La mañana siguiente tenía un brillo extraño, como si el día estuviera a la defensiva.
El conservatorio bullía como siempre: estudiantes corriendo de aula en aula, risas en los pasillos, puertas cerrándose de golpe, ecos de música filtrándose desde cada sala.
Pero para Charlie, todo eso estaba amortiguado, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo.
Sólo escuchaba una cosa.
O, más bien… una persona.
Lily.
No la había visto desde la noche del estudio.
Ni desde que dejó aquella nota en su cuaderno.
Y aunque quería verla, hablarle, escucharla, tocarle la mano siquiera…
también le daba miedo.
Porque ¿qué se supone que viene después de un beso que lo cambia todo?
Él no tenía la respuesta.
Pero sabía que no podía seguir evitándola.
Respiró hondo antes de girar el pasillo que llevaba a la sala de danza.
Entonces la vio.
Lily estaba allí, apoyada contra la pared, con el cabello recogido de cualquier manera, como si hubiera salido corriendo de un ensayo.
Tenía los auriculares puestos, pero no escuchaba nada.
Miraba al suelo, perdida.
Cuando levantó la vista y lo vio, se quitó los cascos tan rápido que casi se le cayeron.
—Charlie…
El nombre salió suave, contenido, pero cargado.
Él se detuvo frente a ella.
Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos.
La distancia exacta que no resolvía nada.
—Te estaba buscando —dijo él.
Ella tragó saliva.
—Yo también quería hablar contigo.
Eso bastó para que su corazón se acelerara.
Se apartaron un poco del pasillo para no quedar expuestos.
El eco de la gente alrededor hacía más íntimo el pequeño hueco donde se refugiaron.
Lily respiró hondo.
—No sé muy bien por dónde empezar —admitió, sin mirarlo directamente.
Charlie pasó una mano por su nuca, nervioso.
—Yo tampoco.
Silencio.
Un silencio que no pesaba…
pero sí ardía.
Ella rompió primero.
—Lo de ayer en el estudio… —Su voz se quebró apenas—. No sé qué fue eso.
Charlie la miró fijamente.
—Yo sí.
Ella levantó la cabeza de golpe, sorprendida.
—Fue real —dijo él—. Y eso es lo que me asusta un poco.
Lily apretó los labios.
Se abrazó los brazos, como si necesitara protegerse del mundo.
O de sí misma.
—Bailar tu melodía me removió más de lo que esperaba —confesó—. No sé si estoy lista para sentir tanto y tan rápido.
Charlie dio un paso pequeño, apenas un gesto, pero suficiente para acortar la distancia.
—No quiero presionarte —dijo, sincero—. Ni empujarte a nada que no quieras.
Pero tampoco quiero hacer como si nada estuviera pasando.
Ella cerró los ojos un instante.
Él continuó:
—No quiero que huyas.
Ni quiero perder lo que sea que estamos empezando a construir.
Lily lo miró.
Realmente lo miró.
Y ese segundo bastó para que él entendiera que estaba tan perdida como él… pero igual de dentro.
—Yo tampoco quiero alejarme —susurró ella.
Charlie sintió que el suelo dejaba de moverse.
Ella respiró hondo.
—Pero necesito ir despacio.
Mi cabeza… —se tocó la sien— y mi vida van a otro ritmo.
Si vamos demasiado rápido, siento que me voy a romper.
Él asintió despacio.
—Lily… —se acercó un poco—.
Yo no quiero ir rápido.
Quiero ir contigo.
Ella abrió los ojos más de lo que pretendía.
Él sonrió, suave, como si estuviera viendo algo precioso y frágil.
—Pero tampoco puedo fingir que no te quiero cerca —añadió él, con una vulnerabilidad que le tensó la voz.
Lily sintió un vuelco en el pecho.
No era una declaración.
Pero era algo muy parecido.
Ella dio un paso hacia él, sin pensar.
Tan pequeño que casi no se notaba.
Pero suficiente para que sus respiraciones volvieran a mezclarse.
—Lo de ayer… —susurró— me gustó.
Mucho.
Charlie tragó saliva.
—A mí también.
Ella bajó la mirada, tímida y valiente al mismo tiempo.
—Pero si esto… lo que sea que es esto… va a seguir, necesito saber que no vas a desaparecer si me asusto.
Él acercó una mano, muy despacio, y tocó su antebrazo.
Un roce.
Nada más.
Pero fue suficiente para que ella temblara.
—No voy a irme —dijo él, firme—.
Aunque me asuste a mí también.
#4825 en Novela romántica
#355 en Joven Adulto
romanticismo, amor juvenil novela romantica, amor lujuria pasión
Editado: 01.01.2026