La distracción del mafioso

Capitulo 10

*Capítulo 10: La Venta del Alma (y de la Arquitectura)*

INT. APARTAMENTO DE VALENTINA - NOCHE

La habitación de Valentina es un caos. Apuntes desordenados, libros abiertos. Ella está sentada en el suelo, rodeada de los restos de su portátil. Las lágrimas de frustración y rabia han cesado, dejando paso a una fría determinación. No solo ha perdido el trabajo de semanas, ha perdido su única copia. La fecha de entrega del concurso se cierne sobre ella, inamovible.

En su mano, el cheque de Alessandro. La cifra obscena baila ante sus ojos. El billete de avión a sus sueños. La cadena de oro a su celda.

Mira el cheque, luego la tarjeta de presentación minimalista de Alessandro. Las palabras resuenan en su cabeza: "La libertad, Valentina, es un concepto relativo. Y en este mundo, la verdadera libertad la compra el dinero." Y también: "Mis cimientos son el trabajo duro y la honestidad. Y créame, son más fuertes de lo que imagina. Y son inquebrantables."

La ironía es brutal. Sus cimientos, ahora, estaban agrietados. No por la falta de esfuerzo, sino por la intervención de una fuerza externa que la superaba.

Sabe que tiene que hacer algo. Rendirse no es una opción. Pero buscar un nuevo ordenador, recuperar el trabajo desde cero, con el tiempo en contra y el estado de su ánimo... es casi imposible.

Con una rabia contenida, coge el teléfono. Duda. Su orgullo lucha con la desesperación. Finalmente, respira hondo. Marca el número de la tarjeta.

El teléfono suena tres veces antes de que una voz grave y pausada conteste.
ALESSANDRO (V.O.) > Moretti.
VALENTINA > Soy Valentina Rojas.
Hay una breve pausa al otro lado de la línea. Un silencio que Valentina interpreta como una victoria silenciosa.
ALESSANDRO (V.O.) > Lo sé. ¿Finalmente se ha decidido a considerar mi oferta?
Su voz es tranquila, sin rastro de sorpresa, como si lo hubiera estado esperando.
VALENTINA > No tengo elección. Mi portátil... está inservible. Todo mi trabajo, perdido. No tengo copias de seguridad.
ALESSANDRO (V.O.) > Una lástima. Esas cosas pasan, ¿verdad? Fallos técnicos.
El sarcasmo en su voz es palpable, y Valentina aprieta los dientes. Sabe que él lo hizo. Sabe que él está detrás de todo esto.
VALENTINA > Usted lo hizo.
ALESSANDRO (V.O.) > Yo solo abro oportunidades, Valentina. O las cierro, según sea necesario. Mi oferta sigue en pie. ¿La acepta?
Valentina cierra los ojos, una batalla interna librándose en su interior. La dignidad contra la necesidad. Los principios contra el pragmatismo.
VALENTINA > Acepto. Pero bajo mis condiciones.
ALESSANDRO (V.O.) > Eso me gusta. Siempre negociando. Soy todo oídos.
VALENTINA > Me ayudará a recuperar mi trabajo. Me dará el equipo necesario. Y no me acosará. Tendrá mi tiempo y mi talento profesional. Nada más.
ALESSANDRO (V.O.) > Recuperar su trabajo será fácil. Mi equipo técnico es muy eficiente. Y el mejor equipo estará a su disposición. En cuanto a lo de "nada más"... Digamos que esa será la parte interesante de nuestro acuerdo. Lo discutiremos en persona. Mañana. A primera hora. Mi chófer la recogerá en la entrada de su universidad. Sea puntual.
Y cuelga. Sin despedirse.

Valentina se queda con el teléfono en la mano, respirando con dificultad. Ha vendido una parte de sí misma. Ha cruzado una línea. Se ha adentrado, voluntariamente, en el mundo de Alessandro.

Levanta el cheque, lo mira. Ya no es solo una cifra. Es el precio de su autonomía. Y el inicio de una guerra que no está segura de poder ganar.

INT. COCHE DE ALESSANDRO - CONTINUO

Alessandro guarda el teléfono. Leo, que ha estado escuchando con discreción, lo mira por el retrovisor.
LEO > ¿Ha aceptado, señor?
ALESSANDRO > Ha aceptado. Y lo ha hecho a su manera. Con fuego. Tal como me gusta.
Una sonrisa oscura se dibuja en su rostro. La partida acaba de comenzar. Y él tiene todas las cartas.
ALESSANDRO > Prepara el mejor equipo técnico que tengamos. Que recuperen todo lo de su portátil. Y compra un ordenador nuevo. El más potente del mercado. Para ella. Y un teléfono con un número directo para mí.
LEO > Entendido, señor.
ALESSANDRO > Y busca una oficina en el edificio principal. Un espacio amplio. Con vistas. Donde pueda trabajar tranquila. Donde nadie la moleste. Excepto yo.




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