La Doble Vida De Noa

Otro Despertar 9.

El despertador sonaba. Noa tanteaba buscando el infernal aparato para callarlo. Logró apagarlo para volver a envolverse en las cálidas cobijas. Cinco minutos después, la morena recordó que debía levantarse. Apresurada, dio una patada para quitarse las cobijas de encima. Entró al baño para alistarse; se lavó los dientes para luego darse una ducha rápida.

—¡Carajo! —exclamó molesta—, Noa, justo en tu primer día, cómo vas a quedarte dormida...

Guardó silencio. Alguien tocaba la puerta. Terminó de abotonar su camisa para acto seguido abrir la puerta.

—Buenos días —saludó Noa—, Lilly, ya sé que desperté tarde, ya voy, sí, solo dame...

—No te preocupes —dijo la doméstica, con una sonrisa, esperando que Noa se calmara. La morena no dejaba de hablar, así que la chica decidió tomar la palabra—, no te preocupes, no es tarde, Noa. Solo vine a darte un recado de parte del señor Von Parker.

Al escuchar aquello, Noa guardó silencio, esperando el recado de parte de Lilly.

—Bueno, está bien.

—El señor Alexander me pidió que alistes a la pequeña Luna. Hoy habrá una cena importante y estarán miembros de la familia Von Parker. Me dijo que estuvieras vestida para la ocasión.

—O sea que los jeans y sudaderas están prohibidos —dijo, riendo—. Lilly, ¿de verdad dijo eso?

Lilly asintió como respuesta. —Noa, yo creo que un lindo vestido será suficiente.

«Ahora, ¿de dónde sacaré un vestido?», pensó Noa, frustrada.

—Noa, ¿pasa algo? —preguntó Lilly, al ver la expresión de la morena.

Negó moviendo la cabeza a ambos lados.

—¿Segura?

—Sí, seguro —habló Noa, terminando de arreglar su cabello—. Ya vamos, seguramente la niña está por despertar, debo alistarla y...

—Luna ya despertó. Está en el comedor desayunando.

Abrió los ojos al ver la hora. Eran casi las ocho de la mañana. No podía creer lo tarde que era y justo en este trabajo. Salió de la habitación, caminó rápidamente por la mansión hasta llegar a la cocina. Allí vio a Betany y una mujer robusta de rostro amable.

—Buenos días, Noa. ¿Quieres desayunar? —preguntó Betany, sin dejar de lavar los platos.

—No, no, disculpe, yo desperté tarde y...

—No, linda, está bien. Estabas cansada. Además, Lunita despertó hoy más temprano de lo usual; seguramente anoche tuvo muy buen sueño —dijo Betany, secándose las manos.

—Buen sueño —musitó Noa, confusa ante lo que Betany comentó—. Disculpe, ¿a qué se refiere con tener buen sueño?

Desconocía muchos datos de la pequeña. Creyó que mientras más supiera de Luna, mejor haría su trabajo.

—Por lo general, Luna tiene problemas para dormir desde hace unos meses —recordó el ama de llaves, que conoció a la niña desde que esta era solo una recién nacida—, desde que la señora falleció, la niña volvió a tener problemas para dormir.

—El refri... digo, el señor Alexander es viudo.

—Sí —dijo Betany, con tristeza en su voz—, la señora Leonora nos dejó muy temprano. Su partida dejó al señor Von Parker muy mal y la pequeña Luna retrocedió mucho en su comportamiento —comentó el ama de llaves, con pesar, recordando a la señora Leonora.

—¿Y usted conoce al señor hace cuánto?

—Desde que era un pequeño niño de la edad de Lunita. Le tengo mucho cariño. Bajo de esa seriedad y esa coraza se esconde un buen hombre. No era el mismo que es hoy día.

Noa pensó en cómo sería su jefe. Según Betany, no siempre fue un témpano. Aunque algo de eso se podía ver en cuanto lo veía con su hija; se mostraba tan diferente.

•••

Tenía rato en absoluto silencio. Solo se escuchaba el sonido de las teclas del ordenador. Hace rato quería hablar con Alexander, pero este parecía evitarlo.

—Alex —llamó Francisco, agitando la mano frente a su primo, pero el rubio no respondió—. Alex, no me digas que la visita del abuelo te tiene así de tenso, hermano. No es para tanto, solo...

—No es eso, Francisco —dijo, con seriedad—. Solamente estoy concentrado en adelantar la presentación del plan de negocios con los japoneses. Los invité a la cena de esta noche con la intención de darle más confianza a Daisuke Shinomoto antes de irse.

Francisco rodó los ojos con fastidio. Su primo solo era una máquina de trabajo; era un poco irritante su exceso de perfeccionismo.

—Alexander, ese anciano confía en ti. El abuelo le dio muy buenas referencias tuyas. No entiendo, te preocupas mucho por nimiedades —espetó el castaño, con fastidio en su voz.

—Frans, no son nimiedades. Este es mi primer trato como el nuevo CEO del grupo Parker —replicó el rubio, quitándose sus anteojos con molestia—, no entiendo cómo puedes estar tan tranquilo. Takeru Shinomoto tenía razón; nuestras ventas han mermado estos últimos años. Nos hemos quedado atrás y por eso nuestra propuesta dejó de ser atractiva para muchos. No puedo permitirme fracasar. Una colaboración con Nova podría ser el repunte que no solo la compañía necesita, sino todo el grupo Parker.

—De acuerdo, pero relájate un poco, hermano. No es para que colapses. Además, ese trato ya está cerrado. Tenemos un año para cerrarle la boca a Takeru Shinomoto —dijo, con simpleza, Frans. El castaño pensó que su primo había armado una tormenta en un vaso de agua—. Solo cálmate, todo estará bien.

—Tú tienes razón —secundó Alexander, de acuerdo con su primo en que debía calmarse un poco—. El abuelo vendrá esta noche. No sé si es solo por visita, o hay algo más en su visita —dijo el rubio, pensativo, apoyando su cabeza en uno de sus brazos, descansando su peso en el escritorio.

—Alex, es el abuelo. Fred, sabes que así de la nada hace estas cosas. Y quizás ahora que no estás en Alemania, él extrañe a Lunita. Por cierto, ¿qué tal la niñera, está buena? —preguntaba Francisco, con un aire despreocupado.

Miró a su primo con los ojos entrecerrados. El castaño no cambia ni estando comprometido.

—Es joven —dijo—. Pensé que Kate buscaría a alguien mayor, pero Luna, desde que la vio, se aferró a que ella fuese su niñera.




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