La elegida del dragón negro

Capitulo 21

El rugido hizo temblar toda la Ciudad de los Dragones.
Alina levantó la mirada hacia las montañas.
Miles de luces rojas comenzaron a aparecer entre las grietas de la tierra.
Una.
Diez.
Cientos.
Después, miles.
No eran estrellas.
Eran ojos.
—¿Qué es eso? —preguntó Lyra.
Nythar abrió lentamente sus alas.
—El ejército que fue encerrado hace mil años.
La madre de Alina palideció.
—No puede ser...
—¿Qué ocurre? —preguntó Alina.
Su madre tomó su mano.
—La Puerta de los Dragones no estaba hecha para encerrar solamente a dragones.
Alina sintió un escalofrío.
—¿Entonces qué encerraba?
Un estruendo respondió antes que ella.
La montaña se partió.
De su interior emergió una criatura gigantesca.
Tenía seis alas, cuernos de obsidiana y un cuerpo cubierto de escamas negras. Sus ojos eran rojos como brasas.
Nythar retrocedió.
—El Primordial.
Alina lo miró horrorizada.
—¿Qué es?
—El primer dragón corrompido por la oscuridad. Es el origen del poder del Devorador.
Malek, todavía prisionero, comenzó a reír.
Kael lo miró con furia.
—¿De qué te ríes?
—Porque ahora ya no me necesitan.
Malek levantó la cabeza.
—Él es el verdadero amo de las sombras.
Alina sintió que el miedo le recorría el cuerpo.
—¿Cómo lo detenemos?
Nythar la miró.
—No podemos hacerlo con fuerza.
—Entonces, ¿cómo?
—Con el pacto.
Alina recordó las pinturas del santuario.
Humanos y dragones luchando juntos.
—¿El antiguo pacto?
Su madre asintió.
—La primera Guardiana creó un vínculo entre ambas especies. Pero para activarlo, la sangre de la Guardiana debe unirse al corazón del Primer Dragón.
Alina frunció el ceño.
—¿Y dónde está su corazón?
Nythar respondió:
—Dentro de él.
Alina observó al gigantesco dragón.
—Entonces tendré que entrar en su corazón.
Nythar se quedó en silencio.
—Eso podría matarte.
Alina respiró profundamente.
—Si no lo hago, moriremos todos.
La pequeña cría se acercó a ella.
Alina la acarició.
—¿Vendrás conmigo?
La criatura respondió con un pequeño rugido.
Nythar se acercó.
—Entonces yo también iré.
De repente, una enorme sombra cubrió la ciudad.
El Primordial había levantado vuelo.
Miles de dragones corrompidos lo siguieron.
Lyra montó sobre su dragón blanco.
Kael reunió a los soldados que todavía permanecían fieles.
La madre de Alina levantó su espada.
—¡Por Valtheris!
Los dragones respondieron con un rugido.
Alina subió al lomo de Nythar.
Miró al ejército que se aproximaba.
Por primera vez, no sintió miedo.
Sintió determinación.
—Vamos a terminar esta guerra.
Nythar extendió sus alas.
Y todos los dragones de la Ciudad de los Dragones se elevaron hacia el cielo.
La batalla final había comenzado.
Pero en lo más profundo del Primordial, algo despertó.
Una voz susurró:
—Alina... hija de la Guardiana.
—Te estaba esperando.




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