La distracción del mafioso

Capitulo 18 Intento de fuga

*Capítulo 18: La Fuga Inútil*

INT. APARTAMENTO DE VALENTINA - NOCHE

Valentina ha pasado la noche en vela. Las palabras de Alessandro, su beso, su mirada triunfante, se repiten en su mente como una tortura. Siente una mezcla nauseabunda de asco por él y de rabia por su propia reacción. No puede seguir así. Necesita escapar, aunque sea por un breve tiempo.

Al amanecer, toma una decisión impulsiva. No irá a la oficina. No puede verle la cara. Empaca una pequeña mochila con lo esencial, deja una nota para su tía explicando que necesita unos días de descanso y sale sigilosamente del apartamento.

EXT. ESTACIÓN DE AUTOBUSES - MAÑANA

En la estación de autobuses, Valentina compra un billete para el primer destino que encuentre, lejos de la ciudad. Elige un pequeño pueblo costero a varias horas de distancia. Siente una pequeña punzada de libertad al subir al autobús, dejando atrás el rascacielos imponente y la sombra de Alessandro.

Mientras el autobús avanza por la carretera, lejos de la ciudad, intenta calmar su mente. Respira. Por primera vez en semanas, siente que puede pensar sin la presión de su presencia.

EXT. PLAYA DEL PUEBLO COSTERA - TARDE

Valentina camina por la playa solitaria, el viento marino le azota el cabello. La inmensidad del océano le da una perspectiva diferente. Decide apagar su teléfono, buscando un verdadero respiro.

Se sienta en la arena, viendo las olas romper. Por un momento, siente que ha recuperado una parte de sí misma. La Valentina que soñaba con construir, no con huir.

EXT. CASA ALQUILADA EN EL PUEBLO COSTERA - NOCHE

Ha alquilado una pequeña habitación en una posada local. Se siente agotada, pero extrañamente en paz. Se acuesta, esperando que el cansancio la venza.

Pero entonces, un golpe suave en su puerta la saca de su duermevela.
VALENTINA > ¿Sí?
La puerta se abre. Y allí está. Alessandro.

Está vestido de manera más informal que de costumbre, una camisa de lino abierta en el cuello, pero su presencia sigue siendo igual de imponente. Sus ojos, oscuros y penetrantes, la miran con una intensidad que le hiela la sangre.
VALENTINA > ¡¿Qué hace aquí?! ¡¿Cómo me encontró?!
Se levanta de la cama, la adrenalina corriendo por sus venas.
ALESSANDRO > ¿Creías que podías huir de mí, Valentina? ¿Tan fácil?
Se acerca a ella, sus pasos lentos y deliberados.
ALESSANDRO > Tus movimientos son predecibles para mí. Y tus patrones de escape, aún más. No eres la primera que intenta desaparecer.
VALENTINA > ¡Me fui porque no aguanto más! ¡Usted es un acosador! ¡Un enfermo!
ALESSANDRO > ¿Acosador? ¿O alguien que no está dispuesto a perder lo que considera suyo?
Se detiene frente a ella. Su cercanía la envuelve. La habitación se encoge.
ALESSANDRO > Creíste que podías desconectarte. Que podías ignorar lo que hay entre nosotros. Pero no puedes. Así como yo no puedo ignorar tu ausencia.
Extiende una mano y le acaricia la mejilla, el mismo lugar donde ella le había abofeteado. El toque es suave, pero posesivo.
VALENTINA > ¡Quíteme la mano de encima!
ALESSANDRO > Tienes miedo. Lo veo en tus ojos. Miedo de mí. Y miedo de ti misma. De lo que sientes cuando te toco.
Se inclina, su voz baja y seductora, resonando en el pequeño espacio.
ALESSANDRO > Porque lo sientes, Valentina. Lo sentiste en el restaurante. Lo sientes ahora. Esa chispa. Esa conexión innegable.
Valentina cierra los ojos, intentando negar la verdad de sus palabras. La cercanía de él la desestabiliza.
VALENTINA > No siento nada más que asco por usted.
ALESSANDRO > Ah, el asco. Un sentimiento fuerte. Muy parecido al... deseo.
Una sonrisa oscura se dibuja en sus labios.
ALESSANDRO > He venido a buscarte, Valentina. Porque eres mi proyecto. Y los proyectos importantes, no se abandonan. Se persiguen. Se construyen.
VALENTINA > ¡No soy su proyecto! ¡Soy una persona!
ALESSANDRO > Y una persona increíblemente obstinada. Pero eso me gusta. Me gusta el desafío. Me gusta que te resistas. Porque cuando te rompa, la rendición será... más dulce.
Sus palabras son brutales, pero no hay crueldad en su tono, solo una verdad inalterable. Él está obsesionado.

Alessandro se separa, su mirada aún fija en ella.
ALESSANDRO > Leo te espera fuera. El coche está listo. Vamos de regreso a la ciudad. Tenemos mucho trabajo por hacer.
VALENTINA > ¡No voy a ir con usted!
ALESSANDRO > No te estoy preguntando, Valentina. Te estoy informando. Tenemos un contrato. Y una visión que no puede esperar.
Sus ojos brillan con una determinación inquebrantable.
ALESSANDRO > Además, creo que no te gustaría que tu tía se preocupara. O que tu concurso... se viera comprometido por tu ausencia. Mis recursos son muy... amplios.
La amenaza velada es clara. Ella está atrapada.

Valentina lo mira, las lágrimas de rabia y frustración pugnando por salir. Ha intentado huir, pero su sombra la ha alcanzado incluso en el rincón más remoto. Se ha dado cuenta de que, para Alessandro, ella no es solo un proyecto. Es una posesión.

Con un suspiro derrotado, recoge su mochila.
VALENTINA > ¿Y mi teléfono? Lo apagué.
Alessandro saca el teléfono de su bolsillo, se lo tiende.
ALESSANDRO > Me gusta saber dónde estás en todo momento, Valentina. Es... una medida de seguridad.
La frialdad en sus palabras es el último clavo en el ataúd de su libertad. Él no es solo un obsesivo. Es un depredador. Y ella, su presa.

EXT. CARRETERA COSTERA - NOCHE

El coche negro de Alessandro se aleja del pueblo costero, enfilando la carretera de regreso a la ciudad. Valentina mira por la ventana, la luna se refleja en el mar. Se siente agotada, resignada, pero también una semilla de algo nuevo germina en su interior. Una mezcla de resentimiento y una extraña curiosidad por el monstruo que la persigue.




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