La tarde estaba cayendo sobre Nueva York con ese tono azul oscuro que lo vuelve todo más silencioso.
Los pasillos del conservatorio, tan ruidosos durante el día, estaban casi desiertos.
El eco de un par de estudiantes que recogían mochilas resonaba a lo lejos, pero poco más.
Charlie caminaba despacio, sin mirar realmente a dónde iba.
Tenía la mente llena.
De música, sí, pero también de ella.
Desde la noche anterior, desde ese casi-beso detenido por un suspiro, llevaba el pecho demasiado tenso, como si algo dentro no terminara de colocarse.
Había intentado concentrarse en un arreglo durante la mañana, pero cada acorde le recordaba la respiración de Lily tan cerca de la suya.
Y no lo admitía en voz alta, pero estaba buscándola.
Aunque fuera sin querer.
Aunque fuera para convencerse de que podía caminar por el edificio sin que el corazón se le acelerara como un adolescente.
Al doblar la esquina hacia el pasillo de danza, lo oyó.
La música.
Su música.
Exactamente la pista que había compuesto para ella.
El golpe seco de un latido le sacudió el pecho.
La puerta del estudio 5 estaba entreabierta.
Y desde dentro salía luz cálida.
Charlie se detuvo, apoyó la mano en el marco.
Respiró una vez, hondo.
Y abrió un poco la puerta.
El mundo se detuvo.
Lily estaba en mitad de la sala,
bailando con una intensidad que casi lo derribó.
Pero no era la misma que la del día anterior.
Hoy había algo más consciente en cada movimiento.
Cada giro, cada extensión, cada caída suave de su muñeca tenía una intención que él no había visto antes.
Era… carnal.
No sexual, no explícito.
Pero viva.
De piel.
El top negro le marcaba la línea de la espalda.
Las mallas ajustadas se movían con cada contracción del músculo.
Un mechón suelto le caía sobre la mejilla.
El sudor brillaba en su clavícula.
Y su respiración…
su respiración seguía el ritmo de su canción como si su cuerpo la entendiera mejor que él mismo.
Charlie sintió cómo un calor seco le subía por el estómago.
Joder.
Cómo se suponía que debía resistir algo así.
Ella giró.
Lo vio.
Pero esta vez no se detuvo.
Lo sostuvo en el espejo.
Y siguió bailando.
Para él.
Claramente para él.
Él cerró la puerta sin hacer ruido, casi por instinto.
No quería interrumpir, pero tampoco quería escapar.
Ella giró de nuevo, y su mirada se cruzó con la suya.
Un segundo demasiado largo.
Demasiado íntimo.
Charlie tragó saliva.
No debería estar mirándola así.
No debería permitir que esas ideas le cruzaran la mente.
No debería imaginar qué pasaría si cruzaba el estudio y la tomaba por la cintura…
Pero su cuerpo ardía igual.
La música subió, suave.
Ella alzó los brazos y su torso se arqueó hacia atrás de una forma tan delicada y tan intensa que él tuvo que apoyar una mano en la pared para no perder el aire.
Cuando la canción terminó, Lily dejó caer los brazos, jadeando.
El pecho subía y bajaba rápido, como si toda la sala respirara con ella.
Charlie dio un paso adelante sin decidirlo.
Solo uno.
Pero fue suficiente para que ella lo sintiera.
Lily giró despacio hacia él.
La piel brillante.
Las mejillas encendidas.
Los labios entreabiertos por el esfuerzo.
—Pensé que ya se había ido todo el mundo —dijo ella, con la voz suave pero temblante.
—Lo hice —respondió él—.
Pero… pasó esto.
Ella bajó la mirada un instante, como si no supiera dónde colocar las emociones que le cruzaban el rostro.
—No sabía si querías… volver a escucharla —susurró ella.
Charlie rió por la nariz, apenas.
—No estoy seguro de haber sobrevivido a escucharte antes.
Y tú…
—se obligó a mirarla—
tú bailando así…
es demasiado.
Lily lo miró como si no supiera si debía acercarse o huir.
—¿Demasiado qué? —preguntó.
Él tragó saliva.
—Demasiado hermoso.
Demasiado real.
Demasiado… tú.
El aire entre ambos cambió.
Se volvió más denso.
Más cálido.
Más peligroso.
Ella dio un paso.
Él otro.
Las respiraciones se encontraron primero.
Luego los ojos.
Charlie no sabía si era la luz tenue, el sudor en su piel, el cabello desordenado o el hecho irrefutable de que estaba enamorándose más rápido de lo que podía manejar…
pero estaba seguro de algo:
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Editado: 01.01.2026