La distracción del mafioso

Capitulo 38

*Capítulo 38: Arena, Sol y el Ojo Vigilante*

INT. RESORT DE LUJO (MALDIVAS) - DÍA

Las Maldivas. Un paraíso de aguas turquesas, arenas blancas y villas sobre el agua. El escenario perfecto para una luna de miel de ensueño. Alessandro no había escatimado en gastos. Su villa privada ofrecía una privacidad absoluta, con una piscina infinita que se fusionaba con el océano.

Valentina, con su incipiente embarazo que apenas se notaba, se sentía liberada. Lejos de la oficina, de los proyectos, de las miradas curiosas. Se dejó llevar por el ambiente, por la cercanía constante de Alessandro.

Alessandro, por su parte, estaba en su elemento. Vigilante, protector, pero también profundamente enamorado. Cada caricia, cada beso, era una reafirmación de su posesión, pero ahora teñida de una ternura que Valentina encontraba cada vez más difícil de resistir.

EXT. PLAYA PRIVADA (RESORT) - DÍA

Valentina decidió aventurarse a la playa privada que acompañaba su villa. Se puso un bikini de dos piezas de color esmeralda, que realzaba su figura y la piel ligeramente bronceada. La tela se ajustaba perfectamente a sus curvas, revelando el pequeño bulto de su vientre de una manera sutil y elegante. Era un bikini atrevido, pero ella se sentía segura, hermosa.

Alessandro la miró salir de la villa, sus ojos oscuros se detuvieron en cada curva. Una mezcla de adoración y una chispa de posesividad recorrió su rostro.
ALESSANDRO > Estás... deslumbrante, mi amor.
Su voz era ronca, cargada de deseo.
VALENTINA > ¿Te gusta? Pensé que te gustarían los colores del mar.
Ella sonrió, consciente del efecto que causaba en él.
ALESSANDRO > Me encanta. Aunque... prefiero que solo yo lo vea.
Él la abrazó, su mirada recorriendo la playa, asegurándose de que no hubiera nadie cerca.

Pasaron la mañana disfrutando del sol, del agua cristalina. Alessandro no se separaba de ella. La acariciaba, la besaba, como si quisiera dejar claro a un mundo imaginario que Valentina era suya.

A media tarde, Alessandro recibió una llamada de trabajo urgente. Se excusó, prometiendo volver en cuanto pudiera. Valentina asintió, acostumbrada a sus compromisos. Decidió quedarse un poco más en la playa, disfrutando de la brisa.

Mientras estaba tumbada en la hamaca, leyendo un libro, un hombre se acercó. Era alto, apuesto, con una sonrisa fácil.
HOMBRE > Disculpa. ¿Te importaría si me presento? Me llamo Mateo.
Valentina levantó la vista, una sonrisa educada en sus labios.
VALENTINA > Hola, Mateo. Valentina.
MATEO > Es un nombre precioso. Como tú. Disfrutando del paraíso, ¿verdad?
Él se sentó en la arena, un poco más cerca de lo que Valentina consideraba apropiado.
MATEO > Viajo solo. Y la verdad es que una compañía tan hermosa como la tuya sería un placer. ¿Quizás un cóctel más tarde?
Valentina sonrió, una sonrisa amable pero firme.
VALENTINA > Gracias, Mateo. Pero no viajo sola. Estoy en mi luna de miel.
Ella señaló discretamente el anillo de bodas que brillaba en su dedo.

Mateo pareció un poco sorprendido, pero no se inmutó.
MATEO > Vaya. Felicidades. Tu esposo es un hombre muy afortunado. Y muy descuidado por dejarte sola.
Él le guiñó un ojo.

Justo en ese momento, una sombra se cernió sobre ellos. Alessandro había regresado, su rostro una máscara de furia contenida. Su mirada, oscura como una tormenta inminente, se posó primero en Mateo, luego en Valentina.
ALESSANDRO > ¿Hay algún problema aquí, mi amor?
Su voz era baja, peligrosamente tranquila.

Mateo se levantó de un salto, sintiendo la tensión en el ambiente.
MATEO > No, no, ningún problema. Solo estaba conversando con tu esposa. Ya me iba.
Él se disculpó rápidamente y se alejó a toda prisa, casi corriendo.

Alessandro se volvió hacia Valentina, su rostro aún tenso.
ALESSANDRO > ¿Conversando? ¿Con mi esposa? ¿Y qué te decía ese tipo?
VALENTINA > Nada importante. Solo me preguntaba si quería un cóctel. Le dije que estaba en mi luna de miel.
Alessandro suspiró, la rabia cediendo el paso a una posesividad aún más intensa.
ALESSANDRO > Te dije que ese bikini era demasiado provocador. Y no te dejaré sola ni un segundo más.
Se sentó a su lado, la abrazó con fuerza.
ALESSANDRO > Eres mía, Valentina. Solo mía. Y que nadie se atreva a olvidarlo.
La besó, un beso profundo y posesivo que no dejaba lugar a dudas. Los celos estaban ahí, sí. Pero también el amor, la pasión y el alivio de tenerla cerca, segura, a su lado.

Valentina se rió, una risa suave que él adoraba.
VALENTINA > Sabes, Alessandro. A veces, eres tan predecible. Y tan... adorablemente celoso.
Él le sonrió, un destello de diversión en sus ojos oscuros.
ALESSANDRO > Y tú, mi amor, eres la única mujer que puede sacar lo mejor y lo peor de mí. Y me encanta.
La luna de miel continuó, con Alessandro convertido en su sombra, su guardián personal, sus celos un condimento constante en su apasionada relación.

VALENTINA (V.O.)
La playa. El sol. Y el celoso guardián. Alessandro sigue siendo él mismo, pero ahora, sus celos son una prueba más de que, después de todo, me ama. A su manera. Y la verdad es que, en el fondo, me gusta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.