*Capítulo 12: El Comienzo del Juego de Sombras*
INT. OFICINA DE VALENTINA - DÍA
Los días siguientes transcurren en una extraña mezcla de rutina y vigilancia. Valentina se sumerge en su trabajo con una ferocidad renovada. La oficina es, objetivamente, perfecta. El equipo es de ensueño, la vista, inspiradora. Está rediseñando su residencia ecológica con una libertad creativa que nunca había tenido. Las ideas fluyen.
Pero no está sola.
Alessandro aparece en su oficina sin previo aviso. A veces es para "revisar el progreso", otras veces le trae un café de su preferencia (siempre acertando), o simplemente se queda de pie, observándola en silencio desde el umbral, una sombra imponente. Sus visitas son esporádicas, impredecibles, y siempre la dejan con una sensación de inquietud.
Un día, Valentina está trabajando en un complejo renderizado, absorta en la pantalla. Alessandro entra.
ALESSANDRO > ¿Algún problema? Parece frustrada.
VALENTINA > Es el software de cálculo de estructuras. Es potente, pero me da un error al integrar ciertos materiales.
Alessandro se acerca al escritorio. Se inclina ligeramente, y sus dedos, largos y elegantes, teclean con una velocidad sorprendente. Modifica unas líneas de código. En segundos, el error desaparece y el programa se ejecuta sin problemas.
ALESSANDRO > Es un problema de compatibilidad con las librerías, no del programa en sí. Hay que saber dónde buscar.
Valentina lo mira, asombrada. Su conocimiento no se limita a "construir imperios".
VALENTINA > ¿También es informático?
ALESSANDRO > En mi línea de trabajo, es útil tener conocimientos transversales. No puedes dejar que nadie te venda la moto. Y menos aún, que tus herramientas te fallen.
La mira, una sonrisa casi imperceptible. Valentina siente un escalofrío. Es una advertencia, una demostración de poder.
INT. CAFETERÍA DE LA CORPORACIÓN MORETTI - MEDIODÍA
Valentina baja a comer. La cafetería es lujosa, con opciones de alta cocina. Se sienta sola. Leo, el hombre de confianza de Alessandro, se acerca con una bandeja.
LEO > Señorita Rojas. El señor Alessandro me ha pedido que me asegure de que está cómoda. Y de que tiene todo lo que necesita.
VALENTINA > Gracias, Leo. Estoy bien.
LEO > El señor Alessandro tiene mucha fe en usted. Nunca le he visto tan... involucrado en un proyecto.
VALENTINA > ¿Y en cuántos proyectos se ha involucrado el señor Alessandro, Leo?
Leo duda, luego sonríe de forma enigmática.
LEO > En los que le interesan de verdad.
Leo se aleja, dejando a Valentina con una sensación de que está siendo analizada constantemente.
INT. OFICINA DE VALENTINA - TARDE
Valentina está haciendo una videollamada con Sofía, usando un teléfono que ha comprado ella misma, a escondidas.
SOFÍA > ¿Y qué tal? ¿Ya te sientes una arquitecta superestrella? ¿Mucho lujo?
VALENTINA > Lujo no me falta. Pero me siento más bien... como una mosca en una telaraña dorada. Este hombre es de otro mundo, Sofía. Sabe todo. Controla todo. Y cada vez que me mira, siento que me está leyendo el pensamiento.
SOFÍA > Bueno, si te trata bien, te paga bien y te da los medios para hacer realidad tus sueños... ¿Tan malo puede ser? Mira el lado positivo, Val. Al menos no es un pervertido baboso. Es guapo, elegante...
VALENTINA > Es guapo y elegante, sí. Y eso lo hace aún más peligroso. Porque esconde... no sé qué esconde, Sofía, pero no me fío un pelo. Sigo pensando que lo del portátil no fue casualidad.
De repente, la puerta de su oficina se abre. Es Alessandro.
ALESSANDRO > Valentina. ¿Todo bien? Pareces distraída.
Valentina cuelga la llamada con Sofía de forma abrupta, el corazón desbocado.
VALENTINA > Sí. Solo... estaba pensando.
ALESSANDRO > Me gusta cuando piensas. Pero concéntrate. Tenemos un plazo.
Se acerca a su escritorio, sus ojos deteniéndose un instante en el teléfono personal de Valentina. Ella se siente expuesta.
ALESSANDRO > Quería informarle de que este fin de semana hay una exposición de urbanismo sostenible en el centro de convenciones. Creo que le interesaría. He reservado dos entradas.
Le tiende una pequeña tarjeta con el logo de la exposición.
VALENTINA > No tengo planes para el fin de semana. No es necesario que...
ALESSANDRO > Lo sé. Mis hombres son muy eficientes. Y no era una pregunta, Valentina. Era una sugerencia. Espero que la aproveche.
Sus ojos se encuentran. Es una invitación, pero también una orden velada. Él está asumiendo su tiempo libre, su vida más allá de la oficina.
Alessandro se gira para marcharse.
ALESSANDRO > Ah, y una cosa más. Ese teléfono... es una distracción. Para llamadas personales, use el que le proporcionó Leo. Es más seguro. Y así no tiene que preocuparse de que sus conversaciones sean... escuchadas.
Las palabras la golpean como un rayo. Valentina siente la sangre helarse en sus venas. Él lo sabe. Sabe que habló con Sofía.
Alessandro sonríe, una sonrisa de suficiencia.
ALESSANDRO > Que tenga un buen día, Valentina.
Se va, dejándola sola. Valentina mira el teléfono que le dio Leo, luego su teléfono personal. Se siente observada. Controlada. La jaula dorada se ha vuelto más pequeña, y el aire, más denso. La diversión se ha transformado en un juego peligroso.
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Editado: 17.04.2026