El vuelo hacia Valtheris se hizo en completo silencio.
Alina permanecía sentada sobre el lomo de Nythar, con las manos aferradas a sus escamas.
Hija del rey.
Princesa.
Aquellas palabras no dejaban de repetirse en su cabeza.
—No puede ser verdad —murmuró.
Kael volaba detrás de ellos sobre uno de los dragones que habían encontrado en las montañas.
—Alina...
Ella se giró.
—¿Tú sabías quién era mi madre?
Kael bajó la mirada.
Aquello fue suficiente.
—Lo sabías.
—No toda la historia.
—¡Pero sabías que era una princesa!
Kael suspiró.
—Me ordenaron mantenerlo en secreto.
Alina sintió una mezcla de rabia y tristeza.
—Todos han estado mintiéndome.
Nythar intervino con voz tranquila.
—No todos.
Alina apoyó la frente sobre una de sus escamas.
—¿Por qué mi madre me abandonó?
El dragón tardó en responder.
—Porque intentaba salvarte.
Alina cerró los ojos.
Por primera vez, comprendió que quizá aquella historia era mucho más dolorosa de lo que imaginaba.
Horas después, las torres de Valtheris aparecieron en el horizonte.
El enorme castillo se alzaba sobre una colina, rodeado por murallas blancas.
Pero algo era diferente.
Las puertas estaban abiertas.
Cientos de personas se habían reunido fuera de la ciudad.
Cuando Nythar descendió, el murmullo se convirtió en un grito.
—¡La princesa!
—¡La heredera ha regresado!
Alina bajó lentamente del dragón.
Una mujer anciana se acercó y cayó de rodillas frente a ella.
—Su Alteza.
Alina retrocedió.
—No me llame así.
Pero entonces todos comenzaron a arrodillarse.
Todos menos Kael.
Y menos una persona.
El rey.
Estaba de pie en lo alto de las escaleras del palacio.
Alina lo miró.
Él tenía los mismos ojos plateados que ella.
Durante unos segundos, ninguno habló.
Finalmente, el rey descendió lentamente.
—Alina.
Ella sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Es verdad?
El rey se detuvo frente a ella.
—Sí.
—¿Eres mi padre?
El hombre asintió.
—Sí.
Alina sintió lágrimas en los ojos.
—¿Y mi madre?
El rostro del rey cambió.
—Tu madre cometió una traición.
Nythar rugió.
—¡Mientes!
Los soldados levantaron sus armas.
Alina levantó una mano.
—¡Nadie lo ataque!
El rey la observó con atención.
—Tienes su carácter.
—Quiero verla.
—No puedes.
—¡Quiero ver a mi madre!
El rey se acercó.
—Si la liberas, abrirás una puerta que jamás podrá cerrarse.
Alina sintió un escalofrío.
—¿Qué puerta?
El rey miró hacia Nythar.
Luego hacia la pequeña cría.
—La puerta que separa nuestro mundo del reino de los dragones.
En ese instante, el suelo comenzó a temblar.
Una grieta apareció en medio de la plaza.
Los ciudadanos gritaron.
Y desde las profundidades de la tierra llegó un rugido.
Uno.
Dos.
Tres.
Alina miró al rey.
Él palideció.
—No...
Nythar desplegó sus alas.
—La Puerta de los Dragones está despertando.
Y desde debajo del palacio, una luz roja comenzó a extenderse por las calles.
La guerra había comenzado.
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Editado: 20.08.2026