El cielo sobre Valtheris se volvió completamente oscuro.
Alina permanecía suspendida en el aire, rodeada por una luz plateada y negra. A su espalda, aquellas enormes alas de energía se extendían como si pertenecieran a un ser nacido entre humanos y dragones.
Nythar la observaba desde el cielo.
—Alina... has despertado.
Ella miró sus propias manos.
—¿Qué me está pasando?
Su madre levantó la mirada.
—Tu verdadera naturaleza.
El Devorador retrocedió.
—¡No puede ser!
Alina descendió lentamente hasta tocar el suelo.
—¿Por qué tienes miedo?
La criatura apretó los dientes.
—Porque tú eres la única capaz de destruirme.
Alina sintió que una energía desconocida recorría todo su cuerpo.
Pero no quería destruirlo.
Quería salvar a su madre.
Quería proteger a Nythar.
Y quería impedir que los dragones volvieran a convertirse en armas.
—No voy a luchar para destruirte —dijo.
El Devorador soltó una carcajada.
—Entonces morirás junto a todos ellos.
Extendió ambas manos.
Una enorme ola de magia oscura se dirigió hacia Alina.
Nythar se interpuso.
El impacto lo hizo caer al suelo.
—¡Nythar!
Alina corrió hacia él.
El dragón intentó levantarse, pero una de sus patas había quedado atrapada entre las piedras.
—No...
Alina colocó ambas manos sobre su cuerpo.
—No voy a perderte.
La luz de sus alas se extendió sobre Nythar.
Las heridas comenzaron a cerrarse.
Pero algo más ocurrió.
Los dragones que volaban sobre Valtheris comenzaron a recuperar sus ojos plateados.
Uno tras otro.
La oscuridad que los controlaba desapareció.
El Devorador gritó.
—¡No!
Alina comprendió entonces la verdadera naturaleza de su poder.
No era un poder para destruir.
Era un poder para romper la corrupción.
Su madre sonrió entre lágrimas.
—Esa fue siempre la misión de las Guardianas.
Alina levantó la mirada.
—Entonces terminaré lo que tú comenzaste.
El Devorador lanzó un último ataque.
Una columna de oscuridad descendió desde el cielo.
Nythar se colocó junto a Alina.
La pequeña cría se situó al otro lado.
Madre, hija y dragones quedaron unidos frente a la criatura.
Alina extendió las alas.
—Este reino ya no te pertenece.
Una explosión de luz plateada atravesó Valtheris.
El Devorador gritó mientras la oscuridad comenzaba a desprenderse de su cuerpo.
Pero antes de desaparecer, sonrió.
—Puedes expulsarme de este reino...
Su voz se convirtió en un susurro.
—Pero no puedes destruir lo que ya está dentro de ti.
Alina sintió un escalofrío.
La criatura desapareció.
El cielo volvió a iluminarse.
Los habitantes comenzaron a celebrar.
Pero Nythar no sonrió.
Miró fijamente a Alina.
—Tenemos un problema.
—¿Cuál?
El dragón señaló la marca de su muñeca.
Ahora había cambiado.
Dentro del símbolo del dragón había aparecido un pequeño círculo rojo.
—El Devorador dejó una parte de sí mismo dentro de ti.
Alina observó la marca.
Y por primera vez desde que había despertado su poder...
tuvo miedo de sí misma.
#1600 en Fantasía
#317 en Magia
fantasia aventura magia, fantasia brujeria hechizos, fantasía dragones magia
Editado: 07.09.2026