La Condesa Blackthorne, con los labios apretados y un brillo de hielo en sus ojos, respondió: -No, gracias. Dígame, ¿qué hace se le debe que la duquesa esté afuera de su palacio?
-Una tiene que salir de vez en cuando, y qué mejor que acompañada de mis hijas, ¿no lo cree? -Sin inmutarse
-Si lo creo. Pero ¿por qué está aquí? No me malinterprete, puede llamar a cualquier modista y va a su casa y con gusto irán .voz temblorosa,
-Si lo sé, pero mis hijas querían venir por sus vestidos para el baile de la reina, así que me pidieron que las acompañara. movimiento de cabeza,
-Irá a la fiesta de la reina.-sorprendida.
con una sonrisa triunfante. -Por supuesto que sí. Ella misma me invitó.
Un silencio gélido se extendió por la sala. Los susurros, como un viento frío que recorría la espalda, se intensificaron.
-Yo escuché que no salía - dijo una voz.
-Yo oí que no recibía invitaciones, ni gente - dijo otra.
-Pero se dice que fue a ver al rey - dijo una tercera.
-Bueno, ¿qué les parecieron los vestidos? ¿Les gustan? - dijo, con un tono forzado.
Emma, con los ojos húmedos y un nudo en la garganta, respondió: -No mamá, quiero ir a otra tienda. No me siento cómoda aquí.
-A mí me gustó, pero las mangas y el cuello son incómodos. Sr. Iris, ¿cree que podría modificarlos antes del baile?
La Sr. Iris, con una sonrisa amable. -Si, por supuesto. Será un placer. Se los enviaré cuando estén listos.
-Buena fue un gusto hablar con usted, Condesa Juliette.
El sol de la tarde se filtraba por las calles adoquinadas, creando un halo dorado sobre el rostro de la duquesa. Salimos del establecimiento, con una cesta llena de sedas, encajes, cintas y nos dirigimos a la siguiente tienda. Los chismes, son como una plaga invisible, se habían esparcido por las calles como un velo de murmullos.
"Han visto a la duquesa comprando en la tienda de la Sr. Iris,susurró una joven con un rostro lleno de intriga. "Dicen que busca vestidos para el baile de la reina."
"Y qué curioso," comentó otra, con un tono de voz sarcástico, “el príncipe está haciendo de las suyas, dicen que ha estado frecuentando los burdeles de la ciudad."
La duquesa, con una expresión de indiferencia, ignoró los chismes y continuó su camino, con los ojos puestos en el objetivo. Sabía que tenía que hablar con el príncipe heredero, pero no quería hacerlo en un momento de tensión.
Cuando terminamos de comprar todo lo necesario para el baile, regresamos a casa. Al llegar, Max, el mayordomo principal nos recibió con su habitual expresión imperturbable, nos recibió con una reverencia.
—¿Cómo estuvo su salida?
—¡Divertido! Mamá me regaló un nuevo par de aretes y una diadema. —Alegre
—¿Y a usted, señorita Elí?
—Me regaló un par de guantes y unos collares.
Max, con un movimiento casi imperceptible, se acercó a la duquesa y le susurró algo al oído. La expresión de la duquesa, en un instante, se tornó fría y gélida.
"Vayan a entregar los regalos a sus hermanos," dijo con un tono de voz seco, "y en un rato las veré."
—El joven Evan estaba curioseando en su estudio. Le quité la carta, pero no sé si la vio. Voz tranquila, pero con un toque de preocupación.
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Editado: 11.01.2026