*Capítulo 11: La Jaula Dorada*
INT. TORRE EMPRESARIAL MORETTI - MAÑANA
El edificio de la Corporación Moretti se alza imponente, un rascacielos de cristal y acero que domina el perfil de la ciudad. El coche negro de Alessandro, conducido por Leo, se detiene frente a la entrada principal. Valentina baja, sintiéndose insignificante y observada. Su atuendo casual de estudiante choca con la elegancia pulcra de los ejecutivos que entran y salen.
Leo la guía a través de un vestíbulo ostentoso, marmolado y silencioso. Los ascensores son rápidos, casi silenciosos, subiendo a una velocidad vertiginosa. Valentina siente un nudo en el estómago.
Se detienen en un piso alto. Leo abre una puerta discreta.
LEO > Es por aquí, señorita Rojas.
La oficina es enorme. Paredes de cristal ofrecen una vista panorámica de la ciudad que quita el aliento. Un escritorio de diseño minimalista, un ordenador de última generación, y una pila de libros de arquitectura, algunos de los cuales ella ha leído o soñado con tener. También hay varios monitores planos con software de diseño. Es el estudio de sus sueños. Todo nuevo, todo impecable, esperando por ella.
VALENTINA > ¿Esto es... para mí?
Su voz es apenas un susurro. La grandiosidad del lugar la abruma.
LEO > Así es. El señor Alessandro quería que tuviera todo lo necesario para sentirse cómoda y productiva. El ordenador nuevo tiene todo su trabajo recuperado y actualizado. Y aquí tiene el teléfono que pidió el señor Alessandro. Es un canal directo para él.
Leo le entrega un elegante teléfono móvil, también nuevo. Valentina lo mira como una extensión de su jaula.
VALENTINA > ¿Dónde está Alessandro?
LEO > El señor Moretti está en una reunión. Me pidió que le dijera que está a su disposición. Su antiguo portátil está en el escritorio, con los datos ya migrados. Y los planos del concurso... él considera que son ahora un proyecto interno de la Corporación Moretti.
La última frase es un golpe. Su proyecto, su sueño, ya no es solo suyo. Ha sido absorbido.
Valentina se acerca al escritorio. Toca la pantalla del ordenador. La familiar interfaz de su programa de diseño aparece. Y allí están. Sus planos. Sus maquetas digitales. Intactos. Recuperados.
La sensación es agridulce. Alegría por tener su trabajo de vuelta, rabia por la forma en que lo ha conseguido.
Mientras revisa los archivos, la puerta de la oficina se abre.
ALESSANDRO > Veo que ya está instalada.
Su voz, grave y tranquila, la hace girar. Alessandro está de pie en el umbral, con un traje oscuro que acentúa su figura imponente. Su mirada la recorre, una evaluación que la hace sentir desnuda.
VALENTINA > Ha recuperado mi trabajo. Gracias.
Su tono es seco, a pesar de la gratitud que pugna por salir.
ALESSANDRO > Se lo prometí. Y yo cumplo mis promesas. Mis hombres son eficientes. Como ve, tiene todo lo necesario para trabajar.
Se acerca al escritorio, sus pasos resonando en el suelo de madera pulida. Se detiene a su lado. El aire se electrifica con su presencia.
ALESSANDRO > ¿Contenta?
VALENTINA > ¿Contenta de que me destruyan mi propiedad para obligarme a aceptar una oferta que no quería? No. No estoy contenta. Estoy furiosa.
Alessandro la mira, una chispa de admiración en sus ojos.
ALESSANDRO > El fuego. Me gusta. Le sienta bien. Pero la furia es ineficiente, Valentina. La pasión, en cambio... la pasión es poder.
Se inclina ligeramente, su voz baja.
ALESSANDRO > Ahora, está bajo mi techo. Con mis recursos. Sus ideas son ahora nuestras ideas. Sus sueños, nuestros sueños. Pero recuerde, Valentina, la jaula es tan dorada como el pájaro quiera verla.
Valentina aprieta los puños.
VALENTINA > No soy su pájaro. Y esta no es mi jaula. Es mi oficina. Y mi trabajo.
ALESSANDRO > Cierto. Su oficina. Su trabajo. Su futuro. Todo interconectado. Y todos los cables, los manejo yo.
Se separa de ella, se dirige a la ventana, contemplando la vasta ciudad.
ALESSANDRO > Vea esa ciudad, Valentina. Se extiende hasta el horizonte. Un lienzo en blanco. Usted tiene el talento para redefinirla. Yo tengo el poder para hacerlo posible. Piense en grande. Piense sin límites. Ahora que los suyos, los que usted misma se imponía, han sido... convenientemente eliminados.
Valentina siente un escalofrío. La verdad en sus palabras, por muy retorcida que fuera, le aterra. Él le ha quitado sus límites. Pero también su libertad.
ALESSANDRO > Mi reunión terminó. Tenemos trabajo que hacer. Quiero ver su visión para esa residencia ecológica. Y quiero que sea más que un simple proyecto de concurso. Quiero que sea... real. Y usted, Valentina, la hará real.
Se gira para mirarla, una sonrisa apenas perceptible en su rostro. La partida ha comenzado en serio. Y Valentina, ahora, estaba dentro del tablero de juego de Alessandro.
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Editado: 17.04.2026