La distracción del mafioso

Capitulo 31

*Capítulo 31: La Prueba Silenciosa y el Ojo Omnisciente*

INT. PISO EJECUTIVO - DÍA

La "presencia" de Alessandro en las reuniones de Valentina con Marco Antonio se ha convertido en una rutina. Él se sienta al fondo de la sala, con su porte imponente, observando cada interacción, cada sonrisa. Pero Valentina, lejos de sentirse intimidada, lo usa a su favor. Con Marco Antonio, ella es abierta, entusiasta, comparte ideas audaces y le permite sentirse valorado en sus aportaciones. Con Alessandro, es más distante, más profesional, casi frígida, asegurándose de que él vea la diferencia en su actitud. Alessandro hierve por dentro, pero se contiene. Sabe que cualquier reacción desmedida solo le daría más munición a Valentina para alejarlo.

Un día, después de una de estas reuniones a tres bandas, Marco Antonio se despide de Valentina con un abrazo afectuoso, apenas disimulado. Alessandro lo mira con una furia gélida.
ALESSANDRO > ¿Esa familiaridad es necesaria, Valentina?
VALENTINA > Es un abrazo de agradecimiento, Alessandro. Marco Antonio es un gran colaborador. Y un hombre muy amable.
Ella lo mira directamente a los ojos, su sonrisa apenas perceptible.
VALENTINA > Deberías aprender de él. Un poco de amabilidad nunca viene mal.
Alessandro aprieta los labios, la humillación es patente. Él sabe que lo está provocando, pero no puede reaccionar sin perder su propia partida.

La rutina de los desayunos "productivos" se ha establecido. Cada mañana, Alessandro espera a Valentina con el café que ella "prefiere" (el té de hierbas, claro) y los pasteles de la panadería orgánica. Hablan del proyecto, de los números, de las estrategias. Pero siempre hay una subcorriente de tensión, una batalla silenciosa por el control.

En las últimas semanas, Valentina se ha sentido extraña. Un cansancio inusual, náuseas matutinas que ha disimulado con dificultad, antojos repentinos y un sentido del olfato que se ha agudizado de forma molesta. Ha atribuido todo al estrés del proyecto, pero la verdad la ha estado carcomiendo.

INT. BAÑO DE LA OFICINA - DÍA

Valentina se encierra en el baño de su oficina, el corazón latiéndole desbocado. Con manos temblorosas, saca de su bolso una pequeña caja. Había estado posponiéndolo, negándose a aceptar la posibilidad, pero los síntomas ya eran innegables.

Con la privacidad que le otorga el pequeño cubículo, realiza la prueba. Los minutos se estiran como horas.

Cuando el resultado aparece, sus ojos se abren de par en par. Dos líneas. Un sí rotundo.

Embarazada.

El aire se le escapa de los pulmones. Un torbellino de emociones la golpea: miedo, pánico, incredulidad, y una pequeña, minúscula, chispa de asombro. El hijo de Alessandro.

¿Cómo había podido pasar? En medio de todo el caos, de toda la lucha de poder, había ignorado las señales de su propio cuerpo. La prueba, ahora una sentencia, la sostuvo por un momento. Luego, con una mezcla de negación y desesperación, la envolvió en varias capas de papel higiénico y la arrojó al fondo del cesto de basura, como si al desaparecer de su vista, el resultado pudiera deshacerse.

Sale del baño, su mente dando vueltas, intentando procesar la magnitud de lo que acaba de descubrir. Su vida, sus planes, su libertad... todo ha cambiado en un instante.

INT. OFICINA DE VALENTINA - DÍAS DESPUÉS

Valentina intenta actuar con normalidad, pero la noticia la consume por dentro. Evita el café, las miradas directas de Alessandro, cualquier cosa que pueda delatarla. Se siente como si estuviera a punto de explotar.

Alessandro ha notado su evasión. Sus cambios de humor, su repentina aversión a ciertos olores, su cautela con la comida. Él no ha olvidado los pequeños detalles que lo hicieron sospechar en el pasado.

Un día, mientras Valentina está en una reunión importante fuera de la oficina, Alessandro entra en su despacho. No es la primera vez que lo hace; tiene una copia de todas las llaves. Su mirada se detiene en la papelera. Algo lo intriga. Un envoltorio de una marca de prueba de embarazo que sobresale un poco del papel.

Con una expresión de fría determinación, Alessandro se acerca a la papelera. Con guantes de látex, rebusca entre los papeles, su rostro cada vez más tenso. Finalmente, saca el envoltorio, y luego, con cuidado, extrae la prueba de embarazo, envuelta en el papel higiénico.

Desenvuelve la prueba. La mira. Dos líneas. Positivo.

El tiempo parece detenerse. Su rostro se endurece. Sus ojos, oscuros como la noche, brillan con una mezcla de furia por la ocultación y un triunfo helado. El nudo en su estómago se aprieta.

INT. OFICINA DE ALESSANDRO - MÁS TARDE ESE DÍA

Valentina ha regresado de su reunión. Al entrar en su oficina, encuentra una nota de Leo: "El señor Alessandro la espera en su despacho. Inmediatamente." Una punzada de temor la recorre. Sabe que él sabe.

Entra en la oficina de Alessandro. Él está de pie, frente a su enorme ventanal, dándole la espalda. En su mano, sostiene la prueba de embarazo.
ALESSANDRO > ¿Cuándo pensabas decírmelo, Valentina?
Su voz es baja, cargada de una furia contenida que hace eco en la oficina.
VALENTINA > Yo... yo no sabía cómo... no era el momento...
ALESSANDRO > ¿No era el momento? ¡Es mi hijo, Valentina! ¡Nuestro hijo! ¿Y lo estabas ocultando? ¿De mí?
Se gira para mirarla, sus ojos lanzando dagas.
ALESSANDRO > ¡Me desafías, me provocas, juegas con mi paciencia, y ahora me ocultas algo tan fundamental como esto!
Valentina se encoge, la fuerza de su rabia la abruma.
VALENTINA > Yo... no sé qué hacer, Alessandro. Todo esto es...
ALESSANDRO > Es lo que siempre quise. Es lo que siempre voy a querer. Un heredero. Contigo.
Su furia se transforma en una posesividad aún más intensa. Se acerca a ella, sus ojos oscuros, buscando los suyos.
ALESSANDRO > Esto lo cambia todo, Valentina. Ahora eres mía de verdad. Y nuestro hijo... nuestro hijo nos une de una forma que nada ni nadie podrá romper.
Saca una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo. La abre, revelando un impresionante anillo de compromiso con un diamante solitario.
ALESSANDRO > Valentina Rojas. Cásate conmigo. Sé mi esposa. Sé la madre de mi hijo. Sé la dueña de mi imperio.
Ella lo mira, completamente aturdida. La propuesta es tan repentina, tan calculada. No es amor. Es posesión. Control.
VALENTINA > Alessandro... yo...
ALESSANDRO > No hay nada que pensar, Valentina. Esta es la única opción. Para ti. Para nuestro hijo. Para nosotros.
Su mirada es inquebrantable. Ella está atrapada.




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