*Capítulo 15: Chispas y Cachetadas*
INT. LABORATORIO DE MATERIALES - TARDE
Valentina camina por los pasillos inmaculados del laboratorio de materiales, un lugar que la fascina. Científicos y técnicos trabajan entre probetas y monitores, analizando compuestos. Leo la ha traído hasta aquí y la ha dejado.
Un hombre alto y sonriente, de unos treinta años, la recibe. Es MARIO, jefe de investigación de nuevos materiales.
MARIO > ¿Valentina Rojas? Encantado. Soy Mario. Alessandro me dijo que vendrías. Una mente brillante, según él.
Valentina se sonroja ligeramente ante el cumplido indirecto, pero la mención de Alessandro la pone en guardia.
VALENTINA > Encantada, Mario. Necesito ver las aleaciones ligeras y los polímeros sostenibles. Busco algo que combine resistencia, maleabilidad y un bajo impacto ambiental para la fachada de mi proyecto.
Mario se ilumina. Su pasión por los materiales es palpable.
MARIO > ¡Estás en el lugar correcto! Ven, te voy a mostrar algo que te volará la cabeza.
Pasan el resto de la tarde absortos en discusiones técnicas, entre muestras de materiales, diagramas y simulaciones. Mario es un torbellino de conocimiento y entusiasmo, y Valentina se siente cómoda, relajada, como si estuviera en su elemento, por primera vez en mucho tiempo sin la sombra de Alessandro. La química profesional entre ellos es innegable. Ríen, debaten, intercambian ideas. Mario, con su actitud abierta y su genuina curiosidad, es un soplo de aire fresco.
MARIO > Tus ideas son muy innovadoras, Valentina. Me encanta cómo piensas. Eres la primera arquitecta que realmente entiende la esencia de lo que hacemos aquí, no solo la estética.
Valentina sonríe, sinceramente.
EXT. CALLE PRINCIPAL - AL LADO DE LA JOYERÍA - ATARDECER
Leo la espera fuera, apoyado en el coche negro.
LEO > El señor Alessandro le espera en la joyería, señorita.
Valentina refunfuña. El desvío. La pulsera. La insistencia. Entra en la joyería de lujo, un local que irradia opulencia.
En el interior, Alessandro está hablando con una vendedora. Va vestido con un impecable traje oscuro. A su lado, la inconfundible figura de ANASTASIA, con un vestido de noche que parece esculpido en su cuerpo. Sus ojos fríos se posan en Valentina con un aire de superioridad apenas disimulado.
ALESSANDRO > Valentina. Justo a tiempo. Estábamos discutiendo las opciones de corte para la esmeralda que complementará el diseño.
Anastasia sonríe, una sonrisa glacial.
ANASTASIA > A Alessandro le gusta que todo esté... perfecto.
VALENTINA > No es necesario, Alessandro. Ya le dije que no voy a usar esa pulsera. No necesito un... "símbolo".
ALESSANDRO > Tonterías. Es un regalo. Y un regalo, como un contrato, debe ser aceptado. Y valorado. Además, tiene que ver los diseños del estudio de arquitectura de la joyería. Son... interesantes.
Alessandro se acerca a ella, su voz baja y seductora.
ALESSANDRO > Estuve con Mario. Me ha hablado maravillas de tu trabajo. Y de vuestra "conexión" en el laboratorio.
La forma en que pronuncia "conexión" es tensa, cargada de un significado oculto. Sus ojos, antes fríos, ahora parecen destellar con un fuego oscuro. Los celos.
VALENTINA > Mario es un gran profesional. Y tenemos intereses comunes en el campo de los materiales. Es natural.
ALESSANDRO > ¿Natural? Lo natural es lo que no se fuerza, Valentina. Y a veces, las cosas forzadas... son las más placenteras.
Su mirada se detiene en sus labios, una intensidad casi palpable. La atmósfera se espesa. Anastasia los observa, una ceja levantada.
Alessandro toma a Valentina por el brazo, su agarre firme.
ALESSANDRO > Disculpa, Anastasia. Creo que Valentina y yo tenemos algo... personal que discutir.
Arrastra a Valentina hacia una sección más apartada de la joyería, cerca de unos expositores con diseños extravagantes. Ella intenta soltarse.
VALENTINA > ¡Suélteme, Alessandro! ¿Qué le pasa?
Él la acorrala contra un estante, sus brazos a ambos lados de su cabeza. La joyería, el lujo, el brillo de los diamantes, todo se desvanece. Solo existe la intensidad de su mirada.
ALESSANDRO > ¿Qué me pasa? Me pasa que veo tu pasión, Valentina. Esa pasión que solo yo he visto. Y no me gusta que la compartas tan... libremente con otros. Especialmente con un... colega.
Su voz es un susurro ronco, peligroso. El olor de su colonia, amaderada y profunda, la envuelve.
VALENTINA > ¡Usted no tiene derecho a decirme con quién hablo o no! ¡No es mi dueño!
ALESSANDRO > ¿No? ¿Y cómo lo llamarías entonces? ¿A esto?
Y entonces sucede. Alessandro se inclina, sus labios encuentran los de Valentina en un beso brusco, posesivo, ardiente. Es un beso que exige, que domina, que absorbe. Los labios de Alessandro son firmes, insistentes, probando su resistencia. Valentina, por un instante, se queda sin aire, su mente un torbellino. La sorpresa, la rabia, y una chispa innegable de respuesta incontrolable se mezclan. Hay una electricidad innegable, un fuego que ella ha intentado negar. Sus defensas se tambalean.
Pero solo por un instante.
Cuando Alessandro se separa, apenas unos milímetros, sus ojos fijos en los de ella, esperando su reacción, la furia se desata. La mano de Valentina se levanta por puro instinto, con toda la fuerza de su indignación.
¡ZAS!
El sonido de la bofetada resuena en la, hasta entonces, elegante y silenciosa joyería. La mejilla de Alessandro se vuelve roja al instante.
VALENTINA > ¡¡Desgraciado!! ¡Atrevido! ¡No vuelva a ponerme una mano encima en su vida!
Sus ojos verdes, antes sorprendidos, ahora arden con una furia incontrolable. Respira agitadamente, su pecho subiendo y bajando.
Alessandro la mira, su mano tocando su mejilla enrojecida. No hay dolor en sus ojos, solo una satisfacción perversa, una fascinación. La bofetada no lo ha herido, solo ha alimentado el fuego.
ALESSANDRO > Eso... eso es exactamente lo que necesitaba, Valentina. Eso es lo que me gusta de ti.
La sonrisa que le devuelve es una mezcla de crueldad y deseo. La bofetada ha sido un desafío, una declaración de guerra, y él está más que dispuesto a aceptarla.
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Editado: 17.04.2026