La distracción del mafioso

Capitulo 3

*Capítulo 3: El Empujón del Destino*

EXT. ACERA CERCA DE LA UNIVERSIDAD - DÍA

VALENTINA camina a toda prisa, casi corriendo. Los auriculares cuelgan de su cuello, balanceándose con cada zancada. Lleva una carpeta de planos bajo el brazo, y mira su reloj con desesperación. Va fatal de tiempo.

Doble la esquina, sin aminorar el paso. Justo cuando emerge de la arboleda que bordea el campus, una figura alta y oscura se interpone en su camino.

Es ÉL. El tipo del coche. Con ese traje impoluto.

¡BUM!

No es un roce. Es un choque en toda regla. Valentina, con su impulso, se estrella contra el pecho del hombre. Sus planos vuelan por el aire, desparramándose por el suelo. Un "¡Ay!" ahogado escapa de sus labios.

Ella rebota un paso hacia atrás, tropezando ligeramente, antes de recuperar el equilibrio. Levanta la cabeza, los ojos verdes fulminándole.
VALENTINA > ¡¿Pero qué le pasa?! ¡¿No puede mirar por dónde va?! ¡¿Es que es ciego o qué?!
Su voz resuena, aguda y llena de justa indignación. La paciencia de Valentina es escasa cuando va tarde y sus trabajos importantes están por el suelo. Se inclina furiosamente para recoger sus planos, algunos con las esquinas dobladas.

ALESSANDRO la observa, imperturbable. Su rostro permanece serio, aunque por dentro, un escalofrío de anticipación recorre su espina dorsal. Esto era mejor de lo que había imaginado. Ella no solo reaccionaba, ¡explotaba!

Se agacha con calma, su mano extendiéndose para recoger un plano que ha aterrizado cerca de sus pies.
ALESSANDRO > Disculpe, señorita. Yo diría que la pregunta es para usted. Estaba saliendo de la cafetería y...
VALENTINA > ¡Y yo iba a la universidad! ¡Con mis planos para una presentación!
Ella le arrebata el plano de la mano con brusquedad, ni siquiera se digna a mirarlo a los ojos. Su atención está fijada en la pila de hojas que está ordenando.
VALENTINA > ¡No ha sido un buen día para usted y los peatones, al parecer! Primero casi me atropella, ahora me derriba... ¿Tiene algún problema con la gente que camina?
Levanta la vista por un instante. Su mirada, llena de reproche, se clava en la suya. Es una mirada desafiante, sin una pizca de miedo.
VALENTINA > Le agradecería que prestara más atención.
Termina de recoger los planos, los golpea para alinearlos y los mete de nuevo bajo el brazo.
VALENTINA > Con su permiso.
Sin esperar respuesta, sin darle otra mirada, se da la vuelta y prácticamente corre hacia la entrada del campus, abriéndose paso entre otros estudiantes, su figura desapareciendo en cuestión de segundos.

Alessandro se queda allí, inmóvil en medio de la acera. En lugar de un café, esta vez lleva una sonrisa sutil, casi imperceptible, que se forma en sus labios. No es una sonrisa amable, es la sonrisa de un depredador que ha encontrado un reto interesante.

ALESSANDRO (V.O.)
¡Mmm, picante! Así me gusta más.

Leo, que lo observa desde un banco cercano, se acerca con un gesto preocupado.
LEO > Señor, ¿está todo bien? ¿Necesita que...?
ALESSANDRO > Todo perfectamente, Leo. De hecho, ha ido mejor de lo esperado. Consigue esa copia del plano.
Señaló un punto en la acera donde un fragmento diminuto de papel, arrancado de un plano, yacía olvidado.
ALESSANDRO > Y no te olvides de lo de la librería. Quiero visitarla pronto.
Alessandro se da la vuelta y se aleja, dejando a un Leo confuso recogiendo un minúsculo trozo de papel. La energía de Valentina lo había sacudido, y le había gustado. Mucho.




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