"No sé qué hacer, Max. No puedo seguir así, encerrada en este castillo, sin saber qué hacer."
"Señora, no hay que tener miedo. El miedo solo alimenta la oscuridad. Usted tiene la fuerza, la inteligencia, la magia. Usted puede superar esto. Recuerde quien es."
Me levanté de la silla y me dirigió hacia la ventana, mirando el jardín que se extendía ante mis ojos. Las flores estaban en plena floración, los árboles se balanceaban con la brisa suave, y el sol de la tarde proyectaba una luz dorada sobre el paisaje. Pero la belleza del jardín no podía llegar a su alma.
"No sé, Max. No sé."
Max se levantó y se acercó a ella. "Señora, tiene que tomar una decisión. ¿Qué es lo que le dicta su corazón? ¿Qué es lo que siente que debe hacer?"
La duquesa respiró hondo, sus ojos llenos de lágrimas. "No quiero volver a la corte. No quiero volver a ser la duquesa que todos detestan. Pero ¿qué hago? ¿Cómo puedo proteger a mis hijos si me quedo aquí?"
Max la observó con paciencia, sin ofrecerle una respuesta fácil. "Señora, la decisión es suya. Pero le aseguro que, cualquiera que sea su decisión, usted siempre será una madre, siempre será la duquesa, siempre será la mujer que todos admiramos."
Las palabras de Max resonaron en su alma. Era cierto. No importaba lo que sucediera, ella seguía siendo la misma. Ella era la duquesa, la madre, la mujer fuerte que siempre había sido.
"Gracias, Max," dijo la duquesa, con la voz llena de gratitud y esperanza.
En ese momento, sintió que la niebla que la había envuelto durante tanto tiempo comenzaba a disiparse. Todavía había muchos desafíos por delante, pero ella estaba lista para enfrentarlos.
Se giró hacia Max, con una nueva determinación en sus ojos.
"Voy a regresar a la corte. Voy a luchar por mis hijos, por mi reino. Y voy a demostrarles a todos que no me he olvidado quien soy."
Max, con una sonrisa de alivio, la observó con admiración.
"Señora, sabía que usted lo haría."
La duquesa, con la determinación brillando en sus ojos, se volvió hacia Max. "Pero, Max, no puedo volver sin una estrategia. Necesito un plan, un plan que me permita enfrentar a mis enemigos, recuperar mi posición y, sobre todo, proteger a mis hijos."
Max asintió lentamente, su mirada llena de respeto. "Por supuesto, Señora. Necesita un plan, una hoja de ruta para navegar por las aguas turbulentas de la corte. Permíteme sugerir algunas ideas."
"Primero, debemos saber con quién podemos contar. ¿Quiénes de sus aliados siguen a su lado? ¿Quiénes son aquellos que se pueden ganar con un pequeño esfuerzo?"
La duquesa meditó por un momento. "Lady Amelia, sin duda, ha sido una fiel amiga. También Lord Reginald, a pesar de su postura neutral, se muestra a favor de nuestra familia. Y el Conde Alexander, aunque ambicioso, puede ser un aliado valioso si se le ofrece algo a cambio."
"Excelente," dijo Max, inclinándose hacia delante, su mirada fija en la duquesa, como un halcón que observa su presa. "Pero hay que tener cuidado. La corte es un campo de batalla, y cada movimiento debe ser calculado. ¿Qué hay de los detractores?"
"El Duque de Thorne, con su mirada fría y susurros venenosos, busca mi caída. También la Condesa de Blackthorne , una mujer con ojos de serpiente y un corazón lleno de ambición. Y el Obispo Arístides, un hombre de poder que se esconde tras una máscara de falsa piedad y ha estado utilizando a mi familia para sus propios fines,” dijo la duquesa, su voz llena de una furia contenida.
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Editado: 11.01.2026