La distracción del mafioso

Capitulo 9

*Capítulo 9: Los Pequeños "Accidentes"*

INT. APARTAMENTO DE VALENTINA - MAÑANA

Valentina se despierta con una sensación de opresión. La noche no ha sido tranquila; la imagen de Marcos cojeando, la voz de Alessandro al teléfono, todo se mezcla en un incómodo torbellino. Se levanta y va a la cocina a preparar café.

Cuando abre el frigorífico, un pequeño paquete envuelto en papel de seda reposa en la balda superior. Extrañada, lo abre. Dentro, hay un pequeño pastelillo individual de una pastelería de lujo, y una nota, escrita con una caligrafía elegante y decidida:

"Para empezar el día con la dulzura que te mereces. Y para que no olvides que hay cimientos que ya están construidos."
A.

Valentina aprieta la nota entre sus dedos. ¿Cómo había llegado eso allí? ¿Su tía? ¿Su prima? Nadie más tenía llaves. La idea de que Alessandro hubiera logrado que le dejaran eso en su frigorífico, dentro de su propia casa, le provoca un escalofrío que no tiene nada que ver con la temperatura del pastel.

EXT. CAFETERÍA UNIVERSITARIA - DÍA

Más tarde, en la universidad, Valentina intenta concentrarse en sus apuntes. La cabeza le da vueltas. Marcos se acerca, cojeando visiblemente.
MARCOS > Buenos días, Valentina. Vaya susto el de ayer, ¿verdad? La rodilla me está matando.
VALENTINA > ¿Estás seguro de que no fue más que un accidente? Es que... ha sido muy raro.
MARCOS > ¿Tú crees? Quizás. Pero ya estoy bien. Solo el susto. Oye, ¿te vienes luego al cine? Estrenan esa de suspense que querías ver.
VALENTINA > No lo sé, Marcos. Estoy un poco agobiada con un trabajo.
En ese momento, su móvil vibra. Es un mensaje de texto. Un número desconocido.

"El cine puede esperar. Un arquitecto no debe descuidar sus cimientos. Y sus proyectos son lo primordial."
A.

Valentina mira el móvil con furia. ¡Le está vigilando! ¡Sabe lo que va a hacer!
VALENTINA > Lo siento, Marcos. De verdad. No puedo. Tengo que... concentrarme.
Se levanta abruptamente y se va, dejando a un Marcos confundido y algo dolido.

INT. BIBLIOTECA UNIVERSITARIA - TARDE

Valentina ha ido a la biblioteca, buscando un refugio. Piensa que allí estará a salvo. Se sienta en una mesa aislada, rodeada de libros. Está leyendo un complejo tratado de urbanismo.

Cuando va a encender su portátil, se da cuenta de que no arranca. Lo intenta una y otra vez. Nada. Totalmente muerto. Entra en pánico. Tiene todos sus trabajos, todos sus planos, todo su proyecto en ese portátil. No ha hecho copias de seguridad en días.

Busca ayuda. El técnico de la biblioteca lo mira.
TÉCNICO > Señorita, esto es grave. Parece que ha habido un fallo total de la placa base. Es muy raro. Y el disco duro... está totalmente inaccesible. No hay forma de recuperar nada.
Valentina siente un nudo en el estómago. Las palabras del técnico la golpean como un mazazo. Todo su esfuerzo, todo su trabajo, desaparecido. Es una catástrofe.

Mientras se levanta, con el portátil roto en sus manos, una pequeña hoja de papel cuidadosamente doblada cae de su bolso. Es la tarjeta de presentación de Alessandro. En el reverso, una dirección y un número de teléfono anotados a mano.

Sus palabras resuenan en su cabeza: "La libertad, Valentina, es un concepto relativo. Y en este mundo, la verdadera libertad la compra el dinero... la protección necesaria para que nadie se interponga en su camino."

Una fría certeza la atraviesa. No era un accidente. Nada era un accidente con él. El empujón a Marcos. El pastel en la nevera. Y ahora, su portátil. Era una demostración de poder. Una forma de apretar el cerco.

Sale de la biblioteca, el portátil muerto pesando en sus manos. En el aparcamiento, ve un COCHE NEGRO aparcado a lo lejos. Sus cristales tintados impiden ver el interior.

Valentina siente una mezcla de rabia y un miedo creciente. La sombra de Alessandro se ha vuelto densa, asfixiante. Él no solo quería su talento. Quería control.




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