El suelo de Valtheris continuaba temblando.
Las grietas que atravesaban la plaza se extendían hacia las murallas del palacio. De ellas brotaba una luz roja que iluminaba los rostros aterrados de los habitantes.
—¡Todos dentro de las murallas! —ordenó el rey—. ¡Ahora!
Los soldados comenzaron a evacuar a la gente.
Alina, sin embargo, permaneció inmóvil.
—¿Qué está pasando?
El rey la miró con preocupación.
—Malek ha encontrado la manera de abrir la puerta.
—¿Y mi madre?
El rey apretó los labios.
—Ella es quien la mantiene cerrada.
Alina sintió un nudo en el pecho.
—Entonces tenemos que liberarla.
—Si la liberamos en el momento equivocado, la puerta se abrirá por completo.
Nythar levantó la cabeza.
—Ya está demasiado abierta.
Un rugido gigantesco hizo vibrar los cristales del palacio.
Todos miraron hacia el cielo.
Entre las nubes apareció una silueta.
Después otra.
Y otra.
Dragones.
Decenas de ellos volaban sobre Valtheris.
Algunos eran dorados, otros blancos y otros de un rojo intenso. Pero detrás de ellos aparecieron criaturas completamente negras, con ojos rojos.
El rey desenvainó su espada.
—Han sido corrompidos.
Alina miró a Nythar.
—¿Puedes detenerlos?
—No solo.
La pequeña cría comenzó a brillar.
Sus escamas emitieron una luz plateada que se extendió por la plaza.
Los dragones negros se detuvieron en el aire.
Durante un instante, parecía que habían recuperado la conciencia.
Entonces una voz resonó sobre toda la ciudad.
—¡Alina!
Malek apareció sobre la torre más alta del palacio.
Vestía una armadura negra y sostenía una espada cubierta de fuego rojo.
—¡Ven conmigo y terminaré esta guerra!
Alina dio un paso adelante.
—¡Libera a mi madre!
Malek sonrió.
—Ella ya está libre.
El rey palideció.
—No...
Una enorme explosión sacudió el palacio.
La torre central se derrumbó.
Entre el humo apareció una mujer.
Cabello oscuro.
Ojos plateados.
Una marca de dragón sobre la frente.
Alina dejó de respirar.
—Mamá...
La mujer la miró.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Alina.
La joven corrió hacia ella.
Madre e hija se abrazaron después de veinticinco años.
Pero el momento duró apenas unos segundos.
La mujer se separó y miró hacia el cielo.
—Hija, escucha con atención.
—¿Qué sucede?
Su madre tomó su rostro entre las manos.
—Malek no es nuestro verdadero enemigo.
Alina frunció el ceño.
—¿Entonces quién?
La mujer miró al rey.
El rey bajó la cabeza.
—Tu padre.
Alina se quedó paralizada.
—¿Qué?
Su madre susurró:
—El hombre que está frente a ti no es el verdadero rey de Valtheris.
Detrás de ellos, el rey comenzó a sonreír.
Sus ojos se volvieron completamente rojos.
—Por fin —dijo—. Ya era hora de que conocieras la verdad.
El aire se volvió helado.
Y el rostro del rey comenzó a cambiar.
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Editado: 20.08.2026