El salón de baile resplandecía, la música envolvía cada rincón y, por un momento, la felicidad era real. Alguien pronunció mi nombre. Al girarme, él estaba allí, esperándome con una rosa roja entre las manos. —Te ves hermosa —susurró.
Le respondí con una sonrisa, pero antes de poder alcanzar la flor, el mundo se quebró. El calor se volvió insoportable;el fuego brotó del suelo, rodeándome, devorándose todo. Él desapareció entre el humo y de repente me encontré en el suelo, sola, mientras el fuego consumía mis recuerdos.
Me desperté de golpe, sudando y con el rostro pálido. Otra vez ese sueño... o mejor dicho, ese recuerdo. Miré hacia la ventana; la luz del alba apenas comenzaba a filtrarse. Unos toquidos rítmicos en la puerta me sacaron de mi estupor.
—Señora, es hora de despertar —dijo Liliana desde el otro lado—. Le traigo el desayuno y... ha llegado una carta.
Entró y me entregó un sobre sin remitente. Solo mi nombre estaba escrito en él. Mientras me preguntaba quién la enviaba, mis damas de compañía entraron para alistarme. Al pedirles que preparen uno de mis vestidos, se quedaron gélidas; sus rostros pasaron de la sorpresa a una alegría nerviosa. Hacía meses que no permitía que nadie me arreglara, ni siquiera que entrarán en mis aposentos.
—Señora... ¿Se encuentra bien? —preguntó una de ellas mientras me observaba en el tocador—. Hace tanto que no nos dejaba entrar...
—Sí, hoy no me siento cansada —respondí con una sonrisa tranquila, tratando de ocultar el temblor de mis manos—. No se preocupen.
Estábamos discutiendo sobre los vestidos para el baile de primavera cuando la puerta se abrió de par en par. Henrry entró con una urgencia que me detuvo el corazón. Al verme de pie y vestida, su rostro se iluminó con un alivio casi doloroso, como si esperara encontrarme desvanecida.
—¡Mamá! —Se acercó rápidamente y me envolvió en un abrazo firme, escondiendo el rostro en mi hombro por un largo segundo. Podía sentir cómo su respiración se calmaba contra mí.
—¿Qué pasó, Henry? —pregunté suavemente.
—Vine a ver si bajarías a desayunar... Me dijeron que te vieron salir hacia el palacio y que al regresar te encerraste en el estudio. Pensé que... —se separó un poco, buscándome la mirada con ojos empañados—. Es que no lo hacías desde el accidente, mamá. Me asusta que vuelvas a ese encierro. ¿Qué está pasando realmente? ¿Estás bien?
—Estoy bien, te lo prometo —le dije acariciando su mejilla para tranquilizarlo—. El Rey me llamó y Evan me acompañó, eso es todo. ¿Qué tal si bajamos a desayunar? Tengo una noticia que les gustará a todos.
Él asintió, aunque la sombra de la duda no abandonó su rostro por completo. —Bueno, hoy solo seremos tú y yo. Emma está con sus tutores, Eli está ocupada, Evan fue a montar a caballo y Elijah sigue viajando. Por cierto... ¿sabes algo de él? No he recibido ninguna carta suya.
—Él estará bien, te lo prometo —le aseguré, aunque por dentro me preguntaba cuánto tiempo había pasado desde la última vez que realmente "salí" al mundo—. Por cierto, no sabía que tu hermano montaba a caballo, ¿desde cuándo lo hace?
—Ah... sí, desde hace como un año —respondió Henry algo nervioso mientras caminábamos hacia el comedor—. Mamá, estamos preocupados porque de la nada regresas a tus actividades y al estudio... pero no me malinterpretes, me da mucho gusto que lo hagas.
—Henry, ¿qué voy a hacer con ustedes? —reí suavemente mientras terminamos de desayunar—. Ya que no pienso salir más hoy, ¿me quieres acompañar a revisar unos documentos?
—Sí, por supuesto —respondió él, recuperando finalmente su sonrisa, feliz de tenerme de vuelta, aunque fuera solo por esa mañana.
Editado: 10.05.2026