La elegida del dragón negro

Capitulo 1

La noche había caído sobre el reino de Valtheris con un silencio inquietante. La luna llena iluminaba las montañas de obsidiana, donde ninguna persona se atrevía a entrar desde hacía siglos. Allí dormía la criatura de las antiguas leyendas.
El Dragón Negro.
Los ancianos contaban que sus alas podían cubrir el cielo y que un solo rugido era capaz de hacer temblar castillos enteros. Decían que sus ojos plateados veían el alma de cualquiera que se atreviera a mirarlo.
Y también decían que, cuando despertara, el mundo volvería a cambiar.
Alina no creía en esas historias.
Con una cesta llena de hierbas medicinales colgada del brazo, caminaba por el bosque mientras el viento agitaba su largo cabello oscuro.
—Solo necesito encontrar una última planta... —murmuró.
Entonces ocurrió.
El suelo vibró.
Las aves levantaron el vuelo en un solo instante.
Los árboles comenzaron a crujir.
Un rugido profundo atravesó el valle como un trueno.
Alina dejó caer la cesta.
—¿Qué... fue eso?
Antes de que pudiera reaccionar, una sombra gigantesca cubrió la luna.
Unas alas inmensas cruzaron el cielo.
El dragón.
Era mucho más grande de lo que cualquier historia había descrito. Sus escamas negras reflejaban destellos azulados y sus ojos brillaban como plata líquida.
No atacó.
Solo descendió lentamente hasta quedar frente a ella.
El mundo entero pareció contener la respiración.
Alina quiso correr.
Su cuerpo no respondió.
El dragón inclinó la cabeza y la observó durante largos segundos.
Después ocurrió algo imposible.
La enorme criatura apoyó suavemente el hocico sobre la frente de la joven.
Una luz negra, mezclada con destellos plateados, envolvió a Alina.
Sintió un calor recorrer todo su cuerpo.
Y una voz antigua resonó directamente en su mente.
"Por fin te encontré... mi elegida."
En ese mismo instante, una marca con forma de dragón apareció sobre su muñeca.
El Dragón Negro desplegó sus alas.
Con un solo impulso desapareció entre las nubes.
Alina cayó de rodillas, incapaz de comprender lo que acababa de suceder.
A lo lejos, las campanas del reino comenzaron a sonar.
Los guardianes ya habían visto al dragón.
Y muy pronto, todo Valtheris descubriría que la profecía había despertado.




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