La Duquesa

3

—¡Tú no sabes nada! —exclamé, poniéndome de pie. Mi rabia estalló y, de repente, los tinteros y los libros del escritorio empezaron a flotar en el aire, rodeados de una nube de estática— Tú crees que eres la única, que no sabe que es perder a alguien yo también perdí...perdí a mi único amor.

—¡Por Favor Cálmate! —ordenó Davio, no con autoridad, sino con súplica.

Respiré hondo, obligando a los objetos a caer de golpe sobre la mesa. Mi voz se quebró. —Ya no puedo controlarlo, Davio. Mi magia... mi mente... todo se me escapa de las manos. No sé qué hacer.

El Rey rodeó el escritorio. Su semblante firme se desmoronó, mostrando al hombre que se preocupaba por su amiga. Se agachó frente a mí y tomó mis manos. Estaban frías, pero las suyas irradiaban un calor que me hizo flaquear. —Te estás hundiendo, y el reino te necesita. Yo te necesito. Prométeme que irás al baile.

Me entregó una invitación dorada. La miré como si fuera una sentencia de muerte. —Lo pensaré, Su Alteza —dije recuperando mi máscara de frialdad—. Con su permiso, me retiro.

Salí del estudio con el corazón latiendo con fuerza. Encontré a Evan junto a la fuente; parecía estar en otro mundo, con una sonrisa soñadora que no le había visto en mucho tiempo.

—Es hora de irnos, hijo —le dije.

Él asintió, ayudándome a subir al carruaje. Antes de que la puerta se cerrara, miré hacia la ventana del estudio. Davio estaba allí, observando. Asentí ligeramente, una promesa silenciosa de que, al menos por una noche, volvería a ser la Duquesa que todos temían.

—¿Pasa algo, mamá? —preguntó Evan al notar mi silencio. —No... solo que el pasado siempre encuentra la forma de volver —respondí, mientras el carruaje nos alejaba del palacio.

En el estudio real, el ambiente era pesado. Davio observaba un mapa con fijeza.

—Búscalo, Michel. Sabes perfectamente a quién me refiero. Y lo quiero localizado hoy mismo.

Michel, su consejero de confianza, arqueó una ceja mientras se ajustaba los puños de la camisa.

—¿Está seguro, Majestad? Sabe que, en cuanto lo encontremos, él no vendrá a palacio. Irá directo a buscarla a ella.

Davio se mantuvo en silencio un largo momento, apretando la mandíbula.

—Esa es exactamente la idea —respondió con voz ronca.

—No lo noto muy convencido —insistió Michel, cruzándose de brazos—. ¿Realmente está seguro de que quiere abrir esa herida de nuevo?

—No sé si vendrá, Michel. Solo espero que, si lo hace, sea para salvarla y no para terminar de hundirnos a todos. Puedes retirarte.



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En el texto hay: misterio, magia, ursupacion de poder

Editado: 19.04.2026

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