La distracción del mafioso

Capitulo 23

*Capítulo 23: Entre Pizzas y Miradas de Hielo*

INT. PIZZERÍA ARTESANAL - NOCHE

La pizzería artesanal en el barrio antiguo es un bullicioso contraste con los lujosos restaurantes a los que Alessandro suele ir. El aroma a masa horneada y albahaca inunda el local. Mesas de madera rústica, paredes con grafitis artísticos y música animada de fondo. Valentina se siente en su elemento, relajada y sonriente, riendo con los miembros de su equipo.

Alessandro entra, vestido con una camisa casual de lino que, a pesar de todo, le da un aire de elegancia innegable. Su mirada busca a Valentina, que está sentada al fondo, su risa resonando con la de sus colegas. Él aprieta los labios. Este no es su territorio, y le irrita no tener el control absoluto del ambiente.

Se acerca a la mesa, su presencia silencia ligeramente las conversaciones.
VALENTINA > ¡Alessandro! Justo a tiempo. Estábamos a punto de pedir la pizza. ¿Qué te apetece? Tenemos la de cuatro quesos o la de pepperoni picante.
Ella le sonríe, una sonrisa dulce, casi ingenua, pero con un brillo de desafío en sus ojos. Alessandro sabe que ella está disfrutando de esto.
ALESSANDRO > Sorpréndeme, Valentina. Pero asegúrate de que no sea demasiado... picante.
Su mirada se detiene en ella, una amenaza velada.

La cena transcurre con una extraña dualidad. Por un lado, el equipo de Valentina está animado, discutiendo el proyecto con entusiasmo, riendo y creando un ambiente genuinamente amigable. Valentina es el centro de atención, su carisma natural uniendo a todos. Por otro lado, Alessandro observa, casi como un halcón. Su sonrisa es forzada, su cuerpo tenso. No participa activamente en las conversaciones triviales, pero no pierde detalle de cada interacción de Valentina.

En un momento, uno de los jóvenes ingenieros, JUAN, un tipo alegre y entusiasta, le cuenta una anécdota divertida sobre un percance en la obra de un proyecto anterior. Valentina ríe a carcajadas, su cabeza echada hacia atrás.

Alessandro aprieta el vaso de agua en su mano. La risa de Valentina le parece demasiado libre, demasiado compartida. Él quiere ser el único capaz de provocar esa risa.

De repente, la puerta de la pizzería se abre y una figura elegante se recorta contra la luz de la calle. Es ANASTASIA PETROV. Entra, sus ojos recorriendo la escena con desdén. Está vestida para una gala, y su presencia choca violentamente con el ambiente informal.

Se dirige directamente a la mesa.
ANASTASIA > Alessandro. Qué sorpresa encontrarte aquí. Te he estado buscando por todas partes. Tenemos la reunión con los inversores de Hong Kong en una hora.
Su tono es gélido, y sus ojos se clavan en Valentina, una mezcla de desprecio y envidia. Claramente, ella esperaba que Alessandro estuviera con ella, no en una pizzería con su "equipo".

Alessandro se levanta, su rostro una máscara de profesionalidad.
ALESSANDRO > Anastasia. No esperaba verte. Esta es una cena de trabajo con mi equipo.
ANASTASIA > Ya veo. Muy... folclórico. Pero los inversores no esperan folclore, Alessandro. Esperan puntualidad y seriedad.
Valentina, percibiendo la humillación sutil, decide intervenir. Se levanta y le tiende la mano a Anastasia.
VALENTINA > Señorita Petrov, soy Valentina Rojas. La arquitecta principal del proyecto. Un placer.
Anastasia apenas toca su mano, su mirada altiva.
ANASTASIA > Lo sé. La "nueva adquisición" de Alessandro. Ya te he visto.
El término "adquisición" es una puñalada. Valentina sonríe, una sonrisa aún más dulce.
VALENTINA > Es cierto. Alessandro invierte en lo que cree. Y él cree en este proyecto. Y en mí. ¿Verdad, Alessandro?
Ella se gira, su mirada desafiante busca la de Alessandro. Lo ha puesto en un aprieto. Tiene que elegir entre respaldar su proyecto y a ella, o dar la razón a Anastasia.

Alessandro la mira, una mezcla de furia y admiración en sus ojos. Ella está jugando un juego peligroso, pero es tan convincente.
ALESSANDRO > Por supuesto. La inversión es... estratégica. Y a largo plazo.
Anastasia aprieta los labios, su rostro se crispa. La ha puesto en su lugar.
ANASTASIA > En ese caso, Alessandro, espero que esta "inversión" dé sus frutos. Te espero en el coche.
Anastasia se retira, no sin antes lanzar una última mirada de odio a Valentina.

Cuando Anastasia se va, Alessandro se gira hacia Valentina, su voz baja y cargada de advertencia.
ALESSANDRO > Eres muy... persuasiva, Valentina. Pero no tientes mi paciencia. Anastasia es una inversora importante.
VALENTINA > ¿Y yo no soy importante? ¿Mi proyecto no es importante? La lealtad, Alessandro, no se compra con dinero. Se gana con respeto.
Su voz es firme. Alessandro la mira, sus ojos oscuros brillando. La tensión entre ellos es tan densa que casi se puede cortar con un cuchillo. Los miembros del equipo, incómodos, bajan la mirada.

De repente, Alessandro, con un movimiento rápido e inesperado, la toma de la muñeca (la que lleva la pulsera) y la atrae hacia él. Sus labios se encuentran con los de ella en un beso fugaz, pero cargado de posesión. Es un beso que dice "tú eres mía, y ellos lo saben".

Valentina se queda paralizada. No es un beso apasionado, es una declaración de dominio, un mensaje para Anastasia, para el equipo, y sobre todo, para ella.

Cuando se separa, sus ojos oscuros la devoran.
ALESSANDRO > Esa es la lealtad que espero, Valentina. Y la obtendré. Ahora, si me disculpas, tengo una reunión con inversores. Y tú, una pizza que terminar.
Se da la vuelta y se va, dejando a Valentina con el corazón desbocado, las mejillas ardiendo y el sabor de sus labios en los suyos. El equipo la mira, atónito.

Ella sabe lo que ha hecho. Ha provocado a Alessandro, lo ha expuesto frente a otros. Y él le ha respondido con una declaración pública de posesión. La tensión ha explotado.

VALENTINA (V.O.)
El juego acaba de empezar de verdad. Y esta noche, he descubierto una nueva faceta de su obsesión.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.