El rugido volvió a escucharse.
Esta vez fue mucho más cercano.
La pequeña criatura que Alina sostenía entre sus brazos comenzó a temblar. Nythar levantó la cabeza y sus ojos plateados se clavaron en la entrada del santuario.
—¿Qué ocurre? —preguntó Alina.
—No es un dragón como nosotros.
Un viento helado atravesó la sala.
Las antorchas se apagaron una tras otra.
Alina abrazó al pequeño dragón contra su pecho.
—¿Entonces qué es?
Nythar desplegó lentamente sus alas.
—Un dragón corrompido por magia oscura.
De las profundidades del santuario surgió una enorme criatura.
Sus escamas eran negras, pero estaban cubiertas de venas rojizas que brillaban como brasas. Sus ojos no tenían el resplandor plateado de los dragones antiguos. Eran completamente rojos.
Alina retrocedió.
El dragón lanzó un rugido y las paredes comenzaron a agrietarse.
Nythar se interpuso entre la criatura y Alina.
—Corre.
—¡No voy a dejarte!
—¡Alina, corre!
El dragón oscuro se lanzó contra ellos.
Nythar abrió sus enormes alas y chocó contra él en pleno vuelo. Ambos dragones atravesaron una de las columnas del santuario y desaparecieron entre una nube de polvo.
Alina gritó su nombre.
—¡Nythar!
La pequeña cría saltó de sus brazos y comenzó a correr hacia una de las paredes.
—¡Espera!
La criatura se detuvo frente a una antigua puerta cubierta de símbolos.
Alina se acercó.
El medallón de su madre comenzó a brillar.
Los símbolos de la puerta respondieron con una luz plateada.
Entonces apareció una inscripción:
"Cuando la hija de la Guardiana despierte, el último huevo abrirá sus ojos."
Alina miró a la pequeña criatura.
—¿Tú eres el último huevo?
El dragón bebé emitió un suave sonido.
De pronto, una segunda frase apareció bajo la primera:
"Pero la elegida deberá decidir cuál de los dos dragones sobrevivirá."
Alina sintió que la sangre se le helaba.
—¿Cuál de los dos...?
Un rugido ensordecedor sacudió nuevamente el santuario.
Alina miró hacia la entrada.
Nythar había regresado.
Pero estaba herido.
Una de sus alas sangraba y varias escamas habían sido arrancadas.
Aun así, seguía de pie.
Detrás de él, el dragón de ojos rojos avanzaba lentamente.
Nythar miró a Alina.
Y esta vez su voz sonó diferente.
—Ahora entiendo por qué te eligió.
Alina apretó los puños.
—¿Quién?
Nythar dirigió la mirada hacia la pequeña cría.
—El antiguo poder que duerme dentro de ese dragón.
La cría abrió los ojos.
Sus pupilas brillaron con una intensa luz plateada.
Y todo el santuario comenzó a temblar.
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Editado: 20.08.2026