El viento dejó de soplar.
Ni una hoja se movía entre las ruinas de la Ciudad de los Dragones.
Alina permanecía inmóvil frente a Malek.
La corona de cristal rojo brillaba entre sus manos.
—¿El verdadero heredero? —preguntó ella.
Malek sonrió.
—Así es.
Nythar dio un paso al frente, extendiendo sus enormes alas negras.
—Alina, aléjate.
Pero ella no obedeció.
Había algo en aquella corona que le resultaba familiar.
No era magia de Malek.
Era más antigua.
Mucho más antigua.
La madre de Alina palideció.
—Esa corona...
Alina la miró.
—¿La conoces?
Su madre tragó saliva.
—Es la Corona de Sangre.
El silencio se volvió pesado.
—Fue creada por los Primeros Dragones —continuó—. Solo puede ser usada por alguien que posea sangre de Guardián... y sangre de dragón.
Los ojos de Alina se abrieron.
—Pero yo...
—Tú no eres la única —dijo Malek.
La corona comenzó a elevarse.
Una luz roja atravesó las nubes.
Y entonces...
CRACK.
El suelo se partió.
Una grieta gigantesca apareció detrás de Malek.
De ella surgió una mano cubierta de escamas negras.
Nythar rugió.
—¡No!
La criatura que emergió de la grieta era enorme.
Tenía cuerpo de dragón, pero caminaba sobre dos piernas.
Sus ojos eran completamente rojos.
Y en el centro de su pecho había una marca idéntica a la que Alina llevaba desde su nacimiento.
La marca del Primer Guardián.
La madre de Alina retrocedió horrorizada.
—No puede ser...
La criatura levantó la cabeza.
—Madre...
Alina sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué dijiste?
La criatura la señaló.
—Tú.
Nythar se interpuso inmediatamente.
—No vuelvas a llamarla así.
La criatura soltó una risa profunda.
—Siempre protegiéndola, Nythar.
El dragón negro se quedó inmóvil.
Alina lo miró.
—¿Lo conoces?
Nythar no respondió.
—Nythar...
—Sí.
Su voz salió baja.
—Lo conocí hace mucho tiempo.
Malek levantó la corona.
—Presento ante ustedes al último hijo del Primer Dragón.
La criatura extendió sus alas.
—Mi nombre es Azeroth.
Las torres de la ciudad comenzaron a temblar.
Una a una, las estatuas de dragones antiguos abrieron los ojos.
Miles de luces rojas aparecieron en las profundidades de la ciudad.
Alina sintió cómo su vínculo con Nythar ardía.
—¿Qué está pasando?
Nythar la miró con desesperación.
—La ciudad está despertando.
—¿Para atacarnos?
—No.
El dragón negro miró hacia las torres.
—Para elegir un rey.
Azeroth extendió una mano hacia Alina.
—Ven conmigo.
—Jamás.
—No tienes que temerme.
Alina dio un paso atrás.
—Acabas de despertar un ejército de dragones.
Azeroth sonrió.
—Un ejército que te pertenece.
Alina sintió un escalofrío.
—¿A mí?
—Eres la heredera de la Guardiana.
Señaló a Nythar.
—Y él es el último dragón negro.
Luego señaló su propia marca.
—Pero yo soy el heredero de los Primeros Dragones.
Malek colocó lentamente la corona sobre la cabeza de Azeroth.
El cielo se volvió rojo.
Y una voz antigua retumbó desde las profundidades de la ciudad:
—Que comience la última guerra.
Alina sintió que su corazón se rompía.
Porque detrás de Azeroth...
miles de dragones comenzaron a despertar.
Y todos estaban mirando hacia ella.
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Editado: 07.09.2026