La Duquesa

10

El amanecer se filtró entre las cortinas, tiñendo la habitación de Elizabeth de una mezcla de rosa pálido y toques naranja. Se levantó antes que los sirvientes, buscando la soledad de la mañana. Se vistió con un conjunto verde esmeralda y se colocó su collar de perlas características; en el espejo, su reflejo mostraba una sonrisa tranquila, aunque sus manos aún temblaban un poco por lo ocurrido de ayer como vería a su madre tras lo sucedido.
Al bajar, el aroma a café y pan tostado inundaba el comedor principal bañado en luz dorada. Allí estaba su madre, sentada con una elegancia lánguida, vistiendo un camisón de seda azul que brillaba bajo el sol.
—¡¡¡Hola, mamá...!!! ¿Qué hace aquí? —Elizabeth se detuvo en seco, sorprendida por verla ahí. La Duquesa reflejaba una calma aparente, pero el pulso de Eli flaqueó al notar que seguía en pijama.
—¿Pues qué voy a hacer? Desayunar. —Levantó la taza de porcelana con elegancia—. Ven, acompáñame a desayunar.
—Mamá... —preguntó Eli con un tono preocupado—, ¿por qué está despierta tan temprano? Ni siquiera se ha levantado todo el personal de servicio.
—Bueno, me desperté temprano y me encontré a Liliana y a Max en el pasillo. Esta vez ellos son los encargados del desayuno —respondió, sonriendo tranquilamente.
—Pensé que ya no bajaba a estas horas... y que las únicas excepciones eran cuando estábamos juntas.
—Sí, lo eran. Pero últimamente Henrry y Emma me acompañan la mayor parte del tiempo... obviamente cuando Emma no tiene tutorías, ya que estoy saliendo poco. Y Evan... Evan me acompaña, me ayuda con los asuntos del ducado y me mantiene al tanto de lo que está pasando en el reino. —una pausa, y su tono cambió—. Bueno, sobre lo otro... siento no haber bajado a cenar. Estaba... agotada.
—No te preocupes por eso, mamá. Lo importante es que descansaras —respondió Elizabeth, suavizando la mirada.
—Esperándolas, por supuesto. Tenemos que ir por sus vestidos —añadió de pronto, con una chispa de picardía que se sentía extrañamente ensayada.
—¿Esperándonos? —Elizabeth arqueó una ceja—. ¿A estas horas?
—Sí, a ti y a Emma. ¿Acaso lo olvidaste? —pretendía ser divertido, pero había una inquietud latente en su mirada.
—Está bien. Desayunamos mientras Emma baja —asintió Eli, sentándose a su lado—. Pero mamá... ¿piensa ir en pijama?
Me pare en seco. Parpadeó, bajando la vista hacia la seda azul de su ropa como si la viera por primera vez. Un destello de pura confusión cruzó su rostro antes de soltar una risa nerviosa.
—¡Ay, ¡qué despistada! Lo olvidé por completo. Me arreglaré de inmediato mientras esperamos a tu hermana.
—No tardo —prometió la madre, desapareciendo por el pasillo con una agilidad que no encajaba con su mirada perdida.



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En el texto hay: misterio, magia, ursupacion de poder

Editado: 12.07.2026

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