La elegida del dragón negro

Capitulo 2

Alina permaneció inmóvil sobre la hierba húmeda, con la respiración entrecortada. La marca de su muñeca ardía como si el fuego del propio dragón corriera por sus venas.
Las campanas del reino seguían sonando.
Una.
Dos.
Tres veces.
Era la señal de máxima alerta.
Con manos temblorosas, cubrió la marca con la manga de su vestido y recogió la cesta caída. Debía regresar antes de que la encontraran sola en el bosque.
Cuando llegó a la aldea, el caos se había apoderado de las calles.
Los vecinos corrían de un lado a otro.
—¡El Dragón Negro ha despertado!
—¡Lo vieron sobrevolar las montañas!
—¡La profecía se está cumpliendo!
Los soldados del rey entraron al pueblo con sus armaduras brillando bajo la luz de las antorchas.
Su capitán levantó la voz.
—¡Por orden de Su Majestad, nadie abandonará la aldea hasta nuevo aviso!
Alina sintió un escalofrío.
Si descubrían la marca, su vida cambiaría para siempre.
Entró rápidamente en la pequeña casa donde vivía con su abuela, Elara.
La anciana la esperaba junto al fuego, como si ya supiera lo ocurrido.
—Llegaste... —dijo con voz serena.
Alina levantó lentamente la manga.
La marca negra, con la silueta de un dragón de alas extendidas, brillaba débilmente.
El rostro de Elara perdió el color.
—No... es imposible.
—¿La conoces? —preguntó Alina.
La anciana se dejó caer en una silla.
—Pensé que la historia había terminado hace siglos.
Sacó una pequeña caja de madera escondida bajo el suelo de la casa. Dentro había un antiguo medallón de plata con el mismo símbolo de la marca.
—Este perteneció a tu madre.
Alina abrió los ojos con sorpresa.
—Pero tú siempre dijiste que ella murió cuando yo era un bebé.
—Eso es cierto... pero nunca te conté toda la verdad.
Antes de que pudiera continuar, tres fuertes golpes resonaron en la puerta.
¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!
—¡Abran en nombre del rey!
Elara escondió el medallón en las manos de Alina.
—No importa lo que ocurra... jamás entregues esto a nadie.
Los golpes se hicieron más fuertes.
La puerta comenzó a ceder.
Y Alina comprendió que los soldados no habían llegado por casualidad.
Habían venido a buscar a la elegida del Dragón Negro.




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