*Capítulo 5: La Insistencia de la Sombra*
INT. LIBRERÍA "EL RINCÓN DEL LECTOR" - TARDE DE SÁBADO
La librería está más concurrida de lo habitual en este sábado por la tarde. El suave murmullo de conversaciones y el crujir de las páginas crean una atmósfera acogedora. VALENTINA está en la caja, registrando libros con una eficiencia tranquila. Varios clientes esperan en fila.
De repente, su corazón da un vuelco.
Allí, haciendo fila, con un libro en la mano, está ÉL. El hombre de los accidentes, el hombre de las "maneras" y la sonrisa enigmática. Viste con una camisa oscura de seda y unos pantalones a medida, un atuendo que irradia una elegancia que desentona ligeramente con el ambiente casual de la librería.
Valentina intenta mantener la compostura, su mirada fija en el monitor de la caja. Acelera el paso con la clienta actual, deseando que la tierra se la trague o que él desaparezca. Pero sabe que no lo hará.
Finalmente, el cliente anterior se marcha, y la figura alta de Alessandro se para frente a ella.
ALESSANDRO > Buenas tardes, Valentina.
Su voz es suave, pero profunda, y pronuncia su nombre con una familiaridad que le revuelve el estómago.
Valentina levanta la vista, sus ojos se encuentran con los suyos. Hay un atisbo de irritación contenida en su mirada.
VALENTINA > Buenas tardes.
Su tono es gélido, profesional. No hay la menor invitación a la conversación.
Alessandro le extiende un libro. Es un volumen antiguo sobre la historia de la arquitectura romana.
ALESSANDRO > He pensado que este me ayudaría a entender mejor esos "cimientos inquebrantables" de los que hablaba.
Valentina toma el libro, sus dedos rozan los suyos. Retira la mano rápidamente. Escanea el código de barras.
VALENTINA > ¿Algo más?
ALESSANDRO > Por el momento, no. Aunque... he estado pensando en su proyecto de residencia ecológica. Me intriga la idea de construir para el futuro.
VALENTINA > Me alegro. Pero es solo un proyecto de universidad.
Alessandro sonríe, esa sonrisa que no llega a sus ojos.
ALESSANDRO > Para usted. Para mí, la visión de un futuro bien cimentado es siempre interesante.
Valentina le entrega el libro en una bolsa pequeña, el ticket en la mano.
VALENTINA > Son 24.50.
Alessandro le extiende un billete de cincuenta. Ella lo toma, le da el cambio. Sus manos se rozan de nuevo. Esta vez, el contacto es un poco más prolongado por parte de él. Valentina retira la suya deprisa.
VALENTINA > Que tenga un buen día.
ALESSANDRO > Lo será. Sobre todo ahora.
Él no se mueve. Sus ojos permanecen fijos en ella, con una intensidad que la hace sentir expuesta, a pesar de la gente a su alrededor.
VALENTINA > ¿Necesita algo más? Hay clientes esperando.
Señala con la cabeza la fila que comienza a formarse detrás de Alessandro.
ALESSANDRO > Solo... quería asegurarme de que me escuchó la última vez. Cuando le dije que no me rindo fácilmente.
Valentina aprieta los labios. Su paciencia se está agotando.
VALENTINA > Y yo le dije que no quería que me investigara ni se acercara a mí. Mis palabras son bastante claras.
ALESSANDRO > Clarísimas. Pero a veces, las palabras son solo eso. Palabras. Las acciones... las acciones son las que definen un futuro.
La mira con una profundidad que la inquieta. Luego, da un paso atrás, cediendo su lugar al siguiente cliente.
ALESSANDRO > Mi nombre es Alessandro.
Lo dice en voz baja, solo para ella, como un secreto. Y antes de que Valentina pueda procesar la información o responder, se da la vuelta y se aleja, saliendo de la librería con la misma discreción con la que llegó.
Valentina se queda allí, el cambio de la próxima clienta en su mano, la mente en blanco. Alessandro. El nombre. Su nombre. Resuena en su cabeza, pesado, significativo.
VALENTINA (V.O.)
Alessandro. Así que ese es tu nombre. Y así que esto es un juego para ti. Pues no has elegido a la oponente adecuada.
Una determinación feroz se enciende en sus ojos. Él la está desafiando, y Valentina no era de las que retroceden.
EXT. LIBRERÍA "EL RINCÓN DEL LECTOR" - MINUTOS DESPUÉS
Alessandro está en la acera, el libro de historia romana en la mano, sin abrir. A su lado, Leo ya lo espera en el coche.
LEO > ¿Todo en orden, jefe?
ALESSANDRO > Perfecto, Leo. Ha empezado a conocer mi nombre. Es un buen comienzo.
Una sonrisa, esta vez más amplia y confiada, se dibuja en sus labios. Sabe que la ha agitado. Sabe que la ha hecho pensar en él. Y eso es exactamente lo que quer
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Editado: 17.04.2026