La elegida del dragón negro

Capitulo 8

El santuario temblaba como si las montañas estuvieran a punto de partirse.
Alina permaneció inmóvil, mirando a la pequeña criatura que había salido del huevo.
Sus diminutas alas comenzaron a desplegarse.
Una luz plateada brotó de su cuerpo.
El dragón de ojos rojos se detuvo.
Por primera vez, parecía tener miedo.
Nythar aprovechó aquel instante para colocarse delante de Alina.
—¿Qué está pasando? —preguntó ella.
—El antiguo poder ha despertado.
—¿Qué poder?
Nythar miró a la cría.
—El poder que pertenecía a los Primeros Dragones. Un poder que puede destruir la magia oscura... o convertirla en algo mucho peor.
La criatura soltó un pequeño rugido.
El sonido fue débil, pero una onda de energía atravesó el santuario.
El dragón oscuro retrocedió.
Alina sintió entonces un fuerte dolor en la muñeca.
La marca del Dragón Negro apareció nuevamente, pero esta vez había cambiado.
Ahora tenía una segunda línea plateada alrededor.
—¡Nythar!
El dragón la miró sorprendido.
—La cría te ha reconocido por completo.
—¿Qué significa eso?
—Que no eres solamente su protectora.
Alina tragó saliva.
—Entonces, ¿qué soy?
Antes de que Nythar pudiera responder, una voz humana resonó desde la entrada.
—Eres la llave.
Alina se giró.
Un hombre vestido con una larga capa negra entró lentamente en el santuario.
Nythar mostró los colmillos.
—Tú...
El desconocido sonrió.
—Ha pasado mucho tiempo, viejo dragón.
Alina sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
El hombre levantó la mano.
El dragón de ojos rojos se arrodilló inmediatamente frente a él.
—Soy quien ha estado esperando tu nacimiento durante veinticinco años.
Alina recordó las palabras que había escuchado en la aldea.
"Te he esperado durante veinticinco años."
El hombre dio un paso hacia ella.
—Tu madre me arrebató lo que me pertenecía.
—¿Qué le hiciste?
La sonrisa desapareció de su rostro.
—Nada que ella no hubiera provocado.
Nythar rugió.
—¡No le creas!
El hombre levantó la mano y una ráfaga de magia oscura golpeó al dragón, haciéndolo caer.
—¡Nythar!
Alina corrió hacia él.
Entonces la pequeña cría se interpuso.
Sus ojos plateados brillaron con una intensidad cegadora.
La oscuridad de la sala comenzó a retroceder.
El hombre dio un paso atrás.
—No...
Por primera vez, su rostro mostró verdadero miedo.
La cría abrió las alas.
Y habló.
No con la voz de un animal.
Sino con una voz antigua y poderosa.
—La sangre de la Guardiana ha regresado.
El hombre palideció.
Alina comprendió que su madre había dejado muchos secretos atrás.
Y que algunos de ellos podían cambiar el destino de todo el reino.




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