La división fantasma

13

Mei corría tan rápido como podía de regreso a la aldea lakota. Delante de ella iban Yeon, Dimitri, Mateo y Tariq.

Miró hacia atrás y sus ojos se abrieron de golpe.

Diez draconarii corrían a toda velocidad tras ellos. El más cercano tomó impulso y dio un salto colosal. Mei lo vio pasar por encima de sus cabezas. No lograba comprender cómo una criatura que parecía una excavadora viviente podía moverse con semejante agilidad.

El monstruo aterrizó justo delante del grupo. Todos tuvieron que frenar en seco para no chocar contra él, lo que dio tiempo al resto de draconarii a alcanzarlos y rodearlos.

Diez reptiles de más de tres metros de altura, cubiertos de escamas oscuras y armados con garras capaces de desgarrar el metal, cerraban el círculo en torno a ellos.

Karn los observaba con su único ojo, estudiándolos con una inquietante calma.

—Quietos —ordenó Yeon—. No rompáis el círculo. Activad vuestras armas.

Uno de los draconarii rugió y se lanzó contra Mateo. Una de sus garras pasó rozando su cabeza. Apenas unos centímetros más a la izquierda y se la habría arrancado de cuajo.

Mei reaccionó al instante.

Su casco de combate se desplegó alrededor de su cabeza con un chasquido metálico. Acto seguido desenvainó la espada de energía de su costado y la activó.

La hoja luminosa atravesó al draconarii desde la parte superior del cráneo hasta la entrepierna en un único movimiento descendente.

El filo separó el hueso del cráneo, partió la columna vertebral, abrió el pecho, dividió el corazón y los pulmones y continuó descendiendo por el abdomen, cortando intestinos, caderas y ambas piernas hasta salir entre los pies.

Durante una fracción de segundo el reptil permaneció inmóvil, como si no hubiera comprendido lo ocurrido.

Después su cuerpo se abrió en dos mitades perfectas.

Una lluvia de sangre negra, fragmentos de hueso, vísceras y masa encefálica salpicó a todos los presentes mientras ambas mitades caían pesadamente al suelo.

Los demás draconarii retrocedieron varios pasos.

Karn volvió a evaluar al grupo.

Aquellos humanos no eran como los anteriores.

Recorrió a cada uno con la mirada antes de emitir una serie de chasquidos, gruñidos y sonidos guturales en su propio idioma, sin dejar de observar de reojo a Yeon.

De pronto, los ocho draconarii restantes cargaron contra el grupo.

Mientras todos centraban su atención en ellos, Karn desapareció con una velocidad sorprendente.

Apareció frente a Yeon.

Antes de que pudiera reaccionar, hundió una enorme daga en su abdomen.

La hoja atravesó el blindaje de combate y se hundió en su vientre.

Con un violento tirón ascendente, Karn abrió el abdomen de la capitana desde debajo del ombligo hasta casi el pecho.

La armadura se rasgó junto con la carne.

La sangre brotó a chorros del muñón mientras parte del intestino comenzaba a asomar por la enorme abertura.

Yeon cayó de rodillas y se llevó las manos al vientre, tratando de contener las vísceras.

—¡Capitana! —gritó Mei.

De un tajo acabó con dos draconarii más y corrió hasta ella.

A su alrededor, Dimitri, Mateo y Tariq mantenían ocupado al resto de los reptiles.

—IA, revísala —ordenó Mei.

La inteligencia artificial respondió de inmediato.

—La capitana Yeon presenta una herida abdominal masiva. Hay sección muscular completa, hemorragia interna y externa crítica, perforación múltiple de intestinos y probable lesión hepática. La pérdida de sangre supera el cuarenta por ciento del volumen corporal. Sin intervención quirúrgica inmediata entrará en shock hipovolémico irreversible. Tiempo estimado de supervivencia: menos de diez minutos.

Mei activó el comunicador.

—Sora, aquí Mei Ling. La capitana Yeon está gravemente herida. Prepara la enfermería de la nave. ¡Ahora!

—Confirmado —respondió Sora desde la aldea.

—Mateo, prepara a Yeon para el traslado.

Mateo atravesó el cráneo de un draconarii con su espada y corrió hasta las dos mujeres.

Cuando llegó, Mei se incorporó y volvió a activar su espada.

Un draconarii había logrado acercarse y descargó una enorme hacha sobre ella.

Un disparo de energía resonó en el aire.

El proyectil impactó de lleno en la cabeza del reptil.

El cráneo explotó en una nube de sangre, fragmentos de hueso y masa encefálica.

El cuerpo se desplomó sin vida.

Otro disparo atravesó el campo de batalla y abatió a dos draconarii más.

—¿Izzy? —preguntó Mei.

—Tú acaba con el tuerto —respondió Izzy por radio—. Yo me encargo de los otros tres.

Dos nuevas ráfagas atravesaron el aire.

Los proyectiles perforaron las cabezas de dos reptiles, convirtiéndolas en una masa informe de carne y huesos triturados.

Los cadáveres cayeron pesadamente al suelo, dejando a Dimitri y Tariq libres para ayudar a Mateo con Yeon.

Solo quedaban dos enemigos.

Karn y otro draconarii.

Una ráfaga de disparos impactó contra este último.

Doce proyectiles atravesaron su pecho y abdomen, dejando enormes orificios de salida. El reptil dio un par de pasos tambaleantes antes de desplomarse muerto.

Ahora solo quedaban Mei y Karn.

Ambos se observaron en silencio.

Ninguno apartó la vista del otro.

Fue Karn quien hizo el primer movimiento.

Saltó varios metros por los aires y cayó sobre Mei como una bestia depredadora.

Ella rodó hacia un lado y esquivó el impacto.

Pero Karn había previsto aquella reacción.

Con un movimiento fulminante activó una daga de energía oculta en su muñeca.

La hoja luminosa describió un arco horizontal.

Mei apenas sintió resistencia.

Un instante después vio cómo su brazo izquierdo salía despedido por el aire.

La sangre brotó violentamente del muñón mientras el dolor llegaba como una explosión.

La mujer cayó al suelo lanzando un grito desgarrador, retorciéndose entre espasmos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.