La elegida del dragón negro

Capitulo 22

El cielo se había convertido en un océano de fuego.
Cientos de dragones surcaban las nubes mientras las criaturas corrompidas descendían sobre la Ciudad de los Dragones. Rugidos, explosiones y relámpagos de magia iluminaban el campo de batalla.
Alina volaba sobre Nythar.
—¡Tenemos que llegar hasta él!
—Lo sé. Pero el Primordial está protegido por una barrera de oscuridad.
Frente a ellos, la gigantesca criatura abrió sus seis alas.
Una onda negra atravesó el cielo.
Nythar giró bruscamente.
—¡Nythar!
—¡Agárrate!
La onda pasó a pocos centímetros de ellos.
Alina miró hacia abajo.
Lyra y su dragón combatían contra tres dragones oscuros. Kael dirigía a los soldados desde las murallas, mientras su madre utilizaba su magia para proteger a los habitantes.
—¡No podemos quedarnos aquí!
Nythar aceleró.
Volaron directamente hacia el pecho del Primordial.
La criatura abrió sus fauces.
Un fuego negro comenzó a acumularse.
—¡Ahora! —gritó Alina.
Nythar plegó las alas y descendió en picada.
El fuego pasó sobre ellos.
En el último instante, Nythar volvió a desplegar las alas y atravesó la barrera.
Una luz cegadora envolvió a Alina.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en el cielo.
Estaba dentro del Primordial.
No había sangre ni órganos.
Solo un enorme espacio oscuro lleno de estrellas.
—¿Dónde estamos?
Nythar apareció a su lado.
—Dentro de su esencia.
Alina miró hacia el fondo.
Allí había un enorme corazón negro, rodeado por cadenas de luz roja.
Pero no estaba solo.
Una figura estaba encadenada frente a él.
Una mujer.
Cabello oscuro.
Ojos plateados.
Alina dejó de respirar.
—Mamá...
La mujer levantó la cabeza.
—Alina.
Corrió hacia ella, pero las cadenas la detuvieron.
—¡No te acerques!
—¿Qué haces aquí?
Su madre lloró.
—El Primordial me capturó hace veinticinco años. Yo era la única que podía mantenerlo dormido.
Alina miró el corazón.
—¿Y ahora?
—Ahora necesita tu sangre para despertar por completo.
La voz del Primordial resonó por todo aquel espacio.
—Tu madre intentó detenerme.
Las cadenas comenzaron a tensarse.
—Pero tú eres diferente. Tú tienes el poder de abrirme el camino hacia el mundo.
Alina levantó la mirada.
—Nunca te ayudaré.
El Primordial comenzó a reír.
—Ya lo estás haciendo.
La marca de Alina volvió a aparecer en su muñeca.
Pero esta vez no era roja.
Era completamente negra.
Nythar se puso delante de ella.
—¡Alina, no lo escuches!
Ella miró su mano.
—Nythar...
El dragón la observó.
—¿Qué?
Alina levantó lentamente la mirada.
—Creo que ya sé cómo destruirlo.
Nythar abrió los ojos.
—¿Qué piensas hacer?
Alina miró el corazón oscuro.
—No voy a destruir su corazón.
Se acercó a las cadenas que mantenían atrapada a su madre.
—Voy a liberarlo.
Su madre la miró horrorizada.
—¡Alina, no!
La joven sonrió entre lágrimas.
—Confía en mí, mamá.
Extendió la mano.
La luz plateada de la Guardiana apareció alrededor de sus dedos.
Y cuando tocó la primera cadena...
El corazón del Primordial comenzó a latir.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y entonces...
se abrió.




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