La distracción del mafioso

Capitulo 13

*Capítulo 13: La Danza del Desafío y el Deseo*

INT. EXPOSICIÓN DE URBANISMO SOSTENIBLE - SÁBADO POR LA TARDE

La exposición es un hervidero de ideas innovadoras. Valentina camina entre los stands, una tableta en mano, tomando notas febrilmente. Su mente de arquitecta está absorbida por los conceptos, los materiales. Ha decidido venir, no porque Alessandro lo haya "sugerido", sino porque realmente le interesa. Viste con un estilo casual chic, que, sin buscarlo, la hace destacar entre la multitud.

De repente, una voz grave a su espalda.
ALESSANDRO > Veo que mi "sugerencia" no ha caído en saco roto.
Valentina se gira, el corazón le da un vuelco. Alessandro está allí, con un traje de lino oscuro que resalta su físico, su presencia, como siempre, dominante. Una mujer alta y elegante, con una expresión fría y distante, está a su lado.
VALENTINA > Mis intereses profesionales no necesitan de su sugerencia para manifestarse, Alessandro.
Su tono es cortante, una defensa automática. Intenta ignorar a la mujer.
ALESSANDRO > Por supuesto. Me alegra que lo vea así. Pero no hay que menospreciar el poder de una buena guía.
Alessandro la mira de arriba abajo, una evaluación que la hace sentir el calor subir por su cuello. Se detiene en su escote, un instante demasiado largo. La mujer a su lado le lanza una mirada penetrante.
ALESSANDRO > Le presento a la señorita Anastasia Petrov. Es una de nuestras... inversoras.
Anastasia le extiende una mano, sus ojos de hielo recorriendo a Valentina con una curiosidad que parece juzgar cada hilo de su ropa.
ANASTASIA > Así que usted es la nueva adquisición de Alessandro. Ha oído mucho de usted.
Su tono es gélido, con un matiz que a Valentina le resulta ofensivo. No es una adquisición.
VALENTINA > Soy Valentina Rojas. Y soy arquitecta. Trabajo para Alessandro.
Enfatiza el "trabajo para" con una fuerza que no pasa desapercibida para Alessandro. Anastasia solo sonríe, una expresión que no llega a sus ojos.

Alessandro, sintiendo la tensión, interviene.
ALESSANDRO > Valentina está desarrollando un proyecto de urbanismo sostenible de vanguardia. Una visión... muy particular.
ANASTASIA > ¿Particular? Alessandro, ya sabes que en los negocios, lo particular es un riesgo. Y tú no eres de riesgos innecesarios.
ALESSANDRO > No cuando hay un retorno de inversión. Y con Valentina, el retorno será... excepcional.
Las palabras de Alessandro la hacen sentir como una pieza en un tablero de ajedrez. Una ficha valiosa, pero una ficha al fin y al cabo.

Anastasia los deja, con una última mirada gélida.
VALENTINA > ¿"Adquisición"? ¿"Retorno excepcional"? ¿Es que soy una vaca lechera para usted?
ALESSANDRO > Eres valiosa. Muy valiosa. Y sí, invierto donde veo valor. Y en ti, veo un valor que nadie más ha sabido apreciar. Aún.
Se inclina, su voz baja y seductora, justo para que solo ella lo escuche. El aire entre ellos vibra.
ALESSANDRO > ¿Y bien? ¿Alguna idea nueva que haya captado su atención en esta exposición?
Valentina intenta recuperar la compostura, la cercanía de Alessandro la pone nerviosa.
VALENTINA > Sí. Hay un nuevo sistema de gestión de aguas grises que es increíblemente eficiente. Podría integrarse perfectamente en el diseño de la residencia.
Ella empieza a hablar con pasión, su mente de arquitecta tomando el control. Alessandro la escucha, sus ojos fijos en sus labios, no tanto en sus palabras. Una intensidad casi física emana de él.

Mientras Valentina explica, él levanta una mano y le acaricia suavemente un mechón de pelo que ha caído sobre su frente. El roce es eléctrico. Valentina se congela, su voz se apaga. Su mano se retira al instante.
VALENTINA > ¡¿Qué cree que hace?!
Su voz es un susurro furioso.
ALESSANDRO > Solo te quitaba un pelo. Estabas tan concentrada, tan... hermosa, explicando.
La palabra "hermosa" la desarma. Su mirada, tan cerca, es un fuego oscuro que la quema.
VALENTINA > No vuelva a tocarme.
ALESSANDRO > ¿Por qué? ¿No te gusta? No mientas, Valentina. Siento la electricidad entre nosotros. La siento cada vez que nuestras miradas se encuentran, cada vez que tu voz se alza con esa pasión.
Él da un paso más cerca, casi imperceptible. La intensidad es sofocante.
ALESSANDRO > Hay una pasión en ti que clama por ser liberada. Y no hablo solo de arquitectura. Hablo de la mujer que hay detrás de los planos. La que me desafía, la que me mira con ese fuego en los ojos.
Valentina retrocede un paso, chocando suavemente con un stand. Su respiración es agitada.
VALENTINA > Usted confunde el desafío con... con otra cosa. Solo quiero trabajar.
ALESSANDRO > No. Tú quieres vivir, Valentina. Y yo puedo darte la vida que mereces. Una vida sin límites. Una vida donde tus pasiones se desborden. En todos los sentidos.
Su mirada se detiene en sus labios. La atracción es innegable, cruda, peligrosa. Valentina siente su pulso acelerarse. Es el miedo, es la rabia... y es algo más que no quiere admitir.
VALENTINA > Está yendo demasiado lejos.
ALESSANDRO > ¿Demasiado lejos? ¿O justo donde querías que fuera? No me mientas, Valentina. Tus ojos no mienten. Quieres este juego tanto como yo.
Un asistente de la exposición pasa entre ellos, rompiendo la burbuja de tensión. Valentina aprovecha el momento para recuperar el aliento.
VALENTINA > Tengo que irme. Ya he visto lo que necesitaba ver.
Se da la vuelta, dispuesta a huir. Alessandro la detiene con su voz, susurrando.
ALESSANDRO > Solo es el comienzo, Valentina. Solo el comienzo. Y recuerda, no importa dónde vayas, tus cimientos ya están... anclados a los míos.
Ella no se gira. Sigue caminando, sintiendo la intensidad de su mirada en su espalda. La conversación ha sido un torbellino. Y la última frase de Alessandro... una advertencia. La pasión y el peligro se han fusionado.




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