La distracción del mafioso

Capitulo 35

*Capítulo 35: Un Torbellino de Pasado y una Risas Inesperadas*

INT. OFICINAS LOMBARDI - DÍA

La oficina de Alessandro vibraba con la energía de los preparativos. Las maquetas del barrio sostenible convivían ahora con catálogos de floristerías y muestras de tela para la boda. Valentina, con un brillo especial en los ojos y el vientre discretamente abultado, se sentía en control, al menos de su narrativa personal. Había aprendido que, a veces, la mejor estrategia era jugar el juego de Alessandro, pero con sus propias reglas.

Esa mañana, mientras revisaba los últimos planos, la paz en el piso ejecutivo fue brutalmente interrumpida por un estruendo digno de un terremoto. Una voz aguda, inconfundiblemente dramática, se elevó por encima de los murmullos de la oficina.
MUJER (V.O.) > ¡Dígale a Alessandro que Fiorella está aquí! ¡Y si no me recibe, juro que haré que esta empresa se arrepienta de haberme conocido! ¡Que la señora de Alessandro sepa que el hombre con el que se va a casar no es el que cree!
Valentina levantó una ceja. Fiorella. El nombre le sonaba vagamente de alguna historia de juventud de Alessandro que había oído entre líneas. Suena a problemas.

INT. OFICINA DE ALESSANDRO - AL MISMO TIEMPO

Alessandro estaba en medio de una conferencia telefónica crucial cuando Leo, con el rostro pálido y sudoroso, entró en su despacho.
LEO > Señor... es Fiorella. Está... alterada. Amenaza con montar una escena en la recepción.
Alessandro cerró los ojos, exhalando lentamente. Fiorella. La mujer que había convertido su vida en un espectáculo público durante casi un año.
ALESSANDRO > ¿Alterada? Leo, esa mujer es la personificación del drama. Dile que estoy en una reunión importante. Dile que no la recibiré.
LEO > Ya lo intenté, señor. Ha dicho que si no la recibe, "la futura señora Lombardi" sabrá de primera mano qué clase de hombre es usted y cómo la dejó por un trozo de papel, y que le cantará una serenata a gritos que hará que todos los inversores huyan despavoridos.
Alessandro se llevó una mano a la sien. ¡Una serenata! Con Fiorella, era perfectamente capaz. Un escándalo justo ahora, con la boda y el embarazo... Era inaceptable.
ALESSANDRO > Muy bien. Pásala. Pero que no la vea nadie. Y solo por dos minutos. Dos.
Leo asintió, visiblemente aliviado por la tregua, aunque temporal.

Fiorella irrumpió en la oficina como un huracán de volantes y perfume fuerte. Llevaba un vestido de leopardo apretadísimo y un bolso de diseño que parecía a punto de explotar.
FIORELLA > ¡Alessandro! ¿Así es como tratas a la mujer que te entregó su corazón? ¡Haciéndome esperar como si fuera una vendedora de cosméticos!
ALESSANDRO > Fiorella, ¿qué haces aquí? Sabes que lo nuestro terminó hace años. Y no hay ninguna razón para esta... teatralidad.
FIORELLA > ¡Teatralidad! ¡Mi dolor es real! ¡Tu eres un monstruo que me engañó! ¡Y ahora te vas a casar con esa... esa... arquitecta!
De repente, la puerta de la oficina de Alessandro se abrió. Leo, más pálido que nunca, se asomó.
LEO > Señor... la señorita Valentina se dirige hacia aquí. Dice que viene a preguntarle algo del catering.
Alessandro entró en pánico. ¡Valentina! Justo ahora. ¡El catering!
ALESSANDRO > ¡Fiorella, escóndete! ¡Ahora!
FIORELLA > ¿Esconderme? ¿De quién? ¿De tu mujercita? ¡Quiero que sepa que existo! ¡Que tú no eres lo que aparentas!
ALESSANDRO > ¡AL BAÑO, FIORELLA! ¡AHORA! ¡O juro que te echaré yo mismo!
Casi la empujó hacia la puerta del baño contiguo a su oficina, cerrándola de golpe justo cuando se escuchaban los pasos de Valentina acercándose.

Alessandro intentó recomponerse, alisándose el traje, su respiración irregular. Valentina entró en la oficina, una sonrisa pícara en sus labios, notando la rara tensión en el ambiente.
VALENTINA > Buenos días, mi amor. Leo me ha dicho que estabas un poco... ¿agitado?
Ella lo miró, notando su palidez, su mirada nerviosa que no lograba disimular del todo. Y ese perfume fuerte, dulce y pesado, que ahora inundaba la oficina.
VALENTINA > ¿Estás bien? Huele a... a jazmín y drama.
Alessandro intentó sonreír, su corazón latiéndole a mil.
ALESSANDRO > Estoy perfectamente. Solo... estaba lidiando con un pequeño... inconveniente. ¿Qué tal si vamos a almorzar? Tengo hambre.
VALENTINA > Me parece bien. Pero primero, tengo que pasar por el baño. El catering me ha puesto un poco... revuelta.
Valentina se dirigió hacia la puerta del baño, la misma donde Alessandro había escondido a Fiorella. El pánico en los ojos de Alessandro era una escena digna de comedia.
ALESSANDRO > ¡No! ¡Espera! El... el baño de aquí está... estropeado. No funciona. Ve al del pasillo. Han... han bloqueado el inodoro con... con... un manual de ingeniería.
Valentina lo miró, sus ojos brillando con diversión contenida. Un manual de ingeniería. La excusa más ridícula que había oído en su vida.
VALENTINA > ¿Un manual de ingeniería? Qué curioso. Bueno, no me molesta usar el tuyo, ¿sabes? Así lo dejaré perfecto para cuando tú lo uses.
Ella, con una sonrisa que no auguraba nada bueno para Alessandro, abrió la puerta del baño.

Sus ojos se encontraron con los de Fiorella, que la miraba con una mezcla de sorpresa, rabia y desesperación. La mujer del vestido de leopardo, con el pelo ligeramente despeinado por el apuro.

Valentina, con una calma que desquiciaría a cualquiera, levantó una ceja.
VALENTINA > Vaya, vaya. ¿Un manual de ingeniería con vida propia? Qué modernidad.
Se giró hacia Alessandro, su rostro pálido, sus ojos verdes fijos en los de él.
VALENTINA > ¿Se puede saber qué está pasando aquí, mi amor? Y por favor, esta vez, que no sea una historia sobre un manual de ingeniería revoltoso.
Alessandro suspiró, la derrota pintada en su rostro. Esta vez, la había perdido.
ALESSANDRO > Valentina, déjame explicarte.
FIORELLA > ¡Oh, Alessandro! ¡No le mientas a tu futura esposa! Dile la verdad. Dile que aún me amas. Que te robaron de mis brazos.
Fiorella salió del baño, su voz melodramática llenando la oficina.
VALENTINA > ¿Robarte de sus brazos? Querida, parece que tus brazos no eran lo suficientemente fuertes para retenerlo.
La risa de Valentina fue inesperada, un sonido cristalino que descolocó a Fiorella.
ALESSANDRO > Fiorella, nuestra relación terminó hace años. Y no hay nada que tú puedas hacer para cambiar eso. Ahora, por favor, vete.
FIORELLA > ¡No me iré! ¡Quiero que sepa la clase de hombre con el que se va a casar! ¡Un infiel! ¡Un mentiroso! ¡Un desalmado!
Valentina observó la escena, sopesando las palabras de ambos. Conocía a Alessandro. Conocía su pasado con Anastasia. Y sabía la forma en que él había estado con ella, desde el principio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.