La Doble Vida De Noa

Incertidumbre.

—Gracias —dijo ella con la mirada baja—, no tenías que hacer esto.

Desvió su vista del camino para mirar a la chica en el asiento del copiloto que miraba al frente con la mano apoyada en su mejilla recostada a la puerta del auto, sus pestañas eran largas sus labios provocativos era preciosa incluso sin una gota de maquillaje, y ni ese semblante   de preocupación que traía disminuía su hermosura.

—Si, bueno no estás bien, es decir tu resfriado...

—Si no te preocupes en  explicar Takeru, yo entiendo.

Ambos dejaron de hablar  el silencio volvió a reinar, Takeru miraba de vez en cuando a la chica con la esquina del ojo, tanto silencio le incomodaba.

—Sabes cuando dije que le contaría a Alexander de tu otro trabajo, de verdad no iba a contarle, no era mi intención que esto pasara.

—Entiendo —fue su respuesta no creyó en las palabras de Takeru, pero eso ya no tenía importancia, ya Alexander lo sabía todo y como Noa temía su reacción no fue la mejor, fue estúpida al creer que esto terminaría bien—, no vale la pena hablar de eso, en primer lugar ya no trabajo para él y en segundo lugar porque tampoco soy bailarina en resumen soy parte de la amplia cadena de desempleados en Nueva York y justo en enero un mes un poco complicado.

Rió con desgano ante sus palabras, quería ver la situación desde un lado menos trágico, pero hasta ahora no lograba verlo «Cameron tenía razón no debí enamorarme de un hombre como Alexander, aunque uno no puede controlar sus sentimientos, pude guardar distancia y no dejar que siguiera creciendo este sentimiento». Suspiró melancólica recordando la conversación con su mejor amiga.

—Llegamos. —Dijo Takeru sacando a Noa de su enjambre de pensamientos.

—¿Ah? —respondió la pelinegra saliendo de sus lagunas sentimentales.

—Según la ubicación que me diste ya llegamos. —Repetia Takeru apagando el auto.

—Gracias, puedes irte no es necesario que te quedes.

—¿Segura no quieres...?

—No, no quiero darte molestias Takeru ya hiciste mucho por mi, es suficiente.

Quiso decirle que para él no era ninguna molestia ayudarle, aunque a último momento desistió de lo que iba a hacer, no sabía que era lo que le estaba motivando  ayudarla, él no era un caballero ayudando a damiselas en peligro dicho por sus hermanos mayores, él era un patán con las mujeres y solo tenía como prioridad su trabajo.  

—Para mi no es molestia esperarte.

Noa le regaló una sonrisa al chico, este no dejaba de sorprenderla tuvo una pésima primera impresión de Takeru, pero ahora lo veía como algo más que el típico niño rico engreído y egocéntrico.

—Gracias, sabes  no te pareces en nada al imbécil que conocí aquella noche en el club.

—¿Y te gustaba más el imbécil? —cuestionó él con ironía.

Noa negó sin  abandonar su sonrisa y dijo:  

—Me gusta más este Takeru, está bien puedes venir conmigo. —Dijo saliendo del auto para acto seguido cerrar la puerta.

Takeru hizo lo mismo alcanzó a la morena, ambos llegaron a la entrada de una casa antigua.

—¿Segura que este es el lugar? —cuestionó Takeru subiendo el último escalón, miraba de un lado a otro inspeccionando el lugar.

—Si no te preocupes, este es un lindo vecindario a comparación de donde yo  vengo.

—¿Ah sí? —cuestiono exceptico tenía curiosidad por saber de dónde venía esa chica pues era obvio que no era común en apariencia y comportamiento a la mujer estadounidense promedio—, ¿Y cuál es tu vecindario chica ruda?

—Harlem —respondió Noa encogiéndose de hombros.

No dijo nada ante la respuesta de Noa, aunque era extranjero ya había escuchado de ese lugar y seguro no era una palabra que definiese muy bien a ese sitio. La puerta se abre Noa fué recibida por Nicholas que de inmediato se hizo a un lado dejandola pasar junto a su acompañante.

—¿Dónde está? —inquiere la morena refiriéndose a Cameron.

—En la habitación de invitados, te llevo.

—Si —respondió siguiendo a Nick, Noa se detuvo dándose la vuelta encontrándose con la mirada avellana de Takeru—, espérame aquí ya vuelvo.

Takeru solo asintio cómo respuesta a la petición de la chica, metió las manos a sus bolsillos mientras la veia alejarse con aquel sujeto.  

Noa abría  la puerta señalada por Nicholas, allí vió a Cameron hecha un desastre sus ojos estaban rojos signo de haber estado llorando mucho.

—Cami —susurró tomando asiento en la cama acariando los rojos mechones de su mejor amiga—, ya estoy aquí amiga, ¿dime qué tienes?

Cameron al ver a Noa ahí junto a ella abrazó a la pelinegra el efusivo gesto casi las hace caer al suelo.

—Cami vine en cuanto pude amiga dime ¿Qué te ocurrió?

—¿De verdad no lo sabes? —preguntó Cameron reponiendose un poco—. Noa no estás mintiendo, tú trabajas para los Von Parker de nada servirá. —Dijo la pelirroja limpiando sus lágrimas.

—Pues te lo prometo, no se que ocurrió además ya no trabajo para esa familia. —Respondió la pelinegra no queriendo nombrar a Alexander.

—Es Frans —habló Cameron en un hilo de voz, no quería pronunciar las siguientes palabras, pensarlo ya le ocasionaba dolor—. Noa Frans tuvo un accidente...

El llanto volvió quitándole a Cameron el habla para la pelirroja no era una situación facil de llevar, aunque de los dientes para afuera no aceptara sus sentimientos por dentro sentía su alma consumirse lentamente por Frans.

Noa volvió  abrazar a Cameron la chica estaba teniendo una crisis por la fuerte noticia, ella no sabía lo que había pasado al regresar de Italia todo parecía ser miel sobre ojuelas para los recién casados.

—Cayó la avioneta donde viajaba con su esposa.

Noa abrió los ojos sorprendida no esperaba recibir aquella noticia, solo esperaba que Frans y su esposa estuvieran bien, también los involucrados en aquel accidente. Sabía que su amiga tenía sentimientos por Francisco Von Parker, aunque no lo aceptara Cameron podía fingir pero con ella no serviría pues ya sabía los sentimientos de la pelirroja por el rebelde de Frans.




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