser un giro.
Una línea que recordaba un compás.
Dibujar le permitía existir sin tener que perfeccionar nada.
Era su pequeño refugio silencioso.
La clase estaba casi llena cuando alguien entró deprisa,
con el pelo rizado recogido en un moño mal hecho
y un cuaderno manchado de pintura bajo el brazo.
Se disculpó en voz baja
y empezó a buscar sitio.
Las únicas sillas libres estaban al fondo
o justo al lado de Lily.
La chica miró ambos lugares.
Eligió a Lily.
Se deslizó hasta la mesa, dejó su cuaderno y sonrió con una calidez que no parecía forzada.
—¿Te importa? —susurró.
—No —respondió Lily, un poco sorprendida por la energía suave de la recién llegada.
La chica sacó un bolígrafo verde, una botella pequeña de té frío
y desenrolló la manga del jersey para acomodarse.
El profesor empezó a hablar sobre movimientos artísticos del siglo XX,
mientras Lily hacía trazos distraídos en el margen.
La chica a su lado echó un vistazo discreto.
Después de unos segundos, murmuró:
—Tienes buena mano.
Lily parpadeó, sacada de sus pensamientos.
—¿Para qué? —preguntó, como si no entendiera a qué se refería.
La chica inclinó un poco la cabeza, estudiando el dibujo.
Sus ojos parecían ver más de lo que Lily estaba dispuesta a mostrar.
—Para sentir —dijo simplemente.
Lily se quedó quieta.
No era un cumplido típico.
No era una observación técnica.
Era… otra cosa.
—No es gran cosa —respondió, bajando la voz.
—No tiene que serlo —dijo la chica—. A veces las líneas saben más que nosotras.
Una frase rara.
Poética.
Pero no sonaba pretenciosa.
Sonaba honesta.
Lily volvió al dibujo,
pero ya no lo veía igual.
Había algo expuesto ahí que no sabía que estaba mostrando.
A mitad de la clase, el profesor proyectó cuadros expresionistas que hablaban de emoción, gesto y movimiento.
Lily tomó apuntes.
La chica a su lado también, pero de vez en cuando hacía pequeños bocetos rápidos, casi impulsivos, como si captara lo que el cuadro quería decir más que lo que mostraba.
En un momento, Lily desvió la mirada.
El boceto de la chica era un cuerpo en tensión,
muy parecido al movimiento que ella había intentado ayer.
La chica se dio cuenta de que Lily lo miraba.
—Me gusta dibujar lo que vibra —dijo con naturalidad.
Lily solo asintió.
La chica añadió:
—Soy Nina, por cierto.
La forma en que lo dijo era tan liviana que parecía una invitación sin presión.
—Lily —respondió ella, casi sin pensarlo.
—Ya había oído tu nombre —dijo Nina, mientras anotaba algo—. Las de danza sois como leyendas urbanas por aquí.
Lily frunció suavemente una ceja.
Nina sonrió.
—No lo digo por presión. Lo digo porque hacéis magia sin abrir la boca.
Lily no supo qué contestar.
No estaba acostumbrada a que alguien la mirara sin evaluarla,
sin esperar nada.
Nina volvió a mirar el dibujo del cuaderno de Lily.
—Ese trazo de ahí —dijo, señalando una curva con la punta del bolígrafo—.
¿Es un giro o un pensamiento?
Lily tardó unos segundos en responder.
Ella misma no sabía qué había dibujado.
—No lo sé —admitió.
Nina sonrió, satisfecha como si esa fuera la mejor respuesta posible.
—Entonces es arte.
Cuando la clase terminó, los alumnos salieron arrastrando mochilas y bostezos.
Nina guardó sus cosas sin prisa.
—Nos vemos —dijo, como si ya supiera que volverían a coincidir.
Lily asintió.
Nina se fue con paso ligero, dejando un aire cálido a su alrededor,
como si su presencia hubiera coloreado la sala sin usar ninguna pintura.
Lily cerró el cuaderno.
En la página, la curva que había dibujado ya no parecía un simple trazo.
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Editado: 01.01.2026