El corazón del Primordial se abrió.
Una grieta de luz roja atravesó aquella enorme esfera negra y, desde su interior, comenzó a salir una energía tan poderosa que Alina tuvo que retroceder.
—¡Alina! —gritó su madre—. ¡Aléjate!
Pero ella permaneció firme.
—No.
Nythar se colocó a su lado.
—¿Estás segura?
Alina asintió.
—Si el corazón está abierto, significa que también está vulnerable.
Las cadenas que aprisionaban a su madre comenzaron a romperse.
¡CLANG!
Una.
¡CLANG!
Dos.
Hasta que la última cadena cayó al suelo.
Su madre quedó libre.
Alina corrió hacia ella y ambas se abrazaron.
—Pensé que nunca volvería a verte —susurró Alina.
—Yo nunca dejé de buscarte —respondió su madre entre lágrimas—. Incluso cuando estaba encerrada aquí, sabía que algún día vendrías.
Un rugido hizo temblar el espacio.
El Primordial había comprendido lo que ocurría.
—¡NO!
La oscuridad comenzó a rodearlos.
Nythar extendió sus alas.
—¡Alina, debemos salir!
Pero Alina miró el corazón.
Dentro de la grieta había algo que no esperaba encontrar.
Una pequeña luz plateada.
—Espera...
Se acercó.
Su madre la tomó del brazo.
—¿Qué viste?
—Una luz.
Alina extendió la mano.
La luz salió del corazón y quedó suspendida frente a ella.
Entonces tomó la forma de una mujer.
La primera Guardiana.
Alina sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.
La aparición habló:
—Durante mil años, los humanos temieron a los dragones y los dragones temieron a los humanos. La oscuridad nació de ese miedo.
Alina comprendió.
—Entonces el Primordial no nació malvado.
La Guardiana negó con la cabeza.
—Fue creado por el odio.
El Primordial rugió.
—¡Mientes!
La Guardiana continuó:
—Y solo el vínculo entre una Guardiana y un Dragón Negro puede romperlo.
Alina miró a Nythar.
Él comprendió inmediatamente.
—Nuestro vínculo.
Alina tomó su mano.
—Juntos.
Nythar apoyó su frente contra la de ella.
La marca de Alina brilló con intensidad.
Luz plateada y fuego negro comenzaron a mezclarse.
El corazón del Primordial empezó a cambiar.
Las sombras se desprendieron de él.
El enorme monstruo dejó escapar un rugido de dolor.
—¡No podéis destruirme!
Alina respondió:
—No queremos destruirte.
El Primordial quedó inmóvil.
—Queremos liberarte.
Una lágrima oscura cayó de uno de sus ojos.
Por primera vez en mil años, dejó de luchar.
Su cuerpo comenzó a transformarse.
Las escamas negras se volvieron plateadas.
Las seis alas se iluminaron.
Y la enorme criatura que había aterrorizado generaciones enteras comenzó a desaparecer.
Pero antes de hacerlo, miró a Alina.
—La guerra terminó... pero alguien más despertará.
Alina frunció el ceño.
—¿Quién?
El Primordial miró hacia el corazón.
—El verdadero heredero de la oscuridad.
Y desapareció.
El espacio quedó en silencio.
Nythar miró a Alina.
—¿Qué quiso decir?
Ella no tuvo tiempo de responder.
Desde el exterior llegó un rugido.
Después otro.
Y otro.
Su madre abrió los ojos con preocupación.
—Tenemos que salir.
Alina tomó su mano.
—Sí.
Pero cuando atravesaron el corazón y regresaron al mundo exterior, encontraron la Ciudad de los Dragones completamente en silencio.
No había batalla.
No había soldados.
No había dragones.
Solo una figura de pie sobre las ruinas.
Malek.
Y sostenía entre sus manos una corona de cristal rojo.
—Llegaron tarde —dijo.
Alina sintió un escalofrío.
Malek sonrió.
—El verdadero heredero ya ha despertado.
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Editado: 07.09.2026