La Elegida: Secretos de una Vida Oculta

Capítulo 16: DEMIAN

Si la bestia frente a mi es lo que creo que es, me temo que esto solo puede significar una sola cosa. El comienzo de algo más grande de lo que los dos podamos enfrentar. Y la oportunidad de redimir a mi raza.

La escena está en mi contra. Los músculos de mi cuerpo no responden. Es la segunda vez que lo veo y su tamaño no deja de impresionar, además la ira que desprenden sus ojos amenaza con destruir todo a su paso. Cortan el aire a nuestro alrededor, haciendo difícil respirar.

Algo ha pasado a mi alrededor y no fui consiente de nada. Lo único que veo es la flecha en su pierna y la sangre que ha formado una mancha roja en su hermoso pelaje.

Sus ojos me estudian, buscando mis ojos en cada momento. Hace lo mismo con mis compañeros. Tiene una majestuosidad que no alcanza para decir lo que se siente estar frente a él. Es como si al moverte un centímetro pudiera arrancarte cada miembro del cuerpo de una sola mordida, pero al mismo tiempo es como si su grandeza te invitara a postrarte ante él.

No ataca, pero mantiene sus defensas inalcanzables frente a nosotros. Su cuerpo esta tenso, a la espera. Rígido como una piedra. Si intento sacar las Katanas, todo se ira al carajo.

Mejor me quedo quieto deseando que todos hagan lo mismo. Más, el temor que ocasiona ver los dientes que sobresalen de su boca haría correr a cualquiera.

Miento al decir que no me impresiona su grandeza, la belleza de su porte y la ferocidad de su tamaño. Soy cazador. Mis instintos se despiertan al instante. Cazar algo como él es darme el honor de levantarme como el mejor cazador. Eso me tienta. Pero, me contengo. Hago todo el esfuerzo.

¿Me asusta? Definitivamente, ¿Lo quiero? Claro que sí.

Estoy tan ensimismado en mis pensamientos y tan absorto viendo al animal que me pierdo de toda la escena frente a mí. Solo hasta que mi olfato se llena del olor metálico de la sangre. Y mis amigo la apuntan, cada uno con sus armas espirituales, esas que pueden matar a un animal como él.

Mira a Alex con odio, es como si cada parte de él le dictara que haga lo que tiene que hacer, matarlo. Debo intervenir, eso lo se. Pero no sé cómo.

Le pido a mi cuerpo que se mueva. Tengo que hacer algo antes que… el sonido del arma me detiene en seco cuando voy a girarme. Mis ojos viajan entre el lobo y el hombre que sostiene con manos temblorosas el rifle Ruger de calibre 22 en alto. El corazón se me aprieta cuando veo al enorme lobo retroceder al recibir el roce del disparo en la pierna.

La reacción del animal fue tan rápida que apenas alcanzo a tocarlo, pero no deja de ser una herida hecha con arma fabricada especialmente para matar. Mi cuerpo tiembla y ya no es por miedo, ahora es la ira que crece dentro de mí.

Busco a la persona responsable. Lo veo bajar el arma con pánico, su cara es todo un espectáculo de miedo y desesperación, avanzo solo unos pasos cuando todo se vuelve a quedar quieto al ver al inmenso lobo pasar junto a mí. Sucede tan rápido que apenas puedo reaccionar, el lobo se lanza sobre el chico, no hay hombre que lo detenga.

Nadie se mueve, nadie da un paso. El tiempo se congela y lo único que podemos hacer es observar. Mirar como el pelaje blanco se tiñe del rojo intenso, profundo casi burdeo de la sangre al separar la cabeza del cuerpo de nuestro compañero.

La cara de Alex es indescifrable, el pánico esta dibujado en su rostro. Sabe que puede ser el siguiente, que ha marcado su sentencia de muerte al a ver hecho lo que hizo. La madera de su arco cruje bojo su agarre, y la tensión de su cuerpo le marca la vena que le recorre el costado de su cuello.

Es casi como si ofreciera su yugular para que la ira del lobo se sacie sin ningún tipo de piedad. Se resigna. Se ofrece en bandeja de plata, porque ahora lo tiene todo claro. No está ante cualquier lobo. No es a cualquier bestia a la que le disparo, es a una que es consiente, que piensa y que ahora sabe perfectamente quienes somos.

Del lobo impasible no queda nada, todo en él se ha transformado. El aura que emana de su cuerpo me hace estremecer. Es salvaje, agresivo e infernal, es casi como estar en las puertas de un abismo sin retorno. Hasta parece verse aún más grande, la sangre escurre por sus fauces, el cuerpo de mi compañero se desploma y la cabeza en dos revotes cae a un lado.

Clava sus ojos en mí, me siento pequeño. Los chicos gritan no sé qué cosas porque no estoy pensando en ellos, más bien estoy hipnotizado con su furia, dominado con la imponencia de su aura. Escucho nuevamente ese Clic-clac, de las armas recargándose.

Alex también le apunta con su arco y el corazón se me sube hasta la garganta. La cuerda se tensa al jalar de ella con fuerza y antes que haga algo de lo que arrepienta, mi voz sale casi en un grito demencial. —¿Qué mierda hacen? —«muy tarde» me regaño internamente, sin embargo la situación no puede empeorar—¿Están locos?

Elliot me enfrenta, —¿Qué mierda haces? —dice cuando me pongo entre ellos y el lobo, —Ah matado a Michael. —grita furioso.

—Lo sé, carajo. —me tenso en mi sitio, —no estoy ciego. Pero, ¿Quién ataco primero? —recrimino furioso.

—Él nos hi… —lo interrumpo antes que siga hundiéndonos más. Es cazador y no se ha dado cuenta que no está frente a cualquier animal. La hemos cagado. Metimos la pata hasta el fondo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.