La distracción del mafioso

Capitulo 24

*Capítulo 24: La Estrategia del Contra-Beso*

INT. APARTAMENTO DE VALENTINA - NOCHE

Valentina ha vuelto a casa en un estado de shock. Se sienta en el sofá, incapaz de quitarse la mano de los labios. El sabor de Alessandro, la sensación de su declaración de posesión, la persigue. No fue un beso de amor ni de pasión compartida; fue una afirmación de dominio, un mensaje para todos los presentes, especialmente para ella.

La humillación la consume. Pero debajo de ella, una furia fría comienza a crecer. Alessandro cree que puede controlarla, que puede marcarla como su propiedad delante de todos. Él cree que la ha acorralado.

Se levanta y camina por la sala, su mente febril. Ha estado reaccionando a sus movimientos, a sus provocaciones. Ha estado a la defensiva. Pero eso se acabó. Si Alessandro quiere jugar a este juego de poder, ella también lo hará.

Mira su teléfono. Hay varios mensajes de su equipo, incómodos, preguntando si está bien. Mensajes de Sofía, preocupada por su silencio. Y un mensaje de Alessandro.

"La lealtad, como la pasión, se forja en el fuego. Y esta noche, hemos prendido una buena hoguera. Descansa, Valentina. Mañana te espero con nuevas ideas para avivar las llamas. A."

Valentina aprieta la mandíbula. Las "llamas". Él la quiere ardiente, bajo su control. Pero ella no es un trozo de leña. Es el fuego.

INT. OFICINA DE VALENTINA - DÍA SIGUIENTE

Valentina llega a la oficina temprano. Con una determinación renovada. El equipo la mira con una mezcla de curiosidad y respeto. Ella, con la cabeza alta, se sienta en su escritorio y se sumerge en su trabajo.

A media mañana, Leo aparece en su puerta.
LEO > Buenos días, señorita Rojas. El señor Alessandro la espera en su oficina.
VALENTINA > Por supuesto. Dile que iré en cuanto termine de revisar estos planos. Tengo una fecha de entrega.
Leo se queda sorprendido. Nadie, nadie, hace esperar a Alessandro.
LEO > El señor Alessandro... está esperándola.
VALENTINA > Y yo estoy trabajando, Leo. Dile que si es urgente, puede venir él.
Leo se retira, visiblemente incómodo. Valentina sonríe. Pequeñas victorias.

Minutos después, Alessandro entra en su oficina. Sus ojos oscuros brillan con una mezcla de ira y asombro.
ALESSANDRO > ¿Me has hecho esperar?
VALENTINA > Tengo mucho trabajo, Alessandro. Y tú mismo dijiste que el proyecto es prioridad. No podemos perder el tiempo en... interrupciones.
Su mirada es fría, profesional. No hay rastro de la Valentina atemorizada de antes.
ALESSANDRO > Me gusta tu nuevo enfoque, Valentina. Esa frialdad te sienta bien.
Se acerca a su escritorio, su presencia imponente.
ALESSANDRO > Me ha gustado la forma en que has manejado al equipo. Esa camaradería. Pero mi beso de anoche dejó claro a quién perteneces.
VALENTINA > Tu beso fue una declaración de tu posesividad, Alessandro. No de mi pertenencia. Y déjame aclararte algo: no pertenezco a nadie. Y menos a alguien que se atreve a usarme para enviar un mensaje a otra persona.
Su voz es baja, pero cargada de una furia gélida.
VALENTINA > Si quieres jugar a los mensajes públicos, te sugiero que seas más sutil. O más... creativo. Porque lo de anoche fue de muy mal gusto.
Alessandro sonríe, una sonrisa que no llega a sus ojos.
ALESSANDRO > Ah, la sutileza. Un arte que dominaremos juntos. ¿Y qué me dices de la creatividad?
Se inclina sobre ella, sus ojos fijos en los de ella. La tensión se eleva.
VALENTINA > Digo que si quieres una guerra, la tendrás. Pero a mi manera. Con mis reglas.
Se levanta de su silla, enfrentándose a él.
VALENTINA > Si quieres que la gente crea que hay algo entre nosotros, no te bastará con un beso robado. Tendrás que esforzarte más. Mucho más.
ALESSANDRO > ¿Y qué me propones, Valentina? ¿Un guion? ¿Un libreto?
VALENTINA > Te propongo un trato. Si quieres que este juego sea creíble, si quieres mi atención total en este proyecto y en... lo que sea que tengas en mente, entonces tendrás que ganártelo.
Ella da un paso hacia él, su rostro a pocos centímetros del suyo. Sus ojos brillan con una audacia que lo sorprende.
VALENTINA > Y no te bastará con manipularme, Alessandro. Tendrás que seducirme. Tendrás que cortejarme. Tendrás que mostrarme que eres digno de mi tiempo, de mi talento. Y sí, quizás, de mi atención.
Se acerca un paso más, su aliento caliente en los labios de él. La tensión es tan densa que se puede cortar con un cuchillo. Alessandro, por primera vez, parece un poco descolocado.
VALENTINA > Pero déjame ser clara. Si cruzas la línea, si te atreves a humillarme de nuevo, si vuelves a usarme como un peón... el juego se acaba. Y te juro que no te gustará mi venganza.
Y entonces, en un movimiento que lo toma completamente por sorpresa, ella se levanta de puntillas, lo toma por el cuello de la camisa y lo besa.

No es un beso de rabia, ni de sumisión. Es un beso de desafío. Un beso que dice: "Aquí mando yo". Un beso que es una promesa y una amenaza. Sus labios se mueven con una audacia que rivaliza con la suya, probándolo, exigiendo una respuesta. Es un contra-ataque. Un contra-beso.

Alessandro tarda un instante en reaccionar. Pero cuando lo hace, la toma de la cintura, la acerca más, profundizando el beso con una intensidad que la arrastra. La pasión, esta vez, es mutua, explosiva. Es un choque de voluntades, un baile de poder que se fusiona en un beso ardiente.

Cuando Valentina se separa, sus labios hinchados, sus ojos brillando con una luz salvaje, lo mira con una sonrisa de victoria.
VALENTINA > Esa es la creatividad que busco, Alessandro. ¿Tienes más para ofrecerme?
Alessandro se queda sin habla por un instante, su respiración agitada. Su rostro, por primera vez, muestra una mezcla de asombro, deseo y una pizca de miedo. Ha encontrado a su igual. O quizás, a su dueña.
ALESSANDRO > Esto... esto es lo que quiero, Valentina.
Su voz es un susurro ronco.
ALESSANDRO > Esto es lo que siempre quise.




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