El túnel de los Antiguos parecía no tener fin.
Alina caminaba en silencio junto a Nythar, mientras el pequeño dragón avanzaba detrás de ellos. Kael iba unos pasos más atrás, vigilando cada sombra.
Las paredes estaban cubiertas de antiguas pinturas.
Dragones de todos los tamaños aparecían junto a humanos.
Pero en cada pintura había algo que se repetía.
Una enorme puerta.
—¿Es esa la Puerta de los Dragones? —preguntó Alina.
Kael asintió.
—Fue construida para encerrar a los dragones que sobrevivieron a la primera guerra.
Alina frunció el ceño.
—¿Por qué encerrarlos?
—Porque algunos fueron corrompidos por la magia oscura de Malek.
Nythar soltó un gruñido.
—No todos fueron corrompidos.
Kael lo miró.
—Lo sé.
Alina se detuvo.
—Entonces, ¿por qué los encerraron a todos?
El comandante bajó la mirada.
—Porque los humanos tuvieron miedo.
Aquellas palabras quedaron flotando en el silencio.
Después de unos minutos, llegaron al final del túnel.
Una enorme puerta de piedra bloqueaba el camino.
Sobre ella había un símbolo idéntico al de la marca de Alina.
El pequeño dragón se acercó.
La puerta comenzó a brillar.
Alina sintió un calor intenso en la muñeca.
—¿Qué está pasando?
Nythar observó la marca.
—La puerta te reconoce.
—¿Y eso es bueno?
—No necesariamente.
Alina apoyó la mano sobre la piedra.
La puerta se abrió lentamente.
Detrás no había un ejército.
Había una enorme cámara circular.
En el centro se encontraba una estatua de una mujer con alas de dragón.
Alina se quedó sin palabras.
La estatua tenía su mismo rostro.
—¿Quién es ella?
Kael respondió en voz baja:
—La primera Guardiana.
Nythar se acercó a la estatua.
—Y tu antepasada.
Alina sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
—Entonces... ¿la sangre de los Guardianes ha pasado de generación en generación?
—Sí. Hasta llegar a tu madre. Y ahora a ti.
De repente, una voz femenina resonó en toda la cámara.
—Alina...
La joven se quedó paralizada.
Conocía aquella voz.
Era la misma que había escuchado en sus sueños desde niña.
—¿Mamá?
La estatua comenzó a agrietarse.
Una luz plateada surgió de su interior.
Y una imagen apareció frente a Alina.
Una mujer de cabello oscuro y ojos plateados.
Su madre.
—Alina, si estás viendo esto, significa que Malek ha regresado.
Alina sintió lágrimas en los ojos.
—Mamá...
La imagen continuó:
—No confíes en el rey. No confíes en nadie que lleve la corona.
Kael palideció.
—¿Qué significa eso?
La mujer miró directamente hacia ellos.
—Porque el verdadero enemigo no está en el Castillo de las Sombras.
La imagen comenzó a desaparecer.
—Está sentado en el trono de Valtheris.
La cámara quedó en silencio.
Alina miró a Kael.
Y comprendió que la guerra era mucho más grande de lo que había imaginado.
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Editado: 20.08.2026