La sombra detrás de Alina creció hasta cubrir toda la plaza.
El aire se volvió helado.
La corona negra flotaba frente a ella, girando lentamente mientras pequeñas llamas rojas recorrían sus bordes.
Alina retrocedió.
—No...
Una voz profunda resonó dentro de su cabeza.
—Póntela, Alina.
Era el Devorador.
—Con ella tendrás el poder suficiente para salvar a todos.
Alina apretó los puños.
—No te creo.
La criatura apareció finalmente detrás de ella.
Era enorme, mucho más grande que cualquier dragón que Alina hubiera visto. Su cuerpo estaba formado por sombras y escamas negras, y sus ojos rojos parecían dos lunas ensangrentadas.
Nythar se colocó delante de Alina.
—¡Aléjate de ella!
El Devorador soltó una carcajada.
—¿Todavía crees que puedes protegerla?
Nythar extendió las alas.
—¡No estás solo! —gritó Alina.
Lyra y su dragón blanco se colocaron junto a ellos.
Kael desenvainó su espada.
La madre de Alina levantó las manos y una barrera plateada apareció alrededor del grupo.
Malek observaba la escena desde las sombras.
—Qué conmovedor —dijo—. Pero inútil.
Alina lo miró.
—Tú sabías que esto ocurriría.
—Por supuesto.
—¿Por qué me trajiste hasta aquí?
Malek sonrió.
—Porque solo tú puedes despertar la corona.
Alina comprendió entonces la verdad.
No había sido una casualidad que encontraran la ciudad.
Todo había sido una trampa.
La corona comenzó a acercarse a ella.
La marca roja de su muñeca ardió con tanta fuerza que Alina cayó de rodillas.
—¡Alina! —gritó su madre.
La joven escuchó otra voz.
Pero esta vez no era la del Devorador.
Era la de Nythar.
—Mírame.
Alina levantó la cabeza.
Los ojos plateados del dragón estaban fijos en ella.
—Recuerda quién eres.
Alina respiró profundamente.
Recordó a su abuela.
El bosque.
El día en que conoció a Nythar.
A su madre.
Y al pequeño dragón que había nacido de un huevo que la había reconocido.
Ella no era una reina.
No todavía.
Era una Guardiana.
La corona cayó al suelo.
Una explosión de luz plateada atravesó la plaza.
Los dragones negros comenzaron a retroceder.
Malek perdió su sonrisa.
—¡No!
Alina se puso de pie.
La marca roja de su muñeca comenzó a desaparecer.
El Devorador rugió.
—¡No puedes expulsarme!
Alina levantó la mano.
—No.
Miró a Nythar.
—Pero tampoco voy a dejar que me controles.
La pequeña cría corrió hacia ella y tocó su muñeca con una de sus diminutas garras.
La luz plateada envolvió a Alina.
El fragmento oscuro salió de su cuerpo como una nube negra.
El Devorador gritó.
—¡Esto no termina aquí!
La oscuridad desapareció hacia el cielo.
Malek intentó escapar, pero Kael lo derribó.
La ciudad quedó en silencio.
Alina miró a Nythar.
—¿Lo hemos vencido?
El dragón negó lentamente.
—No.
—¿Entonces?
Nythar miró hacia el horizonte.
A lo lejos, una enorme grieta se había abierto entre las montañas.
De ella comenzaron a surgir miles de luces rojas.
—Acabas de expulsar al Devorador de tu cuerpo.
Sus ojos se oscurecieron.
—Pero ahora es libre.
Y desde las profundidades de la tierra llegó un rugido tan poderoso que toda la Ciudad de los Dragones tembló.
La verdadera guerra estaba a punto de comenzar.
#1600 en Fantasía
#317 en Magia
fantasia aventura magia, fantasia brujeria hechizos, fantasía dragones magia
Editado: 07.09.2026