La Duquesa

7

—Tenemos que arreglar esto —susurré con voz apagada—. Enviaré una carta para que traigan de vuelta las pertenencias de la casa de campo. Quiero que la risa y los colores regresen a este lugar.

Henry se detuvo frente a mí, su rostro era un mapa de dudas. —Mamá... ¿estás segura? ¿Y si tu magia vuelve a ser inestable? No quiero que te presiones.

—No puedo permitir que sigan viviendo entre sombras por mi culpa —respondí con firmeza. Me agaché para acariciar un tulipán rojo.

—Mamá —dijo Henry suavemente, arrodillándose a mi lado—, los tulipanes representan el orgullo y el éxito, pero también el duelo. Por eso te encerraste, ¿verdad? No querías que viéramos tu dolor, ni que tu magia nos hiriera si perdías el control.

Las lágrimas nublaron mi vista. Me acerqué y lo envolví en un abrazo desesperado. —Los amo tanto... no sé qué habría sido de mí si algo les hubiera pasado por mi culpa.

Seguimos caminando hasta que divisamos a Evan sentado bajo la pérgola, disfrutando de un té con una calma que me dio envidia. Al vernos, casi se atraganta.

—¿Mamá? ¿Henry? —Evan se puso en pie de un salto—. ¿Qué haces aquí? ¿Te encuentras bien? ¿Pasó algo?

—Estoy perfectamente, Evan —sonreí, sentándome con ellos—. Cuéntenme, ¿cómo han sobrevivido estos años sin mí?

Evan se rascó la nuca con una sonrisa nerviosa. —Bueno... practicando. Llevando el papeleo del ducado. Sinceramente, mamá, no sé cómo lo hacías sin volverte loca. Es un infierno burocrático.

—Paciencia, Evan. Mucha paciencia —reí suavemente—. Yo me encargaba de la academia mientras su padre veía el ducado. Ya aprenderán. Pero ahora, tengo una propuesta que no admite quejas: El Rey me ha invitado al Baile de Primavera, y quiero que vayamos todos.

Evan frunció el ceño, calculando mentalmente. —No lo sé... hay asuntos pendientes, el festival después del baile, los Lores... ¿Es buena idea volver así de golpe?

—Es la oportunidad perfecta —intervino Henry con entusiasmo—. Presentaremos a Emma en sociedad, acabaremos con los rumores sobre la salud de mamá y, sinceramente, a Emma le hace falta hablar con gente de su edad en lugar de vivir enterrada en libros.

Evan soltó una carcajada sarcástica. —Bueno, al menos ella lee. No como otros que se distraen "estudiando" el fondo de una botella de vino —dijo, fingiendo un ataque de tos mientras le daba palmaditas en la espalda a Henry.

Nuestra pequeña disputa fue interrumpida por Max, quien anunció con una sonrisa que la señorita Elizabeth acababa de llegar. Corrí hacia la entrada principal y allí estaba: mi niña, con sus ondas cafés y su característico vestido rojo carmesí.

—¡Eli! —La estreché entre mis brazos.

—Evan me escribió que habías salido de tu encierro. —dijo ella, deshaciendo el abrazo para mirarme con orgullo—. Tenía que comprobarlo con mis propios ojos. Me alegra que estés de vuelta, mamá.

—¿Te quedarás? —le rogué—. Emma y yo necesitamos que estés aquí.

—Me quedo —prometió ella.

En ese momento, Evan apareció por detrás, cargó a Eli y le dio vueltas mientras ella reía a carcajadas. Al bajarla, Henry se acercó ofreciéndole una copa de cristal con un líquido morado.

—¿Es en serio? —Elizabeth arqueó una ceja—. Es temprano y ya estás bebiendo. ¿Mamá, no vas a decirle nada?

Suspiré, resignada. —A estas alturas, ya no sé ni de dónde saca las botellas.

—¡No es vino, es jugo de mora! —exclamó Henrry, fingiéndose ofendido.



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En el texto hay: misterio, magia, ursupacion de poder

Editado: 10.05.2026

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