El conservatorio tenía una luz pálida esa mañana, como si el invierno hubiera decidido quedarse pegado a los cristales.
Charlie había llegado aún más temprano que de costumbre, no para ensayar, sino porque Leo insistía en que iban a “grabar la demo definitiva para su futuro imperio musical”.
Pero Charlie no estaba pensando en Leo.
No del todo.
Estaba sentado frente al piano del aula 3, las manos descansando sobre las teclas sin presionarlas, como si el instrumento respirara con él.
Había algo inquieto en su pecho, como si el día estuviera esperando ocurrir.
La puerta se abrió sin ruido.
Lily asomó la cabeza.
—¿Puedo…? —preguntó.
Charlie levantó la vista.
Ella estaba con el moño alto, sin maquillaje, una sudadera clara y una bolsa colgando del hombro.
Tenía ese brillo en los ojos que solo aparece cuando alguien ha dormido bien… o cuando alguien está en paz por primera vez en días.
—Claro —dijo él, apartándose un poco del banco del piano—.
Pasa.
Ella entró despacio, con la misma delicadeza con la que se entra a una habitación donde alguien está componiendo.
Dejó la bolsa en el suelo, se sentó a su lado en el banco, pero no demasiado cerca.
Solo lo justo para que él sintiera el calor de su cuerpo sin tocarla.
—¿Qué tocabas? —preguntó.
—Nada todavía.
Estoy… pensando.
—¿En la música o en algo más?
Charlie se quedó quieto un segundo.
Esa pregunta venía de un lugar nuevo.
Más directo.
Más cercano.
—En las dos cosas —admitió.
Ella lo miró con una calma que él no recordaba haber visto nunca en nadie.
—¿Puedo escuchar lo que sea que estés pensando… en música? —preguntó ella.
Charlie respiró hondo.
Puso los dedos sobre las teclas.
Y tocó.
No era la melodía L.
No al menos en su forma pura.
Era una variación más suave, más íntima, más… tímida.
Como si estuviera probando decir algo sin decirlo.
Lily cerró los ojos.
Respiró con la música.
Se movió apenas, como si el pulso del piano le marcara una coreografía secreta.
Cuando él terminó, ella abrió los ojos despacio.
Había algo cálido ahí.
Algo que no estaba la semana pasada.
—Es… suave —susurró—.
Como si estuviera diciendo algo bonito, pero bajito.
Charlie sintió un golpe en el pecho.
—¿Y qué crees que dice?
Lily lo observó.
Lo observó de verdad.
—Que no quieres ir demasiado rápido —respondió—.
Pero tampoco quieres quedarte quieto.
Charlie inhaló.
Ella había dado en el centro sin esfuerzo.
—¿Y eso está mal? —preguntó él.
Lily negó.
Lento.
—No —susurró—.
Creo que es perfecto.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue… íntimo.
Como si compartieran una manta invisible hecha de las palabras que no estaban diciendo.
Cuando comenzó la clase de danza, el ambiente parecía distinto.
Lily estaba concentrada, como siempre, pero Charlie notaba pequeños detalles nuevos:
la forma en que ella buscaba su mirada antes de empezar una diagonal,
cómo ajustaba la respiración cuando él marcaba un tempo,
cómo sus movimientos parecían menos rígidos, más fluidos, más libres.
Hubo un momento, durante un ejercicio en parejas, en el que Lily tropezó ligeramente en un giro.
Nada grave.
Pero Charlie lo vio desde el piano.
Y su cuerpo reaccionó antes que su cabeza, levantándose un poco del banco.
Ella recuperó el equilibrio sola, pero cuando sus ojos buscaron los de él,
había algo ahí.
Algo como:
te he visto
estoy bien
pero gracias por querer moverte hacia mí
Él se volvió a sentar, pero su corazón tardó en entenderlo.
Al final de la clase, los demás salieron rápido.
Lily se quedó guardando sus cosas.
Charlie tardó un poco más a propósito, ajustando el metrónomo sin necesidad real.
Cuando se quedaron solos, ella se acercó al piano.
—Hoy estabas… atento —dijo ella, suave.
—Siempre estoy atento —respondió él.
Lily bajó la mirada y se mordió un poco el labio.
Un gesto mínimo, pero devastador.
—Charlie —murmuró, y su voz tembló apenas—.
¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras.
Ella alzó la vista.
Era una mirada directa.
No de duda, sino de decisión.
—¿Por qué… me miras así?
A veces.
Como si…
como si estuvieras sintiendo algo que yo no sé si entiendo.
Charlie sintió que todas las notas que había tocado ese día se le acumulaban en la garganta.
Pero respondió.
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Editado: 01.01.2026