Tenía que hablar con Noa, pero no por teléfono; debía ser en persona. Aunque había un inconveniente: Cameron no tenía ni la menor idea de la dirección de su nuevo trabajo, apenas y sabía que era en Hudson Valley.
—Carajo, ¿qué haré? —se cuestionó la pelirroja, impaciente por una respuesta. Podía hablar con Noa, pero seguramente ella no le diría nada. Lamentó haber discutido con su amiga de esa manera—. Tengo una idea.
Se levantó como resorte de la cama. Salió del departamento, tocó repetidas veces la puerta hasta que esta fue abierta.
—¿Qué se te perdió por aquí? —habló una mujer mayor, con semblante serio.
—Hola, señora, ¿está Lexi? Necesito preguntarle algo.
—¿Y qué tendría que hablar mi Alejandra con una mujer como tú? —cuestionó la mayor, recostando su cuerpo en el marco de la puerta.
Cameron respiró profundo. Quería decirle un par de cosas a esa anciana, pero este no era momento para dejarse llevar por sus impulsos.
—¿Está su nieta, o no está? —dijo, fastidiada, la pelirroja—, es importante, es sobre mi amiga...
—¡No está y aunque estuviera no la llamaría! —exclamó molesta la anciana, cruzándose de brazos y poniéndole más mala cara a Cameron—. Mi Alejandra perdió una oportunidad de trabajo por culpa de Noa. Esa es otra mujerzuela igual que tú. Le dije a mi Lexi que no fuera tan ingenua, pero no, ella tenía que siempre ser tan buena y darle la oportunidad a una zorra como tu amiguita.
—¡Escuche, vieja decrépita, ni mi amiga ni yo somos mujerzuelas, además si así fuera eso no es su asunto...!
—¿Qué ocurre aquí? —preguntó una voz femenina.
Cameron se dio la vuelta de inmediato. Reconoció esa voz.
—¡Alejandra, te estaba buscando! —dijo la emocionada pelirroja.
—Bueno, aquí estoy —respondió la chica, confusa por el alboroto.
—¡Alejandra! —regañó la abuela a su nieta—, no quiero que te vean hablando con esta perdida.
Entregó unas bolsas de víveres a su abuela. Le dio una mirada amable, pidiéndole que guardara las bolsas. Ella estaba por entrar a casa. Una vez sola, Alejandra hizo ademán a Cameron para que esta dijese para qué la buscaba con tanta insistencia.
—Necesito que me digas la dirección de Noa.
No era su asunto preguntar, pero le pareció extraña la pregunta de Cameron. Es decir, ella y Noa eran mejores amigas, casi hermanas, esto último dicho por Noa. No entendía por qué simplemente no se lo preguntaba directamente a la morena.
—¿Pasó algo? —dijo Alejandra, haciendo otra pregunta.
Cameron suspiró, frustrada al no obtener la respuesta que buscaba.
—¿Me dirás, o no?
La hostilidad de Cameron confirmó sus sospechas. Esas dos habían peleado; seguramente el motivo era el trabajo de Noa. —Dime, tú y Noa son buenas amigas. Si tanto necesitas saber la dirección de su trabajo, ¿por qué simplemente no se lo preguntas? —refutó Alejandra, cruzándose de brazos.
—Porque discutimos —confesó Cameron, irritada—, quiero hablar con ella y hacer las paces. Dije algo que no debí y quiero disculparme.
También quería prevenirla de las amenazas de Fabrizio. Ya le había escrito algunos mensajes desde que habló con Fabio, pero Noa simplemente no respondió.
—Tranquila, entiendo, Cameron, pero creo que dándote su dirección las cosas no se van a solucionar. Noa quiere darle otro sentido a su vida. Deja que ella te busque en cuanto las aguas estén más calmadas.
No podía esperar eso que Alejandra decía, pero en algo su vecina tenía razón. Su amiga hace mucho quiso huir de Caleidoscopio y, cuando tuvo la oportunidad, ella, en vez de alegrarse, se lo reprochó.
—Tú ganas.
Luego de decir aquello, la pelirroja dejó a la enfermera parada frente a la puerta de su departamento. Alejandra negó con un movimiento de cabeza para luego meterse a su departamento.
•••
Dejó a Luna con Betany un momento. Su teléfono no paró de sonar en todo el día, pero en horario laboral no podía atender. Vio que era Cameron, aún así no respondió; debía estar al pendiente de la niña. Iba tan distraída que no notó que alguien más caminaba justo frente a ella. Fue como si se topara con la pared; él no se movió, pero ella sí.
Trastabilló. Iba directo al suelo. Un fuerte brazo la sostuvo, evitando que llegase al suelo de sentón. Ella cerró los ojos, esperando un golpe que nunca llegó.
—¿Está bien? —cuestionó una voz masculina.
Abrió los ojos, sorprendida al escuchar esa voz la cual reconoció de inmediato. Su mirada azabache se cruzó con aquel azul profundo que tanto la ponía nerviosa.
—Sí, estoy bien, discúlpeme, no fue mi intención, yo lo siento...
—No se preocupe, no pasa nada, estas cosas pasan —respondió Alexander, volviendo a su habitual frialdad.
—Gracias.
—Señor Von Parker —llamó Kate, apresurando el paso en cuanto vio a su jefe—, ya su abuelo está por llegar. Ya envié por él para que no espere en cuanto aterrice.
—Muchas gracias, Kate —respondió el rubio a su asistente—, en cuanto llegue Francisco, pídele que venga, que lo espero en mi estudio.
Sin agregar más, Alexander siguió su camino hasta perderse de vista.
Una vez sola, Kate fulminó a Noa con la mirada. —Se supone que estás aquí para cuidar a Luna, no para deambular donde no se te ha llamado, Noa.
—Sí, señora, lo siento, no pasará de nuevo...
—Pues más vale que así sea, Noa, no quiero volver a verte sin hacer nada. De lo contrario, así como llegaste, puedes irte.
No dijo nada más. Solo se dio media vuelta, caminando y moviendo en exceso sus caderas, haciendo resonar sus tacones.
Noa la miró alejarse hasta perderla de vista. Suspiró, confundida ante el tajante reproche de Kate. Se preguntó: ¿qué pasó con la amable mujer que la contrató?
«¿Qué le habrá picado?» se cuestionó confundida la morena, por la repentina reacción de la rubia.
—¿Acaso será bipolar? —dijo, retomando su camino.
Llegó a su habitación y allí revisó los muchos mensajes que Cameron le había enviado. También había llamadas perdidas de Fabrizio. Debía notificarle que no volvería al club. Pero eso suponía que él iba a insistir en que no podría por su aún muy larga deuda.
Editado: 24.06.2026