INT. OFICINA DE ALESSANDRO - NOCHE
La ciudad duerme, pero en la oficina de ALESSANDRO MORETTI (30), la luz sigue encendida. Grandes ventanales ofrecen una vista panorámica de rascacielos iluminados. La habitación es moderna, minimalista y opulenta; todo en ella grita control y poder.
Alessandro está sentado detrás de un enorme escritorio de caoba. No hay pilas de papeles, solo una tablet encendida. Leo está de pie frente a él, con una carpeta discreta en la mano.
ALESSANDRO > ¿Y bien?
Su voz es tranquila, pero la expectación en el aire es palpable.
LEO > Es Valentina Rojas. 19 años. Estudiante de Arquitectura en la Universidad Central. Segundo año. Promedio sobresaliente. Vive en un apartamento de dos habitaciones con su tía y su prima en el distrito de Bellavista. Sus padres fallecieron hace cinco años en un accidente. Becada por mérito académico. No tiene historial delictivo. No tiene novio conocido. Pocos amigos íntimos. Su rutina: universidad, biblioteca, casa. Los fines de semana, a veces trabaja a tiempo parcial en una librería del centro.
Alessandro escucha cada palabra, absorbiéndola. La tablet en sus manos muestra una foto de Valentina. Es la misma que vio en la calle, con esa expresión concentrada, algo de cansancio en sus ojos, pero una inocencia que era casi desarmante. Desliza el dedo por la pantalla y aparecen más imágenes: una foto de su carnet universitario, una instantánea borrosa saliendo de la universidad, otra, sorprendentemente nítida, de ella riendo con una amiga en un café.
ALESSANDRO > ¿La librería?
LEO > "El Rincón del Lector", en la calle Sucre. Cierran a las nueve.
Alessandro asiente, sus ojos fijos en la imagen de Valentina. No hay una pizca de interés en los detalles económicos o familiares, solo en ella. En su rutina, en sus hábitos. En los huecos de su vida donde podría entrar.
ALESSANDRO > ¿Los cascos? Marca. Modelo.
Leo busca en su tablet rápidamente.
LEO > Son unos... "Audiotech Soundscape", modelo A-500. Cancelación de ruido.
Una media sonrisa se forma en los labios de Alessandro. La cancelación de ruido. Por eso no lo había oído. Por eso estaba en su mundo, ajena a todo lo demás.
ALESSANDRO > Necesito saber cuándo trabaja este fin de semana.
LEO > Entendido.
Leo sabe que no es una petición, es una directriz. Sale de la oficina, dejando a Alessandro solo con la imagen de Valentina. La noche afuera es fría, pero dentro de Alessandro, una fiebre extraña ha comenzado. Ya no era solo una cara bonita. Era Valentina Rojas. Y ahora, él sabía todo sobre ella. O al menos, todo lo que podía investigar sin que ella lo supiera.
EXT. CAFETERÍA UNIVERSITARIA - DÍA SIGUIENTE
VALENTINA (19) está sentada en una mesa al aire libre, un café humeante y un libro de texto abierto frente a ella. Su amiga, SOFÍA (19), una chica enérgica con el pelo teñido de rosa, se sienta a su lado, revisando su teléfono.
SOFÍA > ¿No me vas a contar lo de ayer?
Valentina levanta la vista del libro, un ceño fruncido en su frente.
VALENTINA > ¿Lo de ayer? ¿La clase de estructuras de hormigón? Aburrida como siempre.
SOFÍA > ¡No, tonta! Lo del coche. Casi te atropellan. ¡Te vi desde la ventana! ¿Un sedán negro gigante? El conductor parecía un mafioso.
Valentina se encoge de hombros, toma un sorbo de café.
VALENTINA > Ah, eso. Estaba distraída, con los apuntes. El tipo frenó bien, supongo. Y sí, era un coche negro grande. ¿Mafioso? Quizás solo un ejecutivo con prisa. Lo importante es que no me pasó nada. Y no me hizo perder la clase.
SOFÍA > Pero es que tú eres increíble. A mí me habrían tenido que sacar con ambulancia por el susto. ¡Tú ni te inmutaste! ¿Segura que no te asustaste ni un poquito?
VALENTINA > Segurísima. Mis apuntes de Arquitectura son mucho más aterradores que un coche descontrolado. Además, tengo que terminar este capítulo para el examen del lunes.
Valentina vuelve a sumergirse en su libro, ajena a la preocupación de su amiga, y más aún, ajena al hombre poderoso que ahora conoce cada detalle de su vida. La ciudad, los ruidos, el tráfico... todo era un eco lejano para ella. Ella vivía en su mente, en sus estudios, en el futuro que construía para sí misma.
Mientras tanto, un COCHE NEGRO pasa lentamente por la calle adyacente a la cafetería. Los cristales tintados impiden ver al conductor, pero el vehículo se detiene brevemente, casi imperceptiblemente, justo cuando Valentina ríe por algo que Sofía le ha dicho. Luego, continúa su marcha.
La sombra invisible ya está ahí.
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Editado: 16.04.2026