La elegida del dragón negro

Capitulo 5

Las flechas surcaban el aire como una lluvia mortal.
—¡No permitan que escape! —gritó el comandante Kael mientras los soldados rodeaban el claro.
Alina quedó atrapada entre los hombres del rey y el inmenso Dragón Negro.
—¡Deténganse! ¡No los ataque! —exclamó ella.
Pero nadie la escuchó.
Un arquero tensó su arco y disparó una flecha cubierta con una extraña sustancia de color rojo.
Esta vez no rebotó.
La punta atravesó una de las escamas del dragón.
Un rugido estremecedor hizo vibrar las montañas.
El Dragón Negro levantó la cabeza hacia el cielo y batió las alas con tanta fuerza que una ráfaga de viento derribó a varios soldados.
Alina corrió hacia él.
—¡Estás herido!
La sangre que caía de la herida no era roja.
Brillaba como plata líquida.
Sin pensarlo, apoyó una mano sobre la escama dañada.
La marca de su muñeca apareció de nuevo, atravesando el efecto de la pulsera.
Una luz negra y plateada envolvió a ambos.
La herida comenzó a cerrarse lentamente.
Los soldados observaron la escena con horror.
—¡Es la elegida! —gritó uno de ellos.
Kael desenvainó su espada.
—¡Captúrenla! ¡Ahora!
Antes de que pudieran acercarse, el Dragón Negro envolvió a Alina con una de sus enormes alas para protegerla.
La voz del dragón resonó en su mente, más clara que nunca.
—Ya no puedes volver a tu antigua vida.
Alina sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué debo hacer?
—Ven conmigo. Solo en el Santuario de los Primeros Dragones descubrirás quién eres realmente. Allí conocerás la verdad sobre tu madre... y sobre el enemigo que ha esperado siglos para destruirnos.
Alina miró por última vez la aldea donde había crecido, la pequeña casa de su abuela y las montañas que siempre había contemplado desde lejos.
Sabía que, si aceptaba, nada volvería a ser igual.
Respiró hondo y levantó la mirada.
—Acepto.
El Dragón Negro inclinó la cabeza en señal de respeto.
Con un movimiento elegante, la ayudó a subir sobre su lomo.
Los soldados intentaron detenerlos, pero un poderoso rugido hizo temblar la tierra y obligó a todos a retroceder.
Las inmensas alas negras se desplegaron.
Con un salto colosal, el dragón y su elegida se elevaron hacia el cielo nocturno.
Mientras desaparecían entre las nubes, una figura encapuchada observaba desde la cima de un acantilado.
Una sonrisa fría se dibujó en su rostro.
—Al fin has aparecido, hija de la Guardiana... Te he esperado durante veinticinco años.
Y en sus manos brilló una espada forjada con el colmillo de un dragón.




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