La Elegida (en Edición)

Capitulo 77

Podía sentir como todos mis miedos se mezclaban en mi interior, batallando ante mis demonios. 

Perdiendo ante la oscuridad, el dolor inclusive la mismísima tristeza. Repleta de pensamientos macabros, odio, rencor..

Mis ojos ardían al igual que cada extremidad de mi cuerpo, estaba sucediendo.

Comenzaba a cambiar mi apariencia, dejando que la real ocupase por completo mi cuerpo.

Mi corazón se desbordaba ante la adrenalina que se instalaba en mi pecho, compromiendolo.

Es hora de que sufran, pequeña.

Abre tus ojos.

Demuestrale tu poder.

Tu eres la oscuridad..

Nuestra reina.

Reina de la oscuridad.

Las voces se perdían en forma de ecos en mi interior. 

Dejaría qué la oscuridad envolviera mi alma, convirtiendome en todo aquello que alguna vez prometí nunca ser.

Um grito ahogado se escucho en aquél lugar, provocando que mis ojos se abrieran abruptamente. Encontrando el rostro horrorizado de Cassandra, sus ojos reflejaban sorpresa, podía sentir como sus emociones se desbordaban a travez de su mirada.

Lo lamento, madre.. Pero es tarde para arrepentimientos.

-¿Qué?- murmuró aterrorizada, su cuerpo retrocedió sin evitarlo.

Su mirada seguía posada sobre mi, aún sorprendida.

Mis ojos se encontraron con los de Alisson quien me observaba de la misma manera, nadie se esperaba que aquello ocurriera.

Eres la copia de tu madre, princesa.

Nunca dejes que te digan lo contrario.

Ambas son dos gotas de aguas, gemelas de diferente personalidad..

Tan únicas y a su vez tan diferentes.

Tu tan fuego y ella tan agua.

-Esta es mi verdadera apariencia, Reina- reí burlona, mi voz se tornaba cada vez más seria a medida que las palabras perdían su intensidad.

-No- murmuró acariciando su rostro, las lágrimas se acumulaban en sus ojos, comprimiendo mi pecho- ¡No es verdad, tu mientes. Eres una maldita mentirosa!- sus gritos no causaban más que repulsión en mi.

Deseaba hacerle sufrir, pero sabía que no seria capaz de aquello.

-¡Ella es una maldita mentira!- grité envolviendo su cuerpo ante un pequeño remolino de viento- ¡Toda tu maldita vida se encuentra repelta de mentiras, inclusive tú!- me acerqué provocando que el suelo temblara ante mis pasos- ¡Tú, Cassandra. Pagarás cada uno de tus errores intentándolo proteger a su desgraciada hija. Juro qué te haré pagar cada dolor que le has provocado a todas estas personas!- lancé su cuerpo junto a Alisson, quién me observaba con miedo.

Reí sin poder evitarlo, eran tan cinicas.

Me encontraba cansada de sufrir sin piedad, cansada de vivir una vida de repletas mentiras.

Me encontraba cansada de que me hiciera sufrir, incluso mi propia familia.

-Te mataré- murmuró observando mi rostro, con expresión neutra.

-Espero el momento en el cual lo hagas- sonreí con gracia, nadie lograría matarme.

Por que había llegado para quedarme y nadie me haría ir..

-Eres un monstruo- replicó Alisson, sonriendo levemente con malicia.

Demostremos cuan mosntruo puedes ser.

-Te demostrare el verdadero monstruo qué seré- respondí creando una espesa niebla a nuestro alrededor.

-Te haré sufrir, Alice- gritó Cassandra, al notar mi cuerpo alejándose de ellas.

-Eso espero, madre- susurre, alejandome de aquel lugar.

Esperaré qué me hagas daño..

****

¿De esta manera te sientes cuando las personas que menos esperas rompen tu corazón, sin medir su intensidad?

Pero.. De esto trata la vida, batallar ante una extensa guerra repleta de dolor, en donde el amor es presente, luchando por tu felicidad.

Era sorprendente todo lo que una persona puede reclutar en su interior, permitiendo que el dolor le aseche; guardando todo su sufrimiento en su interior con la leve esperanza de que esto termine..

Mis ojos divisaban a dos personas a tan solo metros de mi, siendo felices en su mundo, olvidándose por completo de todo a su alrededor.

Mientras me encontraba aquí presenciando todo ante mi, inmersa en la oscuridad que rodeaba mi alma, recordando cuando fue la última vez que la felicidad invadió por completo mi vida..

Aun que pensándolo bien.. ¿Cuando había sido feliz..?

Aquel era el precio de la felicidad; el sufrimiento.

Todo a mi alrededor era tan intenso, tan nuevo que mi pecho dolía ante las emociones que sucumbían cada parte de mi.

-Recuerda siempre mi pequeña, muchas veces debemos de sufrir para permitir que la felicidad se adueñe de nuestra vida.

-¿Por qué debemos sufrir, abuela?- la inocente niña se encontraba frente a una anciana, observándole con adoración, sus grandes ojos le observaban con tristeza. 

Su pequeña crecía incontrolablemente en el paso de los años..

-Por que de eso trata la vida, mi pequeño lucero. Debemos de sufrir para aprender como batallar en nuestro camino, no podemos evitar sufrir, ni tampoco amar. No permitas que envenenen tu alma, cariño. Te encontraras con personas muy malas, llenas de maldad en su interior, y querrán verte sufrir. Lucha contra estas, no permitas que te arrebaten tu felicidad.

-¿Te quedarás conmigo para siempre?- preguntó la pequeña, temiendo que su abuela respondiera negativamente.




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