La Elegancia De La Indiferencia

Capítulo 2: La primera noche de sombras.

La residencia Valenzuela era una construcción majestuosa, pero carente de calor. Elena recorrió el pasillo del segundo piso con pasos amortiguados por la alfombra persa hasta llegar a la suite principal. Las maletas ya estaban en la habitación, impecablemente organizadas por el personal de servicio.

Apenas eran las diez de la noche cuando el sonido de pasos pesados anunció la presencia de Maximiliano en el umbral de la puerta. Llevaba el abrigo sobre el brazo y la corbata ligeramente desatada. Su mirada era un desafío directo.

—No voy a dormir aquí —sentenció él desde la entrada, apoyando una mano en el marco del portón—. Salgo ahora mismo. Roxana me está esperando en su departamento y no pienso pasar mi primera noche de casado fingiendo una vida conyugal que no existe.

Esperaba un reproche. Esperaba que ella le recordara las apariencias o el escándalo que significaría si la servidumbre lo veía marchar a altas horas. Pero Elena, que vestía una bata de seda color crema y leía tranquilamente un tomo de análisis macroeconómico junto a la ventana, apenas levantó la vista de la página.

—Me parece una decisión muy sensata de tu parte —dijo Elena con voz pausada y natural—. Te agradecería, sin embargo, que cuando regreses por la mañana no hagas demasiado ruido. Tengo varias lecturas pendientes para mañana temprano y el descanso es fundamental para la concentración.

Maximiliano frunció el ceño, dando un paso hacia el interior de la estancia.

—¿No vas a decir nada más? —inquirió, dejando ver un atisbo de irritación—. Cualquier otra mujer en tu lugar estaría haciendo un escándalo por el desprecio implícito.

Elena cerró el libro despacio, marcando la página con un listón de raso. Luego, miró a Maximiliano fijamente, con una serenidad que rozaba lo aplastante.

—Maximiliano, para que yo sienta un desprecio, primero tendría que valorar tu opinión sobre mí —explicó con una cortesía quirúrgica—. Tú tienes tus prioridades y yo tengo las mías. Si tu prioridad esta noche es consolar a tu amante, me parece un asunto del cual solo tú debes rendir cuentas ante tu propia conciencia. Mi única preocupación es la tranquilidad de este espacio. Puedes retirarte cuando gustes.

El silencio que siguió fue denso. Maximiliano apretó los puños. La serenidad absoluta de Elena actuaba como un espejo que le devolvía una imagen inmadura y despechada de sí mismo. Se había preparado para una batalla de reclamos y se encontraba con una apatía elegante y absoluta.

—Eres una mujer fría de un modo insoportable —masculló él antes de dar media vuelta.

—La frialdad es una excelente herramienta para conservar la lucidez, querido —respondió Elena al aire mientras él cruzaba el pasillo con pasos apresurados.

El eco de la puerta principal al cerrarse resonó en toda la casa. Elena no suspiró ni derramó una sola lágrima. Caminó hacia su escritorio personal, encendió su ordenador portátil y abrió una carpeta cifrada rotulada con las siglas de su nueva empresa en desarrollo: Vanguard Capital.

—Que disfrutes tus distracciones, Maximiliano —murmuró mientras ingresaba las claves de acceso a las cuentas de inversión internacional—. Mientras tú gastas tu tiempo intentando provocarme, yo construiré el imperio que me liberará de ti para siempre.

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