El amanecer encontró a Alina frente a las ruinas del santuario.
Había pasado toda la noche sin dormir.
La imagen de aquella mujer de ojos plateados no abandonaba su mente.
Su madre estaba viva.
Después de veinticinco años creyendo que la había perdido, ahora sabía que estaba encerrada en algún lugar del Castillo de las Sombras.
Nythar permanecía junto a ella, observando las montañas.
—¿Podemos llegar hasta allí? —preguntó Alina.
—Sí. Pero no será sencillo.
—No me importa.
Nythar la miró.
—El Castillo de las Sombras está protegido por una magia que ningún humano ha conseguido atravesar.
Alina acarició al pequeño dragón, que dormía acurrucado contra su pierna.
—Entonces encontraremos una manera.
La criatura abrió un ojo.
—La manera ya existe.
Alina se quedó inmóvil.
—¿Tú sabes cómo entrar?
El pequeño dragón se levantó y caminó hasta una pared cubierta de símbolos.
Apoyó una de sus pequeñas garras sobre la piedra.
Un resplandor plateado recorrió los grabados.
La pared desapareció.
Detrás había un estrecho túnel que descendía hacia las profundidades de la montaña.
Nythar observó el pasadizo.
—El Camino de los Antiguos.
—¿Adónde conduce?
—Al otro lado de las montañas. A pocos kilómetros del castillo.
Alina tomó aire.
—Entonces iremos por ahí.
Antes de entrar, volvió la mirada hacia el santuario.
Había llegado allí buscando respuestas.
Ahora tenía una misión.
Encontrar a su madre.
Pero apenas habían avanzado unos metros cuando escucharon un sonido detrás de ellos.
Pasos.
Alina se giró.
Una figura apareció entre la niebla.
Era el comandante Kael.
Su espada estaba desenvainada.
—Alina.
Ella retrocedió.
—¿Cómo nos encontraste?
Kael guardó silencio durante unos segundos.
Después miró a Nythar.
—Porque no vine a capturarte.
Alina frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué quieres?
Kael bajó lentamente la espada.
—Advertirte.
—¿De qué?
El comandante miró hacia las montañas.
—Malek ya sabe que vas hacia el castillo.
Alina sintió un escalofrío.
—¿Y?
Kael se acercó un poco.
—Porque no quiere que encuentres a tu madre.
Nythar dejó escapar un gruñido.
—¿Qué está planeando?
Kael respondió con voz grave:
—Quiere utilizarla para abrir la Puerta de los Dragones.
Alina palideció.
—¿Qué hay detrás de esa puerta?
Kael la miró directamente a los ojos.
—El ejército de dragones que fue encerrado hace mil años.
El pequeño dragón levantó la cabeza.
Y por primera vez, sus ojos plateados mostraron miedo.
—Si la puerta se abre... la guerra comenzará de nuevo.
Alina apretó los puños.
Entonces comprendió que rescatar a su madre era solo el principio.
Su verdadera batalla apenas estaba comenzando.
#1383 en Fantasía
#266 en Magia
fantasia aventura magia, fantasia brujeria hechizos, fantasía dragones magia
Editado: 20.08.2026