La elegida del dragón negro

Capitulo 25

El rugido de los dragones sacudió la ciudad.
Alina permanecía inmóvil mientras miles de ojos rojos la observaban desde las torres, los puentes y las montañas que rodeaban la antigua ciudad.
Por un instante, sintió miedo.
Pero entonces Nythar se colocó a su lado.
Su enorme ala negra cubrió parte del cielo sobre ella.
—No estás sola.
Alina respiró profundamente.
—¿Por qué todos me están mirando?
Nythar observó a los dragones.
—Porque están esperando que decidas.
—¿Que decida qué?
—A quién seguir.
Alina miró a Azeroth.
La Corona de Sangre brillaba sobre su cabeza.
—Él tiene la corona.
—La corona no significa que sea el rey.
Malek soltó una carcajada.
—Qué conveniente.
Nythar mostró los colmillos.
—Tú cállate.
Malek levantó una mano.
El suelo comenzó a cubrirse de sombras.
La madre de Alina tomó a su hija del brazo.
—Tenemos que irnos.
—No.
Su madre la miró sorprendida.
—Alina...
—Toda mi vida he huido de respuestas que otros escondían de mí.
Alina dio un paso hacia el centro de la plaza.
—Esta vez no voy a escapar.
Una ráfaga de viento atravesó las ruinas.
Los ojos de todos los dragones se fijaron en ella.
Azeroth descendió lentamente desde la torre.
—Entonces demuestra que eres digna de la sangre que llevas.
Alina cerró los puños.
—¿Y cómo se supone que debo hacerlo?
Azeroth señaló una enorme estatua en el centro de la ciudad.
Era la representación del Primer Dragón.
—Toca su corazón.
La madre de Alina palideció.
—¡No!
Alina se volvió hacia ella.
—¿Por qué?
Su madre bajó la mirada.
—Porque nadie que haya tocado ese corazón ha vuelto siendo el mismo.
Alina sintió un extraño llamado.
Como si algo dentro de la estatua la estuviera esperando.
Nythar se acercó.
—No tienes que hacerlo.
Alina lo miró.
—Sí tengo.
—¿Por qué?
Ella sonrió débilmente.
—Porque estoy cansada de que todos sepan quién soy menos yo.
Nythar inclinó la cabeza.
—Entonces iré contigo.
—No.
Alina colocó una mano sobre su pecho.
—Esta vez debo hacerlo sola.
El dragón negro guardó silencio.
Alina caminó hacia la estatua.
Cada paso hacía temblar la ciudad.
Cuando llegó frente al corazón del Primer Dragón, vio que no era de piedra.
Era cristal.
Y dentro del cristal...
había una pequeña llama plateada.
Alina levantó la mano.
—Alina, espera —susurró su madre.
Pero ya era demasiado tarde.
Sus dedos tocaron el cristal.
BOOM.
Una explosión de luz atravesó la ciudad.
Alina cayó de rodillas.
Y una voz habló dentro de su mente.
—Finalmente has regresado.
Alina abrió los ojos.
—¿Quién eres?
—Tu antepasada. La primera Guardiana.
La ciudad desapareció.
Alina se encontró en un lugar cubierto de estrellas.
Frente a ella apareció una mujer de cabello oscuro y ojos plateados.
Era idéntica a su madre.
—Tú...
La mujer sonrió.
—Tu sangre no nació para obedecer a un rey.
Alina sintió un nudo en la garganta.
—Entonces, ¿para qué nací?
La mujer extendió una mano.
—Para elegir el destino de dragones y humanos.
Detrás de ella aparecieron dos figuras.
Un dragón negro.
Y otro dragón cubierto de escamas plateadas.
La mujer continuó:
—Pero existe una verdad que nadie te ha contado.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Cuál?
La mujer la miró directamente.
—Azeroth no es el verdadero heredero.
Alina quedó paralizada.
—Entonces... ¿quién es?
La mujer señaló hacia ella.
—Tú.
De repente, una grieta oscura apareció en el cielo.
La voz de Malek atravesó aquel mundo.
—¡No permitiré que recuerde!
La figura de la Primera Guardiana comenzó a desaparecer.
—¡Alina, despierta!
—¡Espera!
—Busca la sangre que duerme bajo tus pies.
La visión desapareció.
Alina abrió los ojos.
Estaba nuevamente en la plaza.
Nythar estaba junto a ella.
Su madre lloraba.
Kael sostenía su espada frente a Malek.
Y Azeroth...
había dejado de sonreír.
Porque la Corona de Sangre sobre su cabeza acababa de agrietarse.
CRACK.
Una segunda grieta apareció.
Luego una tercera.
Hasta que la corona comenzó a romperse.
Malek retrocedió.
—No...
Alina se levantó lentamente.
Sus ojos brillaban con una intensa luz plateada.
Y desde las profundidades de la ciudad...
algo comenzó a despertar debajo de sus pies.




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