La Elegida (en Edición)

Capitulo 72

POV. Alice Camberleck

Mi abuela solía decirme que todo aquéllo que sucedía era por algo. Qué el destino podia modificarse a base de decisiones, que no todo estaba perdido en este mundo repleto de maravillas siendo destruidas por el ser humano.

Qué el amor era un misterio, una aventura al más allá. Repleta de nuevas emociones, sentimientos llenos de luz. No todo seria felicidad, a veces para ser felíz debemos de pagar el precio de la tristeza, aprender a ser fuerte a base de decepciones..

-No todo se encuentra perdido en este mundo, Alice, eso debes saberlo, siempre.

Quizás cada una de sus palabras eran ciertas, quizás no todo se encontraba perdido entre esta espesa oscuridad que nos rodea, afixiandonos.

Solía contarme una historia entre dos personas de diferente mundo, tan unidas y a su vez tan lejos; el verdadero significado de las almas gemelas, aún recordaba como aquéllo lo susurraba antes de dormirme..

Hace siglos existía un pequeño Palacio, en este se encontraba una hermosa princesa, ésta se encontraba en busca de un amor, un Príncipe que reine a su lado, cuidandola, protegiendola, inclusive amarla.

Sus esperanzas se encontraban desbordadas al no encontrar a nadie quien la amase como ella tanto anhelaba cada noche.

Pero había algo que ella no recordaba, el amor no se busca, se encuentra..
Los meses pasaban y la bella princesa se sumergia en una inmensa depresión, pasaba días enteros dentro de su habitación prohibiendo que le visiten sin permiso de ésta.

-Vuestra Majestad- murmuraban sorprendidos al observar su rostro demacrado.

Las noches dejaban de tener significado, las estrellas no tenian aquel brillo que solian tener, los días dejaban de ser soleados para rodear inmensas nubes sin color, gris como su alma, rota. 

Toda su vida se desmoronaba sin piedad, doloroso.
Sus ilusiones se encontraban completamente rotas, sin esperanzas.

Una noche las estrellas brillaban como solían hacer, su rostro se iluminaba ente la luz que irradeaba la luna, estaba sucediendo..

Todo lo que ella habia anhelado se cumpliría aquélla noche estrellada, al compás de sus corazones.

La reencarnación a de renacer, vuestro corazón lo sentirá..

Aquellas palabras susurraba al caer en la oscuridad de mis sueños, soñando con la bella princesa..

Mis labios sostenían el cigarrillo, el característico humo de este sobresalía sin pudor. Su gusto recorría cada rincón de mi garganta, logrando saciar la frustración qué habitaba en mi.

El aire golpeaba suavemente mi rostro, acariciando cada poro de éste. El dulce murmullo de la naturaleza trazaba la tranquilidad en mi interior.

-¿Sabías que daña fumar?- una voz a mi lado me sobre salto, encontrandome con el rostro de Alexander observandome divertido.

-Buena suerte- reí mirándolo- es imposible qué esto logre lastimarme- exhale el humo de manera lenta, disfrutando su extraña sensación.

-Te equivocas- respondió suspirando- ¿Porqué lo haces?

-¿Esto?- pregunté alzando el pequeño cigarrillo que se hallaba entre mis dedos, este asintió- Lo hago por que es lo único que me ayuda a disolver el estrés, la frustración incluso el enfado- suspire sabiendo que aquélla era una excusa.

-Hay diferentes formas de sentirte mejor- nuestros ojos se conectaron erizando mi piel- Y esto no es la salvación, es tu propia muerte- una sonrisa se instaló en mi rostro al notar su voz preocupada.

-No soy normal- reí al notar su desconcierto- Esto no logra hacerme daño, podría fumar una cajetilla completa y no sucedería absolutamente nada- tire el pequeño cigarro desgastado mientras exhalaba el humo retenidamente.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó interesado.

-Por qué no soy humana- respondí creando una pequeña esfera azul sobre mi mano.

Un pequeño jadeo se escapo de sus labios al observar mi mano, una pequeña sensación de orgullo se instalaba sobre mi pecho al observar su rostro sorprendido.

-¿Qué?- murmuró observando como aquél destello de luz desaparecía, reí con ternura.

-¿Sorprendido?- carcaje sin poder evitarlo.

-Eres increíble- sonrió acercándose lentamente.

Es increíble lo cómodo qué resulta estar al lado de una persona que prácticamente ni conoces, el hecho de hacerte sentir como en casa, con tan solo una mirada puede hacerte sentir protegida. Y con unas simples palabras puede hacerte volar entre un sin fin de emociones, resulta ser aterrador todo lo que una persona puede hacerte sentir.

No es por lo que es, si no por lo que te hace sentir, haciendote volar entre su mirada, sus manos acariciando suavemente tu rostro. Aquélla tenue sonrisa qué hace delirar tus sentidos.

Aquél sentimiento de querer rozar sus labios, el deseo en sus ojos, los pensamientos de sus manos acariciando cada poro de mi cuerpo, queriendo sentir, el sentir por completo su anatomía.

-Alexander- murmure rozando nuestros labios, con la necesidad de sentirlos, acariciando su textura.

-Te besare- advirtió antes de besarme, cerrando nuestros ojos dejándonos llevar por nuestros sentimientos, sintiendo..

Oh Alexander, me haces caer en la tentación del amor..




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